Sangre de medianoche caps 1-12 (Actualizado)

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#1
Nota: No sé si está permitido publicar historias, no veo reglas, así que espero que a nadie le moleste!

Os dejo unos datos.
Tipo de historia: podría decirse que se parece al tipico juego otome.
R-16
Sinopsis: Alexa vivía tranquila junto a su hermano gemelo y sus padres, pero un día, Axel, su hermano, recibe una extraña carta de acceso a una academia privada y exclusiva. Alexa  se enfada, escudándose en que es imposible que alguien de su intelecto sea aceptado en una academia privada, sin embargo, su temor es separarse de él, pues nunca han pasado más de un día lejos el uno del otro.
Axel decide que su libertad vale mucho más que ese lugar, no le interesa, por lo que aprovecha el viaje que hacen sus padres el día siguiente para… transformar a su hermana en él. Aparece en su habitación al alba, armado con unas tijeras, y sin pensárselo dos veces e ignorando los llantos de Alexa, le corta el pelo y la obliga con una amenaza a que vaya ella.
Así, Alexa, ahora siendo Axel, llega a Hollow. Un extraño lugar del que no podrá salir hasta que no acepte su condición… Una escuela en la que todos los alumnos pueden parecer humanos, pero no es así… Además, a ello se le debe sumar su difícil condición como hombre, el tener que compartir habitación con el presidente del consejo estudiantil y al hecho de que este, se convierta en un extraño ser cuando la toca.
Estará rodeada por los chicos del consejo, y comenzará a provocar una revolución de sentimientos.

(perdón por la mala sinopsis, la acabo de hacer corriendo >w<)

Sangre de medianoche
 

Capítulo I El infierno existe.

Las noches de tormenta suelen oscurecer los sentimientos de las personas embriagándolas de tristeza y desganándolas, pero en una pequeña casa en medio de Londres, aquel día en el que los rugidos de los truenos cortaban la noche iluminando las oscuras calles, una pequeña familia celebraba un acontecimiento, alegre para unos, y demasiado inesperado para otros.
 
—¡No es justo! —se escuchó gritar a pleno pulmón—¿Por qué Axel? ¿Cuándo se supone que hizo el examen?
 
—Eso mismo me gustaría saber a mí —respondió mientras su padre le frotaba la cabeza—, porque no recuerdo haber hecho ninguno.
 
—Deberías alegrarte por tu hermano Alexa, es maravilloso que pueda entrar en una escuela tan prestigiosa como ésa.
 
—¿De qué hablas papá? ¡Si no conoces ese sitio! –comenzaba a exasperarse.
 
—Bueno cariño, pero mira la carta, tiene dibujitos dorados… —su hija clavó los ojos en ella— Vamos, un mal sitio no tendría esto, ¿verdad? —agitó la hoja en el aire.
 
Alexa se dejó caer en el sofá, estaba tan furiosa que no tenía palabras para expresarse, no entendía absolutamente nada, primero se enfadó con su hermano gemelo por haber hecho aquello sin ella, pero después de una discusión, se dio cuenta de que él jamás se metería en un internado, no con su caótica forma de ser.
Aunque eran gemelos y tenían buena relación, solían discutir cada día, Axel era demasiado impertinente y como decía su propia madre un “viva la vida” ella era más pausada, menos escandalosa y en ocasiones demasiado inocente. Aún con todo aquello, nunca habían estado separados, ni un solo fin de semana.
Justo en aquel momento, tenía ganas de vomitar, se sentía tan mal que sin despedirse de sus padres, que seguían celebrando el ingreso, se fue a la cama. Entró al cuarto de baño que compartía con su hermano para trenzarse la extensa y lacia cabellera negra, que con tanto celo cuidaba desde pequeña, se puso el pijama y se dejó caer en la mullida cama deseando dormirse cuanto antes y despertar de aquella pesadilla.
 
Lo que no sabía aún, era que la autentica pesadilla apenas comenzaba.
 
La mañana siguiente despertó con una sensación familiar en la cara, cuando abrió los ojos de color negro que la caracterizaban, se encontró con la mirada de su hermano, que se había soltado la coleta y, su pelo, que llegaba por las orejas y estaba adornado con vetas rojas, caía sobre ella haciéndole cosquillas en las mejillas.
 
—¿Qué diablos haces?
 
—Pensar en mi salvación, resulta que la tengo más cerca de lo que pensaba —sonrió mostrando una perfecta fila de dientes blancos—, gracias a mi querida hermanita pequeña.
 
Alexa se levantó y miró a su hermano llena de confusión, no estaba segura de si su perspicaz mente entendía mal o si Axel se había levantado con ganas de guerra.
 
—No entiendo a qué te refieres, déjame en paz o llamo a mamá… —su tono fue bajando, a medida que sus ojos se quedaban helados mirando las tijeras que él había dejado al descubierto— ¿Qué significa eso?
 
—No te asustes —su sonrisa se volvió más amplia— te regalo una oportunidad.
 
—¡Espero que no sea lo que estoy pensando! —gritó enfurecida— ¡No me haré pasar por ti, imbécil!
 
Pero antes de poder levantarse, Axel se abalanzó sobre ella con todo su peso, aplastándola, dejándola casi sin respiración e impidiendo que se moviera ni un ápice.
El curioso sonido de las tijeras y el suave roce de un pelo que caía y que deseó no fuera el suyo, la paralizaban, arremolinaban un sinfín de lágrimas en sus ojos y hacían que su corazón latiese nervioso.
Cuando volvió en sí, gritó, amenazó e intentó patalear sin éxito, los mechones seguían cayendo y su hermano no abría la boca, al menos, hasta que acabó.
 
—Ahora me odias, pero sé que al final me lo agradecerás —se sentó junto a ella, que intentaba sostener en las manos temblorosas su extensa melena—. Vamos, no pongas esa cara, tú eres un cerebrito, ese sitió te gustará, y yo seré libre.
 
—La libertad de un individuo acaba donde empieza la de otro… —susurró apretando los dientes— ¿crees que resultaría? Soy una mujer. Y aunque me cortes el pelo y me parezca a ti, tengo rasgos femeninos…
 
—Tonterías, lo harás bien —contestó triunfante.
 
—No pienso hacerlo… mi pelo… lo que has hecho jamás te lo perdonaré Axel, jamás… sabes lo importante que era para mí, y aún así…
 
—Sabes que puedo obligarte.
 
Alexa le miró con miedo, era cierto, desde pequeños él había tenido un extraño poder, controlaba las decisiones de la gente, había prometido no usarlo jamás con ella, pero su mirada le estaba advirtiendo de que si le obligaba lo haría, lo utilizaría para manipularla.
 
—Tampoco se lo puedes decir a mamá —se adelantó a ella—se han ido a ver a los abuelos a Irlanda.
 
—Entonces, cuando vuelvan y no me vean, ¿qué crees que pasará? —jugó su última carta, ya no le quedaban más palabras para defender su posición.
 
—Ya me he ocupado de eso —se llevó una mano al bolsillo y sacó un sobre con letras doradas—, la mejor falsificación que he hecho jamás –orgulloso, sacó el papel de dentro, carraspeó y se levantó poniendo una pose teatral.
 
“Queridos señor y señora Lance, me agrada comunicarles el ingreso de su hija menor, Alexa Lance, en nuestro prestigioso internado para formar parte de una elite de estudiantes. Así mismo, les comunico de nuevo, que las visitas no son aceptadas y, que una vez en nuestro centro, no se le permitirá salir de el. También le recuerdo nuestra responsabilidad total hacia ambos hijos. Nuestro transporte pasará… —Axel hizo un salto en las líneas y continuó— Por último volvemos a pedirles que sean discretos.
Acepten un saludo de la dirección.
                        Anya Collis.”
 
Alexa se quedó literalmente con la boca abierta y tan pálida, como podría estarlo un fantasma, no tenía escapatoria, a su hermano le había faltado tiempo para preparar aquello. Le odiaba cuando sacaba a relucir aquel sucio carácter, teniendo que hacer cuanto él deseaba.
 
—Prepara la maleta, porque según la carta que me mandaron, pasarán esta tarde a recogerte.
 
