8. Fantasía. Reinas Goblin.

1 post / 0 nuevos
VIMARA
#1
8 es el orden en que fue acabado el borrador de novela corta, cuanto más bajo sea más viejo, quizá en los últimos haya mejorado.
 
Luego pongo el género, Fantasía, y el título.
 
Reinas Goblin.
 
Este borrador tiene unas 30 000 palabras en 31 capítulos.
 
Pongo los tres primeros capítulos:
 
 
Capítulo 1. El Páramo de Gabgdaal.

 

Un frío páramo era el lugar donde se asentaba la tribu goblin de los "Azaltadores", el nombre le daba cierta pompa a la tribu, pero la realidad era que asaltaban bien poco.

 

Varios kilómetros de tierras poco o nada aptas para la agricultura eran la mayoría del dominio, lo poco destacable que dominaban era un lago en una gran colina donde se podía pescar, el río que salía de ese lago y que varios kilómetros río abajo formaba un cañón por el que había un paso entre montañas y unas cuevas en las que la tribu podía habitar con una temperatura adecuada para la supervivencia.

 

Las principales actividades económicas de la tribu eran la caza, la pesca y ocasionalmente el asalto a caravanas comerciales de humanos, que antiguamente cruzaban poco la zona y recientemente menos todavía, ocasionando que la tribu fuese sumamente pobre.

 

Gobulina era una adolescente goblin cuya madre había muerto de enfermedad y probablemente hambre y cuyo padre había perdido una pierna en uno de los últimos asaltos a una caravana y malvivía de la pesca en el lago.

 

Se había criado con su tía durante el verano, trabajando un huerto que tenían sus tíos y los inviernos cuando la comida escaseaba se iba al lago con su padre, a ayudarle cavando un pozo en el lago helado y tratando de pescar algo con la caña para poder comer y sobrevivir un invierno más.

 

Cuando llegaba la noche, que era muy pronto, y ya no podían pescar más se dirigían con la captura del día hasta la casa escavada en uno de los laterales de la colina y encendían la chimenea con la leña que habían recogido a la mañana y que se había secado con el fuego de leña vieja que habían prendido nada más levantarse.

 

De vez en cuando el padre enseñaba a la hija a manejar la espada que tenía en casa, un recuerdo de tiempos mejores para él, tiempos en los que comía más variado y en los que era más feliz.

 

Gobulina aprendía e iba adquiriendo destreza con el arma, todo el conocimiento que podía enseñarla un asaltador de una tribu harapienta de goblins de páramo, que si bien no era el mejor conocimiento en la materia, servía bastante y la sería útil en tiempos venideros.

 

Los años fueron pasando y creció hasta el metro ochenta, altura muy respetable para un goblin y especialmente para uno hembra, y gracias a su habilidad con la espada tuvo la suficiente confianza para retar al líder de la tribu, Gobko el tuerto.

 

El combate fue breve y brutal, Gobulina se acercó por su ojo tuerto y tras una finta que Gobko trató de evitar y contraatacar, la ágil adolescente hizo su ataque real dando un corte en la pierna que tenía más cerca y cuando el goblin cayo ella aprovechó para clavar la espada en su espalda y luego retirarse rápidamente.

 

Gobko estaba muy mal herido, trató de levantarse pero hasta su pierna ilesa falló y cayó pesadamente. Murió días más tarde por la gran herida que tenía en su espalda.

 

Así fue como hubo el primer cambio de gobierno en la tribu en treinta años, no todos estaban contentos con el cambio pero nadie osaba retar a la nueva líder.

 

La nueva jefa fue a despedirse de su padre al que dejaría al cargo de la tribu en su ausencia y tras pasar una noche en el lago pescando y cenando la captura partió hacia las cuevas donde estaban listos los treinta goblins más capaces para la pelear.

 

Si los humanos no venían al páramo de Gabgdaal, los goblins tendrían que salir de el a buscarles.

