Relato: Corona de margaritas

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#1
Corona de margaritas
 
She twines her spines up slowly,
Towards the boiling sun,
And when I touched her skin,
My fingers ran with blood.
 
Handsome Family, Far From Any Road
 
Su cuerpo yacía sobre el barro.
 
Estaba sucia, llena de moratones. Había intentado huir y su cuerpo sufría las consecuencias. Varias uñas se le habían roto al intentar desatarse, lo entendí todo al ver algunos trozos de cuerda que se le habían quedado entre los dientes. Ella intentó desatarse con las manos y, al no poder, utilizó los dientes. Debo pensar en ello y en cómo evitarlo.
 
También, debo controlarme. Estuve a punto de estropear su piel. Cuando hablan en las películas o en los libros de inmovilizar a alguien creo que no lo han hecho nunca. No sé hacerlo. Muchos inyectan alguna sustancia o la duermen con algún somnífero. Yo tengo pánico a las agujas y no sé donde conseguir cloroformo. La verdad es que me da igual. Sabía perfectamente que ella no podía huir, tarde o temprano la encontraría. Era cuestión de paciencia.
 
La encontré pasadas varias horas, tiritando y muerta de miedo. Cuando pasé mi mano por su rostro, noté que ella sabía lo que iba a pasar pero no sabía cuando. Fui rápido. Es curioso, si te lo propones puedes comprar un bisturí por Internet en pocos minutos y nadie sospecha nada. Yo los compro a menudo y nadie ha venido a pedirme explicaciones. Tengo preparadas excusas, que si soy médico que si me gusta comprar mi material y gilipolleces como esas, pero no las he necesitado. Al verla lloriqueando, desnuda y sucia, me entró un sentimiento de culpa y estuve a punto de abrazarla, limpiarla o dejarla marchar pero, fui fuerte, y decidí cumplir mi objetivo. Ella me miró a los ojos, sabiendo lo que vendría a continuación. Eso me gustó. Corté su vena carótida y la sangre comenzó a brotar. Como he dicho, ella me miraba directamente a los ojos y pude ver en su mirada como el oxígeno dejaba de llegar a su cerebro. Ese momento es sublime, notar como una persona esta viva y al siguiente muerta. Solo por eso merece la pena. No sé el motivo pero, inconscientemente, después de hacerlo siempre les susurro “Lo siento”. Debe ser para justificarme, para que me perdonen o algo así. No necesito su perdón. Yo las libero.
 
Tengo una amiga psicóloga que siempre busca justificaciones psicológicas para todo. No me gustan sus explicaciones. Ella justifica mis actos, digamos los confesables, como consecuencia de la ausencia paternal o de cariño materno. Cuando le hablo de mis rupturas o infidelidades, ella me salta con alguna teoría constructivista o freudiana que lo explica todo. Es guapa, elegante y triunfadora. Oculta secretos, pero ¿quién no lo hace? A veces, en alguna de nuestras largas conversaciones, he pensado en desvelarle mi verdadero rostro pero siempre lo evito, no quiero estropear nuestra amistad. Incluso fantaseo en hacerlo con ella, mostrarle mi cara oculta, enseñarle el placer que supone ver como alguien se extingue. También, he soñado en hacérselo a ella, deslizar suavemente mi estilete por su piel y ver su último aliento de vida. ¿Cómo sería su mirada? ¿Sería dulce o estaría llena de odio?
 
Mi amiga se equivoca, yo la he engañado. Creo que es fácil engañar a los psicólogos, sobre todo si te creas una máscara. Creo que, a veces, oyen lo que tú quieres que oigan. Sinceramente, yo iba por ella. Me gustaba su mirada y la media sonrisa que esbozaba cuando le hablaba de mi falsa niñez. Tuve una infancia modélica y unos padres adorables que viven jubilados al otro lado del mundo. Hablo poco con ellos. Solo las fiestas y los cumpleaños. Cada vez menos. Pero me dejaron una gran casa, con un terreno considerable. Toda para mí.
 