—¿Y tú dónde vas a ir?
 
—A vivir —levantó los hombros despreocupado—. Menos mal que aún tenemos tiempo de arreglarte.
 
Claro, él a vivir mientras a ella la encerraba, con aquello pensó por primera vez en su hermano como un bastardo. Estaba a punto de cumplir dieciocho años y se sentía derrotada y sin libertad por primera vez en su vida. Supo que no había vuelta atrás.
Pasaron la mañana en silencio, no quería hablarle, no quería mirarle. Estaba sentada mientras le arreglaba el pelo, adornando su precioso color negro azabache con finas mechas rojas, de color tan fuerte como la sangre.
 
—Ya sé que estás disgustada, pero tienes que comer algo —en respuesta recibió una mirada que poco dejaba a la imaginación.
 
Se levantó de la mesa y se fue a su habitación, cerró con llave, se arropó con una manta y se desahogó, necesitaba expulsar aquel mal sentimiento que la inundaba, porque si no lo hacía se le enquistaría en lo profundo del corazón. Se preguntaba una y otra vez cómo era capaz de hacerle algo así a su propia hermana, a su gemela, era demasiado egoísta incluso para él.
Las horas pasaban demasiado rápido, y antes d que se diese cuenta, ya se había puesto la ropa de su hermano, que le quedaba ligeramente grande, se había vendado el pecho y esperaba en la puerta de su casa con cara de funeral.
 
—Toma la carta de ingreso, vamos, seguro que te acaba gustando, estarás bien Alexa.
 
No le contestó, apartó la mirada y frunció el ceño fijando los ojos en la carretera. Él volvió dentro de la casa, sería problemático si les veían a los dos allí juntos, y ella, resignada, se quedó esperando hasta que casi media hora más tarde, apareció un coche negro y brillante. Paró frente a ella y salió un hombre alto, vestido con traje y de pelo rubio.
 
—¿Axel Lance? —tragó saliva nerviosa y asintió—Perfecto, suba al coche por favor, tenemos un largo camino.
 
Dio unos pasos y se giró antes de entrar, miró su preciosa casa blanca y se fijó en la ventana de arriba, estaba su hermano gesticulando y dándole ánimos, suspiró y entró. Se sentía incómoda, aquel hombre no hablaba, y no parecía muy interesado en hacerlo, aquello la irritó, necesitaba alguna información del lugar al que iba, sobre todo porque habían pasado tres horas y el coche circulaba por una carretera oscura y rodeada de enormes árboles.
De pronto, paró en medio de la nada, Alexa se quedó mirando como bajaba y abría la puerta en la que ella estaba.
 
—Ya puedes salir.
 
—Aquí… —carraspeó y agravó la voz—Aquí no hay nada.
 
—Continua por ese camino —señaló un pequeño sendero entre los arboles—, llegarás a las puertas de Hollow.
 
Enarcó una ceja y se preguntó quién diablos elegiría un nombre tan estúpido. Pero al mirar fijamente el camino sin luz sintió un escalofrío.
 
—No pienso meterme ahí sola… solo —rectificó deseando que no se diese cuenta, por suerte, estaba entretenido sacando la mala y dejándola a su lado.
 
—Que tengas una buena estancia.
 
Alexa intentó pararle, pero se volvió a meter en el coche y lo puso en marcha, dejando a la muchacha pálida. Cogió la maleta resignada y dio unos pasos hacía el sendero, observándolo atentamente, era terrorífico, parecía sacado de una película, solo le faltaba tener bruma.
 
—Genial, solo falta que aparezca un asesino… —murmuró caminando.
 
Unos ocho minutos después de ir casi corriendo, llegó al final, había una alta verja de color negro brillante, muy cuidada y para nada oxidada. Al otro lado se veía un imponente edificio, lleno de luces, era una magnifica y gigantesca mansión. Los alrededores eran un poco lúgubres, pero daba una sensación casi mágica.
Cuando se acercó a la puerta, ésta chirrió levemente al abrirse, rápidamente pensó que tendría un dispositivo o algo por el estilo, porque allí no había nadie más que ella. Continuó su camino hasta la entrada principal, la puerta doble era de madera y cuando se abrió, Alexa vio a una mujer de mediana edad sonriendo tranquilamente.
 
—Te estábamos esperando Axel Lance —abrió más la perta, dejándole paso—, soy Anya, la directora.
 
—Es un placer… —murmuró con miedo de que se diese cuenta de que no era el verdadero Axel.
 
Dentro, todo era muy elegante, luminoso y decorado con excelente gusto. Como si fuera el palacio de un rey. El suelo estaba cubierto de una alfombra de color rojo, las paredes pintadas en un tono crema claro, otorgando mucha más luminosidad a todo.
No veía a nadie más en aquel lugar, pensó que tal vez, ya era tarde.
Anya le pidió que la siguiera, por el momento, le enseñaría parte de aquella primera planta y después su habitación. Sorprendida, vio que el edificio era mucho más grande de lo que parecía, todo aquello que lo adornaba parecía tener un valor incalculable, aunque también es cierto, que podrían ser esplendidas copias.
Pasaron unos quince minutos hablando sobre el lugar, el funcionamiento era simple, aunque estaba restringida cualquier salida sin el permiso de aquella mujer.
 
Llegaron al final del corredor, había una enorme puerta de color negro, cuando la abrió, Alexa quedó impresionada, estaba lleno de gente, cabezas por todos lados, grupos formados, pero lo que la dejó con la boca abierta, era el atípico uniforme. Ella seguía con la ropa de calle de su hermano, e incluso casi se sintió ridícula por ser la única. Los alumnos vestían un traje de color negro que conjuntaba perfectamen entre ambos sexos. El de las chicas llevaba falda y un pequeño capote sobre los hombros, las mangas estaban adornadas con una visible puntilla blanca, al igual que el pecho. Los chicos, parecían llevar algo así como un traje, pero resultaba tan llamativo que era imposible. Su capote era más largo, las mangas, adornadas por una franja roja, se acoplaban perfectamente al estilo.
 
—Oye Anya… ¿Es alguna clase de fiesta? —decidió preguntar ante el estilismo.
 
—En realidad sí. Tenemos la ceremonia de entrada, pero no querido, no están disfrazados. Es el uniforme oficial de Hollow, como tú has llegado tarde, aún no he podido dártelo, pero ya esta sobre tu cama.
 
Asintió con la cabeza y comenzó a ponerse nerviosa cuando Anya se tuvo que despedir para llegar al atril. Allí quieta, observaba a los estudiantes, o mejor dicho, sus espaldas mientras se retorcía las manos nerviosa. No conocía a nadie, y parecía que el resto sí, pues escuchaba como hablaban animadamente. De pronto, sintió un golpe y cayó de bruces al suelo, haciéndose daño en las rodillas. Con el ceño fruncido, miró la puerta que se había abierto de golpe provocando su caída, y lo primero que vio la dejó sin habla. Entró un chico, de más o menos su edad, de pelo castaño y brillante, con un corte extraño, pálido y de ojos tan rojizos que cuando ladeó la cabeza para mirarla, la atravesó por completo dejándola sin respiración, él no se paró, sério como una estatua de mármol, continuó su camino al frente, seguido de un sequito de cinco chicos y una chica tan extraños y extravagantes como él. Como Moisés apartando las aguas, el gentío se dividió en dos a su paso con solo una mirada. Nadie dijo nada, ni un murmullo, todo estaba en completo silencio, y lo único que se percibía, era el eco de los zapatos del grupo y algunos suspiros femeninos.
 
—¿Qué es todo esto? —susurró levantándose y dándose cuenta de que ahora el gentío la observaba a ella.
 
Se sintió pequeña ante aquellas miradas de curiosidad, bajó la cabeza y miró el suelo, quedándose de nuevo asombrada, porque su propio reflejo le devolvía una nítida imagen, tan clara, que diferenciaba el tono avergonzado de su piel.
 
—¡Vamos niños! —llamó Anya la atención— No seáis maleducados con nuestro nuevo estudiante. Ya sé que hace mucho que no llega nadie nuevo, pero le vais a asustar —la gente comenzó a girarse mientras susurraban—Axel Lance, acércate aquí, por favor.
 