 

Con esa intención partió la expedición compuesta por veintiún guerreros con espada y escudo de madera, la nueva jefa incluida, siete con lanza y escudo y tres arqueros.

 

En el grupo apenas había cinco hembras más, dos con espada, dos con lanza y una arquera.

 

La arquera fue puesta al mando de los arqueros y su misión principal era cazar liebres para el grupo y la secundaria explorar el terreno en avanzada, el orden era relevante e indicativo de las necesidades de la tribu.

 

Las otras cuatro hembras formaron la guardia personal de Gobulina y dos protegían la tienda heredada de Gobko mientras las otras dos descansaban a la espera de su turno.

 

El resto de la tribu dormía en sacos cerca de un pequeño fuego donde se cocinaba la caza que conseguían los arqueros y algunos pescados que habían traído recién capturados en el lago.

 

También llevaban algo de carne y pescado salados y cantimploras con agua del río, no tenían demasiada comida pero estaban acostumbrados a pasar hambre y racionarían sabiamente hasta tener la oportunidad de llenar sus panzas.

 

Continuaron avanzando a ritmo tranquilo para ahorrar energía hasta que encontraron algo que les subió el ánimo, el terreno cambiaba, de pequeño árboles raquíticos que había en el páramo pasaron a árboles más grandes, que pronto aprovecharon para talar y preparar un buen fuego y lo que era mejor, había animales más grandes para cazar.

 

Esa noche tuvieron la primera comida abundante en meses, los arqueros habían herido a un oso y los lanceros habían conseguido terminar con su vida sin sufrir ningún daño.

 

El ánimo de la partida estaba elevado, casi por las nubes. Gobko estaba demasiado viejo para liderar una aventura así y solo hacía tiempo hasta que le retasen gozando todo lo que podía de los privilegios de ser el jefe.

 

Entre la gente joven ninguno tenía planes excepto Gobulina y por eso, pese a no estar muy contentos con una jefa, la habían seguido.

 

La tribu necesitaba librarse del exceso de habitantes hambrientos para que los que se quedaban en las cuevas no muriesen de hambre.

 

Tras descansar en el bosque tres días más reanudaron la marcha a mejor ritmo, ya tenían ganas de tener un encuentro con los humanos.

 

Y finalmente ese día llegó semana y media más tarde, cuando finalmente la partida emergió del bosque y encontró una granja no fue lo que esperaban, un humo fino salía de la granja, el fuego que solo había sido parcial se estaba ya apagando y lo que se podía ver era tres cadáveres a las afueras de la casa que todavía sostenían una azada dos de ellos y el tercero un cuchillo.

 

Cuando entraron en la casa la encontraron ya saqueada, aunque todavía consiguieron alguna cosa que para los humanos no valía nada, dos tenedores y un cuchillo de metal, dos cuencos de barro cocido, tres prendas de ropa y dos mantas medio raídas.

Cuando todavía estaba la jefa examinando la casa su arquera Jalwa entró a toda prisa con la noticia de que habían capturado a dos hermanos que se habían acercado a la granja al ver que había movimiento en ella.

 

Eran la hija mediana y el hijo menor de los granjeros asesinados junto a su otro hijo el día anterior.

 

Gobulina se acercó a los asustados niños y les ofreció comida que rápidamente aceptaron y luego les permitió quedarse con la partida pese a la protesta de algunos goblins.

 

La jefa aprovechó para practicar el idioma de los humanos de esa zona que le había enseñado su padre, en la tribu casi ninguno sabía nada que no fuese goblin del páramo, que estaba relacionado con el goblin común pero con ciertas palabras propias.

 

También consiguió suficiente información para saber lo que sucedía entre los humanos, guerra, algo que podía ser sumamente útil para sus intereses, su padre siempre decía que cuando una oportunidad se presenta, no hay que dejar que se escape de entre las manos.

 

 

Capítulo 2. La montaña de Boolba.

 

La noche era clara y las estrellas se veían muy bien desde la montaña donde una pastora goblin estaba con su rebaño de cabras.

