La Ofrenda
En el altar profanado de una catedral olvidada, la Diosa
de las Mentiras se alza entre vitrales que ya no cuentan historias de luz.
Sus manos arden con la esencia de pactos rotos, y sus ojos, encendidos de magia antigua, juzgan a los vivos y a los muertos por igual.
"Habla con llamas... y cada palabra consume las mentiras de los vivos."
—La Diosa de las Mentiras, ha regresado.
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