La miró aterrada, aquella mujer debía de estar loca si quería que Alexa hiciera lo que estaba pensando, una presentación multitudinaria. Sin más opciones, carraspeó y comenzó a andar dejando su maleta atrás, sentía los pies vagos, entumecidos y la frente sudada. Era muy incómodo que la gente se apartase de aquella manera, dejando de nuevo, un estrecho pasillo, ella sabía que la estaban analizando, ¿descubrirían que era una mujer? ¿Realmente quería que destaparan la mentira?
 
No miró a nadie, pero escuchaba como comentaban cosas sobre ella, sin embargo, era incapaz de oír qué decían. Cuando al fin llegó al frente, vio al extravagante grupo junto a la directora.
 
“¿De dónde diablos han salido?” pensó al verles.
 
Se paró frente a la directora y esperó su veredicto.
 
—Alumnos, como ya he dicho, este chico es Axel Lance, nuevo estudiante de primero. Espero que seáis pacientes con él, porque llega desde Laer —Alexa giró la cabeza confusa e impactada, ella venía de Londres, no de aquel lugar al que se refería—. Algunos de los últimos que llegasteis, recordaréis vuestro primer día aquí, por eso os pido discreción hasta que yo lo ordene —alzó una mano ante las quejas de varios estudiantes—, lo sé, no os gusta, pero de momento, es lo que debéis hacer. Bien Axel, ¿quieres decirle algo a tus compañeros?
 
Tragó saliva y negó con la cabeza. Lo que menos quería en aquel momento era hablar delante de tantas personas, pues calculó que serían más de trescientos.
Anya les despidió a todos, mandándoles ya a sus cuartos, posó una mano sobre Alexa para que esperase, y cuando los últimos rezagados se hubieran ido, suspiró.
 
—Axel —llamó su atención—, ellos forman el consejo estudiantil, cualquier problema o duda que tengas, se lo puedes comunicar. He pensado que para ayudarte en tu adaptación, ayudarás al consejo en sus actividades, serás algo así como su secretario. Él —señaló al chico de pelo blanco—se llama Darien, además de ser el presidente, será tu compañero de habitación.
 
—¿Qué? Pero yo pensaba que…
 
—¿Estarías solo? —continuó un chico de pelo rubio y largo que llevaba gafas— aquí todos compartimos habitación.
 
—Yo daré las explicaciones Erin. Podéis marcharos ya, espero que os ocupéis de que nuestro nuevo estudiante esté a gusto —más que un consejo, parecía ser un aviso—. Darien, acompañaras a Axel, así verá el camino. Querido, —volvió a posar la mano sobre Alexa—mañana hablaremos, así que será mejor que descanses.
 
Anya se marchó tras el grupo del consejo. Alexa miró de refilón a Darien, preguntándose por qué llevaba aquel color de pelo, tal vez sufría alguna enfermedad.
Sin decir una sola palabra, el muchacho comenzó a caminar, Alexa, con paso ligero, fue tras él, saliendo de la gran sala y recorriendo el corredor con la maleta a cuestas. Les separaban casi dos metros de distancia. Le observó atentamente, era alto y fuerte, y el tono pálido de su piel fue visible cuando la iluminación comenzó a desaparecer. Sin duda, era demasiado extraño.
Subieron las escaleras hacia el segundo piso y continuaron por la derecha, cada vez que miraba a su alrededor, era más y más grande. De pronto, escuchó algo raro, una extraña risa, una realmente siniestra. Darien se paró y miró hacia las puertas que tenía a su izquierda, Alexa, un poco más atrás, le imitó, la puerta que tenía junto a ella estaba un poco abierta, dejando ver el rostro de un chico que le resultaba familiar, sonrió y ella se frotó los ojos, porque lo que había visto no podía ser real, aquella sonrisa macabra mostraba unos perfectos y brillantes dientes afilados.
 
—Pero qué…
 
Se calló cuando repentinamente, el muchacho sacó su cabeza un poco más, dejando que la luz le iluminase, y abriéndose de pronto, un tercer ojo en su frente.
La mandíbula, literalmente, se le aflojó ante aquella visión. Gritó sin poder esconder el tono de su voz, tan alto que le dolió la garganta. Con la mirada desorbitada, miró al chico frente a ella, Darien. No estaba enfermo, era otro monstruo, segura estaba de ello. Las piernas le temblaban, pero ello no impidió que saliese corriendo perseguida por el diablo y dejando todas su cosas tiradas. Bajó las escaleras casi saltando, al fin llegó a la puerta de entrada, debía salir de allí como fuese, pero cuando tiró del pomo, se encontró otro chico con piel de lagarto y ojos afilados, volvió a gritar y a salir corriendo, dirigiendose hacia el salón en el que minutos antes había estado.
Cerró la puerta tras ella e intentó respirar. “¿Dónde diablos estoy?” se preguntó.
Y de nuevo, acosada, vio frente a ella a los dos muchachos, al de los tres ojos, y al que tenía la piel escamosa, reían en medio de la basta sala, a carcajada limpia sin poder reprimir el llanto.
 
—¡Mira cómo está! —gritó entre risas el cíclope, sin poder mantener un tono neutro en la voz— Creo que me has ganado, se asustó más de ti.
 
Alexa no comprendía absolutamente nada, sentía un miedo terrible, y unas ganas de llorar que la desbordaban, no, aquello tenía que ser una broma, una pesadilla.
 
—El infierno… —murmuró antes de colapsarse por completo, pero no cayó al suelo, Darien ya había llegado, y tras mirar a los dos con reproche, salió de allí con Alexa en brazos.
 
 
Capítulo 2 Confusión.
 
El canto de los pájaros trajo un nuevo día.
Alexa abrió los ojos con pesadez, sentía la cabeza embotada, como si estuviese enferma de gripe. Se incorporó, tenía la ropa del día anterior y no sabía como había llegado hasta allí.
 
—¿Ya estás despierto? —escuchó una voz ligeramente ronca cerca de ella.
 
Cuando le miró, todo lo ocurrido unas horas antes inundó su cabeza, aceleró su corazón y provocó que todo su cuerpo temblase. Los monstruos que había visto eran reales, no había sido una pesadilla, él era la prueba de todo.
Agarrando la colcha oscura con toda la fuerza de su cuerpo, pegó la espalda en la pared, en un intento estúpido de alejarse todo lo posible de aquel muchacho tan extraño de pelo blanco. A él pareció molestarle aquella reacción, ya que no escondió aquel disgusto que se dibujaba en su cara enarcando una ceja.
 
—Si piensas que me va a salir un tercer ojo, no te ilusiones —arrastró las palabras al tiempo que se cruzaba de brazos—. Tu actitud infantil es estúpida, si quieres respuestas, la directora te las dará, no pienso hacer de niñera… —hablaba consigo mismo, pero durante un momento de lucidez, Alexa supo que tenía razón, Anya tenía muchas respuestas que darle.
 
—Si intentas… acercarte a mí… te juró que te daré un puñetazo… —fue murmurando ella mientras buscaba un camino hasta la puerta. Estuvo a punto de desmayarse cuando la miró de refilón, desafiándola.
 
—Me gustaría ver como lo intentas. Por cierto —añadió—, suerte cuando tengas que buscar el despacho de dirección.
 
Agarrando el pomo de la puerta con una fuerza que jamás creyó tener, maldijo sobre todo. Tenía razón, ella no sabía donde debía de ir, y si se perdía, seguramente se encontraría con algún otro raro como los de la noche anterior. Pero pedir ayuda… pedírsela a él, no.
Carraspeó e intentó pensar en algo, pero fue en vano.
 
—Aparta —ordenó, poniendose de pronto tras ella y haciendo que saltase a un lado golpeándose contra un armario empotrado. Antes de abrir la puerta volvió a mirarla y sonrió ante aquel triunfo.
 