 

Zanda al igual que habían sido sus padres era pastora, y al igual que ellos llevaban leche y carne a sus parientes en el asentamiento que había a las faldas de la montaña, ella se lo llevaba a su primo para que vendiese sus productos solo que ella tenía una ventaja que sus padres no poseían, estaba dotada para la magia de teleportación y cuando una cabra se alejaba demasiado la traía con magia hasta donde estaba ella, reunir el rebaño no era complicado y podía transportarse a ella misma y sus animales fácilmente.

 

Pero esa noche Zanda estaba evaluando que tan poderosa era su magia y trataba de acercar una estrella hasta ella... tarea imposible sin duda, pero ella no era consciente de la enormidad de la distancia que la separaba de ella.

 

Una estrella fugaz pasó en ese momento y trató de acercarla, cosa que inesperadamente consiguió, afortunadamente el meteorito llevaba una trayectoria que le alejaba de donde ella estaba y del asentamiento goblin al pie de la montaña, pero como lo había acercado la onda de choque del impacto llegó hasta ella lanzándola hacia atrás y dándose un buen golpe en su verde cabeza.

 

Tras recuperarse fue a examinar el lugar del impacto del meteorito encontrando una bola de metal muy valioso que transportó con magia hasta el almacén que poseía su primo en el pueblo.

 

Ese día Zanda descubrió cuan poderosa era y que que si había algún meteorito cerca podía hacer una gran destrucción a su alrededor.

 

También aprendió lo que era ganar mucho dinero rápidamente, su primo era muy consciente del alto valor de ese metal y aunque pagó muchos menos de lo que debería, para su prima era mucho más de lo que necesitaba.

 

Con los pingües beneficios la goblin compró al pueblo una parte de la montaña y allí, en una posición elevada y fácilmente defendible, comenzó a construirse un castillo de piedra con su magia.

 

En el pueblo comenzaron a llamarla Zanda, la maga loca de la montaña.

 

Varias semanas más tarde cuando todas las piedras del castillo y del muro exterior estuvieron en su sitio la maga salió del valle dentro de la montaña y se dirigió al pueblo a la ladera de la montaña, tenía varias cosas que hacer.

 

La primera fue ir a al taberna y decir que necesitaba un herrero, un constructor, dos carpinteros y cinco granjeros para sus tierras, que si querían trabajar o conocían a alguien que quisiese, ya sabían a donde dirigirse.

 

Más tarde fue a casa del comerciante más importante del pueblo, extrañamente un humano, le dijo que quería que uno de sus hijos le enseñase a leer y escribir en el idioma de los humanos de ese continente.

 

El comerciante que sabía que había hecho una buena suma intentó timarla pidiendo una cantidad desorbitada, entonces Zanda hizo además de ponerse en pie y el comerciante reculó y ofreció a su hijo Tenbo por doce monedas de plata al año.

 

Zanda era más o menos de la edad del jovenzuelo, pero sabía que había aprendido lo que ella necesitaba aprender y le pareció bien.

 

Finalmente fue a la casa de su hermano soldado, llevaba años destinado en otra ciudad y no siempre se acordaba de enviar dinero a su mujer y sus hijos, por lo que Zanda a veces les llevaba comida.

 

Saludó a la mujer de su hermano y vio como la pobre había tenido que vender algunos muebles para comprar comida.

 

Sus dos sobrinos, el joven Japtal y la mayor Belxa acudieron al saber que había visita, ambos sonrieron al ver a tu tía Zanda y fueron a abrazarla.

 

La maga le explicó a Volesa, la mujer de su hermano, que todos iban a ir a vivir al castillo que estaba preparando en unas semanas, había que hacer los interiores con madera, poner contraventanas de madera y telas gruesas contra el frío mientras esperaba para poder comprar caros cristales a la capital y poder hacer ventanas adecuadas, aunque tampoco quitaría lo que estaba poniendo ahora.

