Infancia olvidada

Esta obra forma parte de una serie en la que retrato distintos aspectos de mi vida sin necesidad de representarme físicamente. Aquí hablo de mi adolescencia, entre los 12 y 15 años, una etapa marcada por mi fascinación por lo técnico y lo mecánico.
La pizarra de fondo está llena de dibujos técnicos de mi época como estudiante de metal, junto con fórmulas matemáticas, porque en ese tiempo me encantaban. Un pequeño paraguas de mano simboliza la niebla y el cielo gris eterno del lugar donde crecí, una presencia constante que parecía cubrirlo todo. Entre los objetos dispersos, tornillos y tuercas viejas refuerzan la conexión con el dibujo técnico, pero también representan el desorden, el caos que inevitablemente formaba parte de mi mundo. También incluí un coche de radiocontrol, un regalo de mi infancia que refleja esa época en la que me obsesionaba desmontar y entender cómo funcionaban las cosas.
Ahora, la tenaza cortafríos. Algún estúpido una vez comentó que parecía estar flotando en el aire como si fuera un error, demostrando que no tenía ni idea de lo que hablaba. Estas herramientas están diseñadas con una base plana para que se mantengan elevadas y no toquen la superficie, evitando contactos eléctricos o descargas estáticas. Así que no, no es un fallo, es un detalle realista que, como todo en esta obra, tiene su razón de ser. No tengo pelos en la lengua y tampoco los tengo al dibujar: si pongo algo, es porque así es.
Esta obra no es solo una colección de objetos al azar, sino una reconstrucción de recuerdos. Cada elemento tiene su historia, su peso en mi vida, y juntos forman una imagen más honesta de lo que fui en esa época.
El proceso de pintura de la pizarra fue un proceso largo, pero con una intención muy definida. Comencé preparando un fondo oscuro con una mezcla de negro marfil y azules. El objetivo era crear una base profunda y atmosférica, una especie de fondo sombrío que, al mismo tiempo, sirviera de contraste para resaltar los detalles que agregarían vida a la pieza.
Después de tener esta base, dejé la obra en un desván durante varios meses. Durante ese tiempo, la pieza comenzó a recolectar polvo, suciedad y arañazos de manera natural. Este proceso de abandono fue intencional, ya que quería que la obra adquiriera una textura que no pudiera obtener de otra manera. Las marcas del tiempo, los pequeños desperfectos y la acumulación de polvo no solo crearon una atmósfera más auténtica, sino que también aportaron una sensación de historia, como si la pizarra hubiera existido más allá del lienzo.
Pasados esos meses, cuando consideré que el cuadro ya tenía la suficiente carga de tiempo y desgaste, apliqué un barniz para fijar todo lo que había recogido durante ese tiempo. Este barniz no solo ayudó a proteger la obra, sino que también selló las huellas del proceso, dejando la pieza tal como la ves en la foto final. Después de esto, desarrollé el resto del cuadro, añadiendo los detalles técnicos, los tornillos, las fórmulas matemáticas y el coche de radiocontrol, manteniendo la misma paciencia y enfoque en cada elemento para crear una obra que no solo representa mi adolescencia, sino también cómo las huellas del tiempo y la vida influyen en el proceso creativo.
Este enfoque de dejar que la obra viva antes de completarla me permitió integrar una capa de significado que, de otro modo, no habría logrado. La pizarra no solo es un objeto, es una memoria visual que se construye y transforma con el paso del tiempo.

Sobre el autor

2 Comentarios

catieclipse
Me encanta este dibujo, gracias por el fav, feliz finde 
Bellasdraws
Igualmente buen finde y gracias por comentar!.