Antes de salir, sacó la cabeza para observar el pasillo vacio, tener que caminar entre aquellas puertas, le provocaba un sentimiento horroroso, le daba pánico que volviera a abrirse una y más miedo daba imaginar la escena que había visto. Con cautela, comenzó a caminar, a una distancia prudente de su compañero de habitación, caminaba erguido, sin preocuparse de nada de lo que estaba ocurriendo. Sintió un escalofrío al pensar en aquellos ojos teñidos en sangre, ¿cómo diablos iba a dormir en la misma habitación que él? Desde luego estaba segura de que ni el protagonista más extraño de la novela más oscura sería como él, aquel chico sobrepasaba los límites de la imaginación, por no hablar del resto de gente que vivía en aquel lugar.
 
Subieron varios trechos de escaleras, por el camino no se habían encontrado con nadie, lo cual agradecía, y mientras daba pasos suficientemente acelerados como para no perder al presidente de los estudiantes, intentaba ordenar los millones de preguntas que inundaban su mente. Pero cuando estaba a punto de conseguirlo, pasaron junto a una chica de larga melena negra y de piel tan blanca como la nieve, no parecía haber nada raro, excepto su mirada llena de odio. No dijo nada, pero Alexa sintió que se saludaban con la mirada, pues cuando la chica los posó sobre él, la suavizó hasta parecer un gatito.
 
El sonido seco de la madera la despertó de sus pensamientos. Se habían parado frente a una hermosa y enorme puerta con grabados dorados que parecían moverse, de hecho, creyó casi firmemente que lo hacían.
 
—¡Cielos! —alzó la voz y despegó la mirada de un tocho de papeles amarillentos— ¡Qué madrugadores!
 
—Ayer tuvimos un pequeño incidente —dio unos pasos hasta ponerse frente a ella.
 
—Oh, oh…. —miró a Alexa y lo vio en sus ojos— Avisé a todos los estudiantes para que esta vez no lo hicieran… tendré que castigarlos —enarcó las cejas y él asintió de acuerdo con ella—. Lo siento Axel, les pedí que se comportaran como humanos hasta que pudiera hablar contigo y explicarte todo…
 
—Pues espero una respuesta —carraspeó para que su voz sonase más seca—, y después me gustaría irme a casa.
 
—No puedes irte Axel, en la carta estaba todo explicado…
 
—Eso es secuestro.
 
—No digas tonterías —Darien se giró y la miró afilando los ojos, daba pavor—. No puedes irte hasta que aceptes y sea seguro tu silencio. No es porque Anya no te lo permita, este lugar está hecho así, llámalo magia si quieres, pero es lo que hay.
 
—¿Es una broma no? —levantó el tono de voz, que vibró tras aquellas palabras— ¡No puede ser posible! ¡Es una maldita pesadilla! ¡Quiero irme a casa!
 
—Escúchame Axel, no te preocupes —Anya se levantó del mullido sillón y se puso frente a ella—. Nadie te va a hacer daño. Te dan miedo porque es algo nuevo para ti, inimaginable. Estoy de acuerdo con tus sentimientos y temores, pero créeme, solo querían gastarte una broma —puso una reconfortadora mano sobre su hombro y sintió el leve temblor de su cuerpo—. Si estás aquí, es porque eres como nosotros —provocó que Alexa abriese la boca, pero no salió nada por ella—. No me crees, pero no hay lugar a confusiones en esto, antes o después verás que es cierto, por eso estás aquí, y la barrera de Hollow actúa tanto de protección exterior como interior. No te dejará salir hasta que aceptes lo que eres y no seas un peligro para nuestra comunidad.
 
—Es imposible… —murmuró hablando para sí misma al tiempo que se sentaba en uno de los sillones— Esto tiene que ser una cruel broma, desde luego… Qué me va a salir, ¿un cuerno? ¿Patas de gallina?
 
Era terriblemente difícil aguantarse las ganas de llorar. Estaba encerrada allí, aunque quería correr despavorida lo más lejos posible, no podía. Y el solo hecho de pensar en que le podría salir algo raro, la atormentaba y aterraba. Un sollozó logró salir, se tapó la cara con ambas manos pensando en qué hacer. Durante un segundo creyó que si les contaba la verdad, que ella no era Axel, dejarían que se fuera, pero se esfumó como el humo, y una perspicaz deducción se apoderó de su cabeza. Si solo estaba Axel llamado a aquel lugar, ¿significaba que ella sería normal? Con eso, ¿su vida corría mayor peligro? No podía decir nada.
 
—Vale, vale… —se levantó y sorbió con la nariz evitando que saliera algo poco deseado para los tres— Si lo acepto, ¿podré irme?
 
—Así es —Anya sonrió y no tuvo más remedio que creerla. Lo haría.
 
—¿Qué debo hacer?
 
—Bueno, esto es un colegio. Aquí enseñamos a todos a controlar sus poderes y aspectos, que en ocasiones, se manifiestan por sentimientos negativos o positivos que no somos capaces de controlar —miró la cara de confusión de Alexa y prosiguió—. En ocasiones, sentimos tanta felicidad o tristeza, que somos incapaces de controlarlas, en esas situaciones, el verdadero físico puede salir a la luz. Aquí aprenderéis a controlarlo —asintió entendiendo aquella parte—. No somos diablos del infierno —rió Anya leyendo su mente—, muchos de los chicos que ves aquí, son hijos de gente muy importante para este mundo, mandatarios, presidentes, reyes… Por lo que es de suma importancia que sepan controlarse.
 
—¿Los padres también son… ¿así?
 
—Algunos, pero no todos. Bueno cielo, creo que por hoy es mucha información. Descansa, habitúate durante los últimos días de vacaciones y estate tranquilo. Verás que todos son buenos chicos, y si necesitas algo, aprovéchate de compartir habitación con el presidente de los estudiantes —pareció que el muchacho gruñía ante aquel consejo— ahora marchaos, enséñale el centro por completo Darien.
 
Asintió con la cabeza, aunque su expresión era de una total inconformidad. Salió por la puerta sin esperar a su compañera y caminó por el pasillo, dando fuertes pasos que delataban su enfado. Alexa se despidió y corrió tras él hasta alcanzarle. Anya les miró a través de la puerta abierta mientras se sentaba, esbozó una pequeña sonrisa y, con un pequeño movimiento de manos, la puerta de cerró sola.
 
Durante el corto camino, Alexa se esforzó mentalmente para intentar adaptarse, si tenía que ser sincera, toda aquella locura aún le resultaba irreal, personas con tres ojos… era algo demasiado raro a lo que debía acostumbrarse cuanto antes. Y ella destacaba por dos cosas, su tozudez y su cabezonería.
Los rayos de sol comenzaban a atravesar con fuerza las ventanas, con aquella nueva luz, todo le pareció un poco menos lúgubre y se dijo a sí misma que aquello sería de gran ayuda en su plan.
 
—En este piso —dijo cuando llegaron a la segunda planta— Están las clases, ¿recuerdas por dónde hemos venido? —señaló otro tramo de escaleras—Por allí llegarás a la parte oeste, están los dormitorios. En la primera planta está la biblioteca, el comedor y las clases de actividades. No preguntes —agregó cuando Alexa abrió la boca— escucha y aprende, no pienso llevarte por todo el sitio de la mano.
 
—Ni que quisiera que me tocaras… —apartó la vista y bajó su voz hasta que no es escuchó nada, una sola mirada de Darien fue suficiente.
 
Cogió aire y lo expulsó con paciencia, en aquel momento le odiaba, pero también le temía. Así que decidió cerrar la boca y librarse cuanto antes de él.
 
—Fuera están los jardines, no suele haber mucha gente en algunas zonas, así que ten cuidado de no perderte —se paró al borde del último tramo de escaleras y la miró fijamente—. Eso es todo.
 
Casi ardió de furia mientras le desafiaba con la mirada a una prudente distancia de tres metros. ¿Creía que sólo con eso ya conocía aquél lugar? ¡No era una mansión, era un castillo enorme! La oscuridad de la noche anterior y la espesa bruma blanca, se habían tragado literalmente más de la mitad del edificio, lo que la llevó a confundirlo con algo más pequeño.
Aunque enfadada y temblorosa, se armó de valor, frunció el ceño y caminó firmemente, al menos tan firmemente como sus piernas le permitieron para pasar a su lado sin mirarle, bajó las escaleras pisando fuerte para que él lo escuchase y sintiese su estado de ánimo. Despues abrió la puerta principal de golpe para tomar aire fresco.
 