Levanté el liviano cuerpo de la desconocida y la llevé al sotano donde lo hago todo. No me pregunten por qué pero siempre que comienzo mi ritual, he decidido llamarlo así, lo hago desnudo. No me gusta que me vean desnudo, salvo cuando estoy a solas con ellas, solo con ellas puedo ser yo. Lo primero que hago es limpiarlas, la mayoría huyen y se ensucian. Es un proceso largo, pero no dudo en dedicarle mucho tiempo. Mojo la esponja en un cubo lleno de jabón y la paso por todo su cuerpo. No me cuesta recorrer sus cuerpos, sus poros, me entretengo revisando sus cicatrices, inventándome historias sobre ellas. Cada chica es diferente, puede tener una cicatriz imperceptible detrás del gemelo o una cicatriz en la ceja. Los tatuajes no cuentan nada, ni historias, ni sentimientos, ni, sobre todo, dolor.
 
Luego, les lavo el pelo hasta dejarlo impoluto. Lo suelo cepillar muchas veces hasta dejarlo sedoso y limpio. Luego suelo rodear con una gasa los sitios que he cortado. Los rodeo con esa tela blanca y las coloco como deidades. Al principio me costaba colocarlas en la posición que quería pero ahora me ayudo de una cuerda, como un tirititero las coloco en la posición en que serán recordadas. Las levanto y las pongo en cruz o flexiono sus rodillas y cruzo sus brazos. Suelo salir a buscar flores y les hago una pequeña corona. Lo aprendí de niño. Necesitas margaritas de tallo largo. Debes pasar una por debajo de otra, subes y la doblas alrededor de la primera. Es fácil.
 
La Diosa estaba con los brazos abiertos, alzada sobre el suelo, dispuesta a volar. Agarré una escalera y coloqué la corona sobre su impoluto pelo. Retiré la escalera y contemplé su belleza. No podéis imaginarlo. Me arrodillé ante ella y unas lágrimas surgieron de mis ojos. Su rostro provocó que mi masculinidad se alzase y que mi esencia quedase derramada por el suelo.
 
Me gusta conservar la magia de ese momento, como si fuera una botella en la que introduces un pensamiento y lo almacenas en la estantería. A veces, agarras una botella y aspiras el olor, recordando todo lo que ese olor significa. Yo hago eso, acumulo mis recuerdos y de vez en cuando los bajo y los huelo. Los recuerdos acuden a mí y me permiten volver a disfrutarlos.
 
Recuerdo a la primera, como al acariciar su cuerpo mis dedos se cubrieron de sangre y cómo sus labios se abrían buscando el último aliento. Dicen que al morir perdemos 28 gramos, hay muchos mitos, algunos piensan que es el alma que se escapa. Es mentira. Al morir perdemos la dignidad. Yo evito esa pérdida, ellas no mueren en una sucia y mugrienta cama de hospital, por un momento son Diosas. Yo las libero, las libero del peso de su belleza, del dolor que van a sufrir a lo largo de su vida, de las insatisfacciones, de los sueños no conseguidos… Las hago eternas por un instante.
 
Tras hacerlo, vuelvo en tren a mi trabajo, la mayoría de las veces llego tarde a alguna reunión y tengo que inventarme una mentira. Odio mentir. Odio a la gente que miente. Y, sobre todo, me odio a mi mismo cuando miento. Odio la mentira que supone mi trabajo, mis amistades, mis amantes… todo.
 
Solo me relajo cuando veo a mi psicóloga y me visto con mi máscara. Le hablo del sufrimiento que nunca tuve y del dolor que nunca sufrí. Ella se apiada de mí, esboza una media sonrisa y me mira con sus ojos color miel. A veces, me pasa una mano por la mejilla y se apiada de mí. Yo sonrío con mi máscara pero detrás de ella solo pienso en que debo repetirlo una vez más. Todo me parece inanimado y triste.
 
 
Imagen de Muscaria-Z
Hola.

Busco gente de Chile. Interesada en ayudarme a escribir una gran historia que estoy creando, y que, por falta de conocimientos técnicos, no he podido concretar su narración. 

La historia será convertida, finalmente, en novela gráfica, más cercano al manga (con el proyecto ya avanzado buscaré dibujante), por lo tanto si se tienen conocimientos en guionización, mucho mejor. 

Cabe mencionar que no busco una prestación de servicios, no hay dinero de por medio. Así que bienvenidos el interesado o la interesada que quiera ser parte de este proyecto/aventura.


Felipe Ortiz Sobarzo.
Antropólogo.