 

Tu Volesa serás la encargada de administrar el castillo y las tierras en mi ausencia, te asignaré dos monedas de oro al año, más que suficiente para tus caprichos, y a mis sobrinos les daré doce monedas de cobre al año, procura que no las malgasten.

 

Todos empezaremos a recibir clases de Tenbo, pero yo pienso que en unos seis meses abandonaré esta zona, tengo ganas de aprender magia de algún maestro adecuado.

 

Lo que quiero es que intentes conseguir que mis tierras den algo de dinero, que haya árboles frutales como moreras y manzanos, que los huertos os den comida para que no paséis hambre y que viváis bien.

 

En el remoto caso de que mi hermano volviese, dile que si quiere un trabajo le ofrezco una moneda de oro al año, que si le interesa bien y si no también.

 

Volesa agradeció enormemente el gesto que Zanda hacía por ella y sus hijos y se despidió de ella mientras Zanda dejaba tres monedas de plata encima de la mesita que había junto a la puerta.

 

Tras aprender durante cuatro meses con Tenbo todo lo que este sabía, y dos meses antes de lo que había planeado, Zanda se fue de su castillo hacia el oeste, quería ir a territorio humano, el reino en el que estaba no había casi humanos, su reino era Klazap, el reino goblin más importante del continente, al norte estaba el reino orco de Oryzul, al este otro reino goblin, el de Tankadis, al sur el odioso reino elfo de Levangadir, donde era mejor no acercarse ni en broma, y finalmente al oeste estaba el Páramo de Gabgdaal, que se consideraba el territorio goblin menos importante de todo el continente, el resto de reinos ni se molestaban en conquistarlo.

 

Tanto Oryzul, Tankandis, como Levangadir eran costeros, luego no había más tierras al este del continente.

 

Desde Gadgdaal si podía ir a varios reinos humanos, el que estaba al sur, Nemata, era aliado de Levangadir, por lo que si un goblin se metía por allí no le esperaba nada bueno.

 

Al oeste del Páramo estaba Mantago, un reino humano bastante débil que, gracias a la información y los mapas que le había enseñado Tenbo, parecía el más indicado para ir a obtener un maestro.

 

Al norte de Gabgdaal estaba el poderoso reino humano de Straka, que llevaba más de doce años en guerra con el reino orco de Oryzul, por lo que tampoco parecía un lugar conveniente por el que asomar un verde careto.

 

Zanda había adquirido en su pueblo natal un lobo gigante blanco para que le sirviese de montura, todavía no se acostumbraba demasiado a montarlo, pero era mucho más cómodo que ir a pie.

 

Causó estupor en Gadgdaal cuando apareció a lomos de su lobo gigante y los guardias fueron corriendo a la cueva principal de la que salió un goblin con una pata de palo.

 

Buenos días, me llamo Zanda dijo la maga, soy la dueña de una parte de la montaña que veis allí a lo lejos, tengo un nuevo castillo en un valle dentro de la montaña.

 

Gobul que no sabía bien quien era esa mujer decidió hablar con cautela, se autopresentó, soy Gobul, el padre de la jefa Gobulina, que en estos momentos ha partido con una expedición a territorio humano.

 

¿A qué reino pregunto la maga?

 

Eso no lo se, nosotros no tenemos idea de la composición de esos reinos, solo sabemos que al este hay reinos de los nuestros y el resto de direcciones están habitadas por humanos o elfos.

 

Han ido al oeste, que pensamos que es el reino más débil, pero no lo sabemos con certeza.

 

Así es, dijo Zanda, es el reino de Mantago, el más débil y al que me dirijo.

 

¿sería posible contratar algún guía para que me lleve allí?

 

Gobul se quedó pensativo, Trook prepárate, partes en cuanto la señorita diga.

 

Zanda se bajó del lobo, pidió comida para ella y su montura y fue hasta donde Gobul para darle una moneda de oro.