—Qué infantil —rió Darien dándose la vuelta y caminando en dirección opuesta.
 
El frío de la mañana le cayó encima como un jarro de agua. Parecía pleno invierno, pero no le molestaba, todo lo contrario, era como un soplo de realidad. Comenzó a caminar alrededor del edificio mientras se frotaba las manos con energía, causando un reconfortable calor. No ver a nadie ayudaba, aún tendría que hacerse a la idea, todo había ocurrido tan rápido que le costaba un infierno, pero era lo único que podía hacer, acostumbrarse.
 
Giró y caminó siguiendo la dura pared de piedra, habían pasado más de quince minutos cuando atravesó una pequeña zona de rosas rojas de un tamaño descomunal, entonces encontró lo que según ella podría ser un pedacito del paraíso. Había un estanque, no muy grande, pero lo suficiente como para que cualquiera se diera un chapuzón, pues por el color parecía ser profundo. No pudo evitar acelerar el paso y asomarse, había peces, parecían carpas, pero no podía estar segura, pues solo había visto aquella especie por la televisión.
Giró la cabeza tan rápido que el cuello chasqueó, quejándose por la brusquedad a la que fue sometido. Un ruido llamó su atención. Se levantó y caminó sin hacer ruido, bordeó el agua y cruzó por unos matorrales tan altos como ella, no pudo evitar el impulso de mirar, por lo que asomó la cabeza para ver quien era.
Vio a un chico, habría parecido normal de no ser porque el reflejo del sol que aún luchaba por salir no le iluminase. El color violeta oscuro de su pelo le delataba. Tenía una piel blanca y hermosa, tanto que sintió una punzada de celos en su orgullo femenino, pero su observación se vio interrumpida cuando apareció una cabeza frente a ella, a escasos centímetros de su cara. Otro chico de enormes ojos azules y pelo rubio y ondulado la miraba fijamente.
Cayó al suelo al intentar apartarse por la impresión, aquel dolor le pareció más real que la fría brisa. El muchacho rió alto, de manera estrepitosa.
 
—¡Lo siento mucho! —se apresuró a ayudarla a levantarse—No quería asustarte. Oye Zamza, mira quien está aquí.
 
Alexa aceptó la mano que le tendió, tenía una tez morena, y cuando se puso junto a ella, se fijó en su pequeña estatura, parecía ser apenas un niño de catorce años..
 
—Me llamo Morth —sonrió—, y él es Zamza.
 
—A… Axel —frunció el ceño pensando en que estaban riéndose de ella, ¿qué clase de nombres eran aquéllos?
 
—Lo sabemos —habló Zamza esbozando una sonrisa—, te vimos ayer.
 
Un poco incómoda por pensar en que eran “monstruos”, no hacía más que preguntarse mentalmente qué clase de extremidad les saldría a ellos. Aún así, se sentía cómoda, motivo por el que decidió sentarse con ellos junto al pequeño estanque.
No lo pudo evitar, necesitaba hablar con alguien, por lo que acabó contándoles todo lo que le había pasado, tal vez así, ellos la ayudarían a eliminar la oscura nube de confusión que acaparaba todo su ser.

Capítulo 3 Problemas
 
Ya casi era medio día cuando se dieron cuenta de que habían pasado varias horas allí a la intemperie. Hablar con ellos había ayudado mucho a Alexa, sobre todo a creer que no eran tan diferentes, y aunque estuvo a punto de sacar el tema de su forma física, prefirió no hacerlo.
Morth se levantó y Zamza le imitó. El pequeño se sacudió el polvo del que se había impregnado su trasero y suspiró profundamente mientras posaba los ojos sobre su nueva compañera.
 
—Será mejor que entremos, tengo mucha hambre.
 
—¿Te sentarás con nosotros en la mesa del consejo? —agregó Zamza con su voz pausada sin dejar de esbozar su eterna sonrisa..
 
Alexa les miró sin esconder su sorpresa, aunque si debía ser sincera, en el único que se fijo por completo era en el “presidente.”
 
—¿Lo harás? —continuó Morth emocionado—, quiero que me cuentes muchas cosas.
 
—En serio, no creo que sea una buena idea… —murmuró imaginándose la expresión de Darien.
 
—Digamos que este lugar se rige por jerarquías —comenzó a explicar Zamza, sin darle importancia—. Debes encajar en tu grupo, y de momento, parece que estás en el nuestro.
 
—Me da exactamente igual —rotunda, segura de sí misma, cruzó los brazos con cierto cansancio. Ya no solo tendría que dormir con él, también comer… era demasiado—. Sinceramente, no tengo ganas de que él me mire así.
 
—¿Te refieres al presidente? —asintió— Él es así con todo el mundo, te acostumbrarás.
 
Entraron los tres al edificio, camino hacía el comedor, donde se reunían todos para las comidas.
 
—Parece que llegamos los últimos —Morth dio un empujón a Alexa—, las puertas están cerradas.
 
Con una oleada de valor, su vergüenza quedó apartada a un segundo plano. Alexa puso ambas manos sobre las grandes puertas y empujó con fuerza. El sonido llamó la atención, el salón que la noche anterior había albergado la bienvenida, estaba ahora lleno de mesas y, cientos de cabezas se habían girado al mismo tiempo para ver quién venía tarde. Alexa no hizo caso de los cientos de ojos que la observaban, estaba demasiado ocupada buscando un sitio donde sentarse tranquila a comer, pero no había, al menos no fuera de la mesa del consejo.
 
—Prueba arece que yo gano —Morth se agarró a su brazo con una sonrisa—, seguro que Anya ha preparado tu sitio.
 
Mientras uno la arrastraba a regañadientes, el otro sonreía divertido por la escena. No pudo evitar mirar a Darien de refilón, no parecía percatarse de su persona, tal vez le daba igual su presencia, estaba concentrado hablando con la chica, que ahora Axela reconocía. Era la misma chica que había clavado los ojos en ella con cierta ira, y además era la única chica del consejo.
 
—Toma, prueba esto Axel —el más joven del consejo, que se había sentado a su lado, acercó un tenedor con un extraño fluido verdoso en el.
 
—No pienso… no pienso meterme eso… en la boca…
 
 
Morth rió tan alto que las mesas de alrededor observaron fijamente lo que ocurría. Él sabía que su “nuevo amigo” reaccionaría de aquella manera, pues todos los nuevos eran reacios a comer cosas que nunca habían visto.
El resto de la cena pasó sin muchos más incidentes.
 
—Es tarde, te será mejor irnos a dormir. Vamos, te acompañaremos —dijo Zamza con su habitual sonrisa.
 
Alexa lo agradeció, pues no estaba segura del todo de recordar el camino, y aunque aquello era lo ultimo que le apetecía, estaba tan cansada que supo que en cuanto tocara la cama, caería rendida ante el sueño. Había sido un día lleno de emociones, sorpresas y miedo que al fin acababa.
 
—Gracias por acompañarme.
 
—¡Ni lo menciones! ¿Quieres que mañana pasemos a buscarte para la reunión?
 
—Vale pero… ¿qué se supone que tengo que hacer yo?
 
—Principalmente apuntar cosas. ¡Adiós!
 
Les miró mientras se iban, solo había pasado un día, pero le gustó tanto su compañía, que sentía una pequeña punzada de tristeza por tener que separarse de ellos y volver a ver la cara de su compañero de habitación. Suspiró y cerró la puerta tras ella, cuando alzó los ojos, contuvo un grito de terror y sintió que las esferas que servían para ver, por poco salieron disparadas.
 
—¿Has visto un fantasma? —dijo arrastrando las palabras mientras posaba el puño derecho sobre su cadera— Quita esa cara y date prisa, estoy cansado y quiero apagar la luz ya.
 
—Va… vale…
 
Le hubiera gustado gritarle mil cosas, pero las palabras no salían de su boca, además, en un pequeño momento de lucidez, se dio cuenta de que si actuaba extraño, se delataría. La culpa, según ella, había sido suya por no pensar que aquello podría ocurrir, pero verle allí, a medio vestir, había sido una completa sorpresa.
Corrió a su maleta y rebuscó para coger el pijama que le había dado Axel, tenía que darse prisa o él acabaría desnudo. Estuvo a punto de caerse cuando se levantó, pues de manera muy desafortunada, su pie se enganchó con la tira de la maleta, puesta, desde luego, en muy mal lugar. Con la mala suerte de que en un acto reflejo, el presidente se movió sin tan siquiera pensarlo.
 
—Ten más cuidado, enano —gruñó moviéndola ligeramente en una especie de zarandeo—. Podrías romper algo…
 
Su voz se apagó, su ceño se frunció y su boca se quedó abierta. Le quemaba el cuerpo, ardía de tal manera que era como estar rodeado de fuego. Aquello no podía pasar, no debería pasar, porque quien le había tocado era un hombre, y aquel efecto solo lo provocaban las mujeres.
Apartó a Alexa de su torso pálido para mirarla, ella se aterró al ver aquella expresión, estaba estático. ¿Había notado lo que con tanto dolor y sufrimiento había escondido con las vendas?
 
Soltó la mano de su espalda y agarró con firmeza el rostro redondeado que le miraba con pánico. Se preguntaba muchas cosas, pero era imposible que fuese una mujer, él había leído detalladamente todo el informe sobre aquel muchacho nuevo, no podía haber dudas, además, era un colegio mixto, sería una tontería hacerse pasar por hombre cuando no era necesario.
Un tintineo resonó por todo su cuerpo. Empujó tan fuerte a Alexa que chocó contra la pared y gimió por el dolor que recorrió por su columna.
En el suelo sentada y con la espalda dolorida, vio como Darien dio unos pasos atrás, agachándose y agarrándose la cabeza con ambas manos, como si luchara contra algo que intentaba salir de su interior.
Un grito, estrepitoso y lleno de miedo rebotó en las paredes del cuarto cuando él cayó de rodillas, estaba cambiando, todo su aspecto se esfumaba. El pelo le creció un poco, volviéndose casi blanco, dos astas le salieron de la cabeza y una marca roja apareció, perfectamente dibujada en el costado, obre las costillas.
Alexa no podía moverse, solo meneaba la cabeza en gesto negativo, no podía ser real, no aquello, era demasiado para sus ojos.
“Me va a matar” dijo su mente, en un grito desesperado.

Cuando él al fin la miró, vio como sus ojos quedaron teñidos de color bermellón.
Darien se levantó como si nada, se miró las manos. Nunca le había pasado aquello, convertirse sin desearlo, luchar contra su propio cuerpo había sido agotador. Y aquel renacuajo había sido la causa. Pero no entraba en su cabeza la razón, su parte de Íncubo se había vuelto loca por un muchacho. No, desde luego, allí tenía que haber algo más, aquel enano escondía algo, y lo iba a descubrir.
Al ver cómo se iba acercando con rapidez, comenzó a tener convulsiones, podría haberle dado un ataque al corazón de no haber perdido la conciencia.
Alargó la mano, sentía una furia enorme por lo ocurrido. Apretó los dedos con fuerza, aferrándose a la camisa de Alexa y la levantó sin casi esfuerzo hasta casi pegar su cara a la de ella, observando cada rasgo de su cara. Era cierto que le había pasado por la cabeza, que para ser un muchacho tenía unas facciones suaves y afeminadas.
 
—¿Quién diablos eres? —murmuró.
 
Casi arrastras, para no tocarla más de lo necesario, la llevó hasta su cama y como si fuera una prenda de ropa la tiró sin cuidado. Sin pensarlo dos veces, alzó una rodilla y subió él también, posicionándose sobre ella con las piernas a cada lado, estaba dispuesto a cualquier cosa por descubrir la verdad, y desde luego, un Íncubo no tenía vergüenza ni reparos en hacer todo lo necesario.
Así, desabotonó la camisa de cuadros azulados y agarró la tela de la camisa gris que tenía debajo. La subió sin delicadeza, si era mujer, era evidente lo que encontraría debajo, pero no esperaba aquello, desde la parte superior del ombligo, vio unas tiras blancas, tan apretadas que la piel visible estaba roja como un tomate. Introdujo un dedo bajo la primera tira, era una venda firme, tanto que al hacer fuerza para tirar un poco, levantó unos centímetros todo el cuerpo de ella.
 
—Así que una mujer… ¿cómo es capaz de respirar con esto?
 
Suspiró, con sus preguntas respondidas la volvió a vestir, dejándola tal y como estaba. Ya no cabía lugar a dudas, era una mujer, ahora el problema era el porqué de todo aquello. ¿Qué razones tenía para actuar de aquella manera?
Pero no la delataría por el momento, si ella quería jugar, él le seguiría la corriente, no sabía dónde se había metido, pues intentar engañar a alguien como Darien tenía consecuencias.
 
Capítulo 4 No hay escapatoria
 
Los pájaros daban los buenos días justo cuando amanecía, avisaban de que haría buen tiempo, pues cuando cantaban de aquella manera, era porque el sol iba a brillar con fuerza.
Darien se levantó antes incluso de que los pajarillos cantasen, echó una mirada rápida a Alexa, recordando lo ocurrido el día anterior y abrió la ventana, dejando entrar la fría brisa de la mañana para que ella despertase. Después, se vistió y salió del cuarto sin hacer ruido, ya que imaginó que cuando ella despertase, seguramente estaría alterada. Y por supuesto, por las mañanas, él gozaba de un humor más agrio que de costumbre, y no quería empezar el día entre gritos.
No estaba muy confundido, cuando Alexa despertó, fue como si saliese del agua, respirando al fin tras estar a punto de ahogarse. Cogió tanto aire que le dolió el pecho y se agarró con tanta fuerza a las sábanas que se clavó las pocas uñas que tenía.
 
—¡Pero qué…!
 
Miró en todas las direcciones, buscándole en las zonas de la habitación que permanecían aún oscuras y tenebrosas. No estaba, o eso le pareció. Entonces, ¿había sido un sueño? “No, por supuesto que no ha sido un sueño…”
 
—Vale, esto es más de lo que puedo soportar. Acepto que haya gente con tres ojos, o con los dientes afilados como un tiburón. Pero lo de ayer… no, en absoluto. No pienso quedarme aquí —se levantó y corrió a recoger todas las cosas que estaban fuera de su maleta, aún medio llena—. Dios, cada vez que me acuerdo me da escalofríos…
 
Escalofríos, se dijo a sí misma, pero cuando miró a aquellos ojos tan extraños hubo algo más, y ella lo sabía, no estaba segura de qué, pero algo se revolvió en su interior, y cada vez que recordaba la manera en la que se acercó a ella, aquel sentimiento volvía a aflorar haciendo que todo su cuerpo se alterase.
Movió la cabeza de manera negativa, con fuerza, intentando sacar aquello para concentrarse. Miró por la ventana, era pronto, aún había bruma y todos, -o casi todos, pues la cama de Darien estaba vacía- estarían todavía durmiendo.
 
—Bien, ya tengo todo, ahora hay que salir de aquí pitando.
 
Cogió la maleta -que más bien era una bolsa de deportes- y se la colgó al hombro preparada para marcharse. Pensó que lo mejor sería salir pitando, pero no quería hacer ruido, y desde luego si alguien la veía, sería evidente lo que iba a hacer, pues nadie salía de paseo con todo a cuestas.
Con paso acelerado recorrió el pasillo, bajó hasta el piso principal y abrió la puerta, si debía ser sincera, admitiría que se le hizo eterno, y estaba tan nerviosa por la huida, que su corazón latía con tanta fuerza, que alguien podría escucharlo. Cuando salió al exterior creyó que se congelaba del fío, seguía con la camisa del día anterior, y la vista desde la ventana la había confundido, debía de haber una temperatura de tres o cuatro grados, pero no daría la vuelta.
Con agilidad, casi corrió hasta los primeros árboles que rodeaban el lugar, buscando protección. Pensó que lo más seguro era dar un pequeño rodeo, pues salir por la puerta principal seguramente le daría problemas.
 
—Vale, he visto el camino a unos metros… —calculó mirando a su derecha— Si sigo recto por aquí, debería llegar a la verja. La atravieso y adiós muy buenas.
 