 

Gobul se quedó perplejo ante la moneda, hacía años que en el páramo no había tanto dinero, entre todos los goblins de allí apenas reunían treinta y dos monedas de cobre y tres de plata, poco más de la mitad de esa moneda.

 

Cuando Gobul finalmente reaccionó dio las gracias, es usted muy generosa señorita, seguramente mi hija pueda ayudarla en lo que necesite si la encuentra, si no llevase esta pata de madera yo mismo la acompañaría.

 

Zanda sonrió y Gobul la dirigió hasta su propio espacio en la cueva, el que perteneció al anterior jefe, ambos atravesaron una pesada cortina que daba intimidad y calor a su cacho de cueva y frente a un pequeño fuego se sentaron mientras algunos goblins traían pescado fresco para cocinarlo y algunas patatas y verduras para comer.

 

Zanda agradeció la comida, descansó unas horas y luego partió de allí con Trook rumbo al oeste.

 

 

Capítulo 3 batalla en el reino de Mantago.

 

Gobulina llevaba ya dos meses en territorio humano, solo encontraba edificios en ruinas y esporádicamente algún superviviente, los mantenía como botín aunque en realidad era más bien la encargada de protegerles que otra cosa.

 

La banda goblin se había topado con un manantial cerca del cual había varios árboles frutales y los restos de una torre de piedra y varias casucuhas de madera destruidas, tras mucho pensarlo Gobulina había decidido reparar la torre y algunas casuchas con partes de las casas totalmente destruidas.

 

Al pueblo lo renombraron como Fuente Goblin, sería el primer asentamiento de los Azaltadores fuera de su territorio.

 

Unos cincuenta humanos, mayormente menores de edad y viejos, no se alejaban de la banda de goblins, su reino Mantago estaba siendo barrido por el reino de Nemata, hasta se escuchaban rumores de ejército elfo ayudando a las tropas de Nemata.

 

Gobulina puso a los humanos a trabajar las huertas que llevaban meses abandonadas y su banda se dividió en tres grupos de diez que harían guardias de ocho horas y trabajarían en la reconstrucción de la torre otras ocho horas.

 

La torre había perdido las partes de madera, pero las de piedra habían resistido bastante bien, por lo que pudieron apañarla a condiciones habitables en apenas tres semanas.

 

Los humanos iban arreglando las casuchas como podían y en dos meses ya estaba medio pueblo arreglado, pero Gobulina insistía en que había que mejorar las defensas, por lo que cuando no estaban trabajando o haciendo guardias, tanto humanos como goblins se dedicaban a cavar un foso y levantar un muro de madera de seis metros de altura alrededor del pueblo.

 

Antes de lo que a los residentes del nuevo pueblo les hubiese gustado, exploradores de Nemata se toparon con el asentamiento y fueron a notificar a su general lo que allí sucedía.

 

La arquera Jalwa enseñaba a máxima velocidad a algunos adolescentes humanos a usar los rudimentarios arcos cortos que acababan de manufacturar los tres arqueros goblins que había en la banda.

 

Los humanos se equiparon con lanzas y escudos de madera que habían ido elaborando durante el tiempo que llevaban allí.

 

El ejército improvisado daba bastante vergüenza ajena, pero cuando no hay más, toca conformarse con lo que hay.

 

Por contra el ejército de Nemata si tenía buen porte, doscientos espaderos con acolchados de varias capas de tela y encima armaduras de placas con lo que los arqueros difícilmente les harían daño a media distancia y grandes escudos reforzados de metal.

 

También contaban con unos cien arqueros con arcos compuestos de manufactura élfica y, por si no fuera suficiente, con armadura similar a la infantería; y para rematar cincuenta caballeros a lomos de caballos de guerra grandes y poderosos.

 

El general Holpor de Nemata se adelantó para hablar, ¿quién está al mando?

Gobulina se asomó en una de las secciones del muro de madera a medio construir que sí estaba acabada.

 

Yo soy la jefa, dijo la goblin.