Mientras caminaba entre la maleza y los árboles, pensaba en todo lo que había ocurrido desde que llegó. Casi le parecía una eternidad y solamente habían sido dos días, desde luego no diría lo que había visto, nadie la creería, no era tonta, ¿cómo iba a llegar a casa, abrir la puerta y decir que había visto un monstruo? Pero en su cabeza ni siquiera estaba segura de lo que eran, ¿Monstruos? ¿Demonios? ¿Mutantes?
 
Dejó caer la bolsa al suelo, tenía el hombro destrozado por el peso, y aprovecharía para descansar mientras observaba con atención la verja de color negro brillante. Tenía que trepar por ella, y nunca había hecho algo similar. El problema era que los barrotes -extremadamente finos- no dejaban lugar para apoyarse ni agarrarse.
 
—Debería buscar por si hay algún sitio mejor… —pensó— Tal vez sea mejor caminar siguiendo la verja. Si encuentro un árbol junto a ella, podía usarlo para saltar.
 
Esperó un par de minutos antes de volver a colgarse la maleta en el otro hombro y caminó siguiendo con atención la verja. Podría tener un golpe de suerte y encontrar un fallo, algún lugar en el que faltase un barrote para poder atravesarlo sin arriesgarse a abrirse la cabeza saltándola.
 
—¿Qué maldito tamaño tienes este sitio? —alzó la voz después de más de un cuarto de hora caminando— Es imposible que sea tan grande…
 
A medida que pasaban los minutos, su paso se aceleraba, poniéndose más y más nerviosa. De pronto, se paró en seco, gesticuló con la boca, haciendo evidente su frustración. Aquello era extraño, demasiado raro. Y si comenzaba a pensar en cuánto había caminado, ya eran varios kilómetros, así que la conversación con Anya volvía a su mente, ¿no podía salir?
 
—Estoy harta —movió la mandíbula y frunció los labios—, aunque me abra la cabeza, me da igual —agarró con fuerza la maleta y se preparó para alzarla al otro lado—. ¡Haya vamos!
 
Usó tanta fuerza como fue capaz y la lanzó alcanzando bastante más altura de la que habría imaginado, más allá de lo que la verja, pero extrañamente, pareció chocar contra algo que Alexa no veía, una especie de muro invisible y rebotó, volviendo por el mismo camino y cayendo sobre ella, que impresionada y paralizada no se movió y gritó de tal manera que escuchó el eco de su propia voz. Acabó en el suelo, le dolía el trasero un horror y la frustración parecía comérsela por dentro, de manera que comenzó a plantearse cavar un túnel para salir.
Se miró instintivamente las piernas mientras seguía en el suelo, había visto algo moverse. No hacía viento, pero la bruma parecía flotar con velocidad, como si fuera un río, y cada vez parecía haber más. Fue extraño, pues comenzó a sentir una fuerte somnolencia, los parpados le pesaban, estaba justo en el punto de entrada al sueño, en ese en el que todo parece irreal, el que te confunde con ambos mundos.
El crujido de una rama al romperse que no la sorprendió pero, que sí la obligó a ladear la cabeza tanto como pudo podría haberla asustado, pero en la situación en la que estaba, carecía de importancia. En la bruma apareció alguien, con una enorme sonrisa, brillaba como el sol. De cabello rubio y medio largo, se acercaba a paso tranquilo mirando fijamente a Alexa, que peleaba por mantenerse despierta.
“¿Una mujer?” se preguntó mentalmente sin fuerzas para hablar. Parece una modelo…”
 
—¿Intentando escapar? —escuchó Alexa, como si llegara aquella voz de muy lejos, desde luego no era una mujer.
 
Incapaz de levantar la cabeza, miró sus rodillas durante unos segundos hasta que al final él se agachó, apoyando la mejilla en la palma de la mano, a unos centímetros, observaba a Alexa con atención.
 
—No eres el primer novato que lo intenta —comentó, como si fuera algo banal—. Pero has tardado más que los otros en darte cuenta de que es algo imposible.
 
Ensanchó más su sonrisa, Alexa se preguntaba si ya estaba soñando, porque si no era una mujer, era un chico extraño. Demasiado hermoso y delicado. Darien también podría parecer una mujer si no fuera porque sus rasgos eran muy varoniles, y desde luego, no parecía en absoluto delicado ni afeminado.
 
—No… no puedo... —comenzó a balancearse de adelante hacia atrás, el sueño vencía y le pesaba el cuerpo, incapaz de sostenerse por más tiempo, se dejó caer, rindiéndose a un dulce sueño.
 
—Vaya, esto sí que es inesperado… —murmuró agrandando la sonrisa que ya tenía, mientras sostenía a Alexa— Creo que este curso será más interesante que de costumbre.
 
Sin dejar de sostenerla con un brazo, agarró la bolsa y se la colocó en el hombro. Parecía un chico delicado, pero llevó a Alexa y todas sus cosas como si pesaran sólo unos gramos.
 
Darien observaba desde la ventana del primer piso. Había estado a punto de ir a hablar con Anya sobre Axel, o como se llamase, porque era evidente que aquel no era su nombre. Aquella idea se esfumó de su mente, porque ella no había entrado allí por gusto, eso lo tenía claro, se había desmayado por la impresión cuando, la primera noche, vio a dos alumnos en su forma cambiada, y de nuevo, al verle a él cambiar de forma. Por lo que era completamente imposible que hubiese ido allí a investigar, además, él mismo había visto su informe de estudiante y la actitud de la directora frente al nuevo estudiante había sido irregular, estaba demasiado interesada en su llegada, y ella expresamente ordenó que se quedase en su habitación.
Mientras le daba vueltas y surgían más preguntas, se fijó en una figura saliendo de la maleza y portando a aquella mujer que tantos quebraderos de cabeza le estaba provocando.
 
—Sanael… —entornó los ojos con cierta molestia al ver aquello y se giró para bajar a la entrada principal.
 
Se quedó estático frente a la puerta, esperando que Sanael, entrase. No tenían buena relación, nunca la tuvieron, pues entre ellos existían sentimientos que iban mucho más allá del simple rencor, e odiaban mutuamente.
 
—Espero que me expliques qué está ocurriendo aquí… —enarcó una ceja en cuanto el rubio puso un pie dentro del edificio.
 
—He atrapado a un fugitivo, eso es todo. Creo que deberías ocuparte más de tu compañero de habitación, presidente —sonrió, haciéndole saber a Darien la manera en la que hablaba—, ya sabes que hay muchos peligros rondando.
 
Se miraron durante unos segundos, desafiándose mutuamente.
Todo el mundo sabía que la relación entre amos, mejores estudiantes y más populares, no era buena en absoluto. Los percances entre ellos eran algo habitual.
 
—Yo me ocuparé —dio unos pasos al frente para coger a Alexa, la mirada de Sanael no le transmitía nada bueno.
 
—Por supuesto, no te costará nada llevarle. No pesa nada, es casi como una mujer, ¿no crees?
 
—Creo que lo más andrógino aquí eres tú —respondió, sospechando de las palabras que acababa de escuchar.
 
Sin ganas de cruzar una sola palabra más con él, se apresuró en coger a Alexa junto con sus pertenencias, comenzó a subir las escaleras, sintiendo una amenazadora mirada que se clavaba en su espalda y una fuerte vibración recorriendo todo su cuerpo. En cuanto estuvo seguro de que estaba seguro de miradas indiscretas, aceleró el paso hasta literalmente correr para llegar a su habitación. El contacto con ella, aunque más leve que la noche anterior, comenzaba a causar efecto, pero al no ser directo podía controlarlo un poco más. Sin embargo, en cuanto cruzó el lumbral de la puerta, literalmente lanzó a Alexa más de un metro por los aires, cayendo esta sobre la cama y despertando de sopetón con un grito por la sorpresa a la que se sometió a su cuerpo en aquel momento.

Capítulo 5 Problemas.
 