 

Holpor se sorprendió un poco al ver a una goblin de jefa del ejército enemigo y tras emitir un bufido de desprecio explicó que entonces no había nada que parlamentar, acabarían con ellos y punto final.

 

Se dio la vuelta e hizo una seña a su ejército para que avanzase.

 

Los arqueros humanos avanzaron y lanzaron su primera ráfaga de flechas, que por suerte para los defensores no hizo gran cosa, menos mal que habían arreglado la torre donde se refugiaban casi todos y habían levantado algunas partes del muro de madera.

 

Mientras los espaderos avanzaban despacio, los caballeros aceleraron para aproximarse rápidamente al pueblo y justo en ese momento apareció Zanda a lomos de su lobo blanco y con su magia teletransportó a los cincuenta caballeros y sus caballos hasta justo delante del muro, los caballeros por el impulso del caballo se estamparon contra el muro y junto con sus monturas cayeron al foso.

 

La mayoría de los caballeros, gracias a su armadura, sobrevivieron, no así las monturas, y de las que pudieron salir del foso casi todas se dieron a la fuga con prisa.

 

Soy la maga Zanda de Boolba, exijo que os marchéis de este asentamiento que ha sido reclamado por los goblins u os atengáis a las consecuencias.

 

Holpor ordenó a sus arqueros que disparasen, pero la cosa no fue como quería, las flechas teletransportadas aparecieron por su espalda a tan escasos metros que ni su acolchado le permitió sobrevivir.

 

Zanda gritó, "que el nuevo jefe parlamente o tendré que mataros a todos".

 

Berosico, el capitán de los espaderos salió de la formación y fue a hablar directamente con Zanda, también Gobulina se aproximó curiosa.

 

Zanda negoció un acuerdo de no agresión de un año y reclamaba este territorio para los goblins del reino de Zangob.

 

Berosico firmó el papiro que acababa de redactar Zanda y se retiró de allí con el rabo entre las piernas.

 

Cuando los humanos se fueron apareció Trook por allí, que como iba andando no había podido seguir al lobo de Zanda, y observó como Zanda y Gobulina se estaban dando la mano para presentarse adecuadamente.

 

Trook saludó a Gobulina y esta le dijo a Jalwa que le instalase en alguna casa mientras ella iba a hablar con su nueva socia.

 

Reunidas dentro de la torre sentadas en una par de sillas fabricadas hace poco Gobulina preguntó a la maga qué ambiciones tenía, Zanda que miraba a su alta anfitriona se quedó mirando unos segundos y respondió, aprender magia en principio y quizá llegar a acuerdos comerciales, no tengo grandes pretensiones... Lo del reino de Zangob lo dije para que pareciese que trabajamos juntas y el enemigo piense que somos más fuertes de lo que creen.

Gobulina escuchó la respuesta, vaya, tiene gracia respondió, yo solo quería que mi pueblo no se muriese de hambre y he acabado teniendo más bocas que alimentar, niños y viejos humanos, al menos aquí con la fuente de agua y buenas tierras no moriremos de hambre, pero quizá si por la guerra, los enemigos son poderosos.

 

¿no podrías permanecer aquí un tiempo a ver si conseguimos que vengan magos a enseñarte y no tengas que desplazarte a buscarlos?

 

Zanda escuchaba atenta y comentó que tal vez fuese posible, pero podría aburrirme mientras tanto y me gustaría ganar dinero mientras estoy aquí, ¿qué me ofrecerías por quedarme? Ya tengo tierras de donde vengo sin amenazas directas ya que pago los impuestos a mi rey.

 

Gobulina pensó, ¿qué te parecería ser reina igual que yo, con reparto de tierras a la mitad? No tendrías que pagar impuestos si no recibirlos.

 

Zanda parecía satisfecha con lo que oía, así que dijo que estaba de acuerdo, y tras otro apretón de manos fue a buscar un pergamino, tinta y pluma que había dejado con Trook cuando tuvo que ir a la batalla para escribirlo bien todo y que ambas firmasen.