Se revolvió en la cama como una culebra. Todos los sentimientos que no había sido capaz de expresar cuando estaba somnolienta afloraron repentinamente y se transformaron en pánico. Al ver la reacción de desesperación, Darien se lanzó casi sobre ella, intentando agarrarla para evitar que se diera un golpe o se hiciera daño a sí misma de alguna manera. Y ocurría de nuevo, el ansia de su parte de íncubo se revolvía en su interior, aunque con esfuerzo comenzaba a poder controlarlo, eso sí, siempre y cuando no fuera contacto directo con su piel, y aunque no sabía si podría, prefería no intentarlo.
Como si de pronto le hubieran lanzado un balde de agua helada, Alexa se paró en seco, con los ojos abiertos de par en par fijos en Darien, que fruncía el ceño con cierto enfado por la desmesurada reacción.
 
—¿Dónde… dónde está? —preguntó mirando a ambos lados.
 
—Te trajo y se fue. ¿Intentaste escapar? —su voz sonó un poco ronca— ¿Eres… estúpido? —hizo una pausa, pensando sus palabras, pues estuvo a punto de utilizarlas en femenino, pero se lo pensó mejor.
 
—¿Qué… qué esperabas? —miró hacía sus muñecas, donde la agarraba con fuerza— ¡No me toques monstruo!
 
Con enfado por la reacción que acababa de ver, se impulsó hacia delante, tirándola contra la cama y quedándose sobre ella, con los ojos fijos y una mirada tan oscura, que a Alexa se le cerró la garganta hasta el punto de que le costaba tragar su propia saliva.
 
—¿De quién crees que fue la culpa? —dijo entre dientes— ¿Acaso piensas que simplemente tenía ganas de asustarte?
 
No, él odiaba su parte de íncubo, la herencia de su padre era una maldición. Él no era como los demás, compartía de sus padres diferentes “habilidades” diferentes instintos. Y ella provocaba que salieran a la luz de una manera que nunca había sentido, de un modo salvaje y completamente difícil de controlar.
 
—Yo no… yo no te hice… nada…. —fue un susurro, casi inaudible. Darien vio como sus ojos se volvían brillantes, como si el miedo que sentía en aquel momento quisiera salir en forma de llanto.
 
La soltó de manera brusca y se sentó en el borde de la cama sin decir una sola palabra, pues en aquel momento tenía un cúmulo de emociones dando vueltas en su interior. Puso los codos sobre las rodillas y se sostuvo la cabeza con las manos,  pensativo, cansado y en cierto modo, confuso. Alexa se incorporó y le observó, no estaba segura de qué pensar acerca de él, no le conocía, y desde luego, no parecía alguien abierto. Le temía, no lo negaría, después de lo que vio le parecía algo lógico, pero verle en aquel momento, también provocaba un escozor de pena y simpatía. En su mente apareció algo, algo que no había pensado hasta aquel momento, algo tan sencillo y evidente que la dejó tocada. Tal vez llamarle monstruo había sido la causa de aquello, por supuesto que para ella lo eran, seres extraños, demonios… ¡Pero claro que tenían sentimientos! ¿Cómo no lo había pensado? Se sintió abatida y, en aquel instante, se dijo a sí misma que el único monstruo allí era ella, con una venda sobre los ojos, dispuesta a odiar y temer aquello que era diferente.
 
—Yo… siento haberte dicho eso… —hizo una pausa y continuó—No debí llamarte monstruo…
 
—¿Crees que eso me afecta de algún modo? —giró un poco la cabeza para observarla— Pensar que somos monstruos ahora es lógico, a todos los novatos les pasa. Pero cuando a ti te salgan tentáculos, seguro que cambias de parecer, ¿no crees? —alargó los labios, sonriendo mientras ella empalidecía por segundos.
 
—¿Estás de broma no? —tartamudeó mientras comenzaba a sentir náuseas— Eso no es posible…
 
—Claro que lo es, todo es posible con los nuevos. Solemos… hacer apuestas, ¿sabes? Sobre la forma que tendréis al final.
 
Se levantó de la cama, irguiéndose ante su triunfo al desarmarla por completo. En cierto modo se sintió un desalmado, ¿pero qué diablos? Él era medio íncubo medio vampiro, estaba en su naturaleza. Disfrutó unos segundos de la vista que tenía frente a él y después salió de la habitación, dejándola con abatida.
 
—Espera… —dijo de pronto al darse cuenta de la situación— ¿En qué diablos estoy pensando? Yo no soy como ellos… Axel seguramente sí…. tiene ese extraño don…. ¡Axel! —gritó, percatándose de un dato importante— ¡Cielo santo! Si Axel es como ellos, se acabará convirtiendo en un monstruo. Podrían… matarle…
 
Se levantó de la cama tan rápido que tropezó y se cayó al suelo de bruces, ¿qué debería hacer? Se preguntaba mientras volvía a levantarse. No podía salir, y desde luego no iba a volver a intentarlo, y decir que ella no era Axel sino su hermana… podría poner su vida en peligro. Y lo peor de todo, no podía acudir a nadie, pues podría poner la vida de ambos en peligro. En aquel punto, todo lo ocurrido, todo lo vivido, carecía de importancia, y llegó al punto de que fue incapaz de contener el llanto.
Comenzó a pensar en toda clase de soluciones, lo único que le parecía viable era intentar ponerse en contacto con su hermano, pero no sabía dónde estaba…
 
—Tengo… tengo que confiar en que sepa llevarlo… Axel, ten cuidado, por favor… —juntó las manos, como si le rogase a dios, mientras las lágrimas caían por sus mejillas.

Capítulo 6 Temores y sentimientos

Dos horas pasaron sin poder parar de llorar, había guardado tantos sentimientos, que ahora todos ellos salían al mismo tiempo. Tenía los ojos enrojecidos e hinchados, incluso le escocían las mejillas por sus propias lágrimas. Intentaba parar, pero era imposible, necesitaba sacarlo todo antes de que la destrozase por dentro, el caos en el que se había convertido su vida, comenzaba a vencerla.
Ahogó el llanto hundiendo la cabeza en la almohada, lo que menos deseaba en aquel momento era que alguien la escuchase, y para colmo, justo en aquel momento, la puerta sonó con unos fuertes golpes.

—¿Estás ahí Axel? —Morth la llamó— ¿Crees que ya se ha ido?

—Tal vez, vayamos a dar una vuelta, aún tenemos tiempo antes de la reunión.

Agradeció que se fueran, y se dejó caer sobre la cama. Más tranquila, miraba el techo de color blanco mientras aún caían lágrimas por sus ojos, aunque en menor cantidad. Seguramente, pensó, ya no podía soltar nada más.
No tenía apetito, el nudo formado en su estómago parecía estrangularla por dentro, lo único que quería en aquel momento era estar allí tumbada, tranquila y sobre todo, sola.

—¿Y el nuevo? —se colocó las gafas molesto, odiaba que la gente llegase tarde— Tenemos mucho que decidir, no pienso esperar a nadie.

—Tranquilo Estel, tal vez se haya perdido. Fuimos a buscarle, pero no nos abrió la puerta… —se quedó pensativo, preguntándose dónde estaría— di una vuelta con Zamza, pero no le encontramos.

Darien se recolocó en su silla, parecía incómodo. No podía evitar pensar que algo había ocurrido y el sentimiento de culpa le inundó durante un segundo. Aquella maldita sanguijuela comenzaba a colarse en su cabeza.
"Ella se lo buscó" dijo para sí "No debería de hablar de cosas que desconoce…" el darse cuenta de que comenzaba a darse escusas a sí mismo, le enervaba y sentía como la furia se apoderaba de su persona.

—No importa, comencemos ya —dictó el presidente, buscando un método para dejar sus pensamientos a un lado—. Empezaremos a organizar los eventos del primer trimestre. También hay que

—¡Mierda! Esto es más aburrido que ir a clase —estiró los brazos cuanto pudo y después se frotó el cabello de tono azulado.

—Ya hemos acabado por hoy Ren, además es hora de comer —juntó la pila de papeles y se levantó para estirar la parte baja de su vestido—. No sé para qu nos ponen un novato como ayudante, no ha servido de nada. No lo necesitamos.

La muchacha se irguió y salió con paso tranquilo de la habitación. Poco a poco, todos fueron saliendo, quedándose al final Darien solo y pensativo. Lo había intentado, pero durante toda la reunión no había podido dejar de pensar en ella, Axel, o cómo comenzaba a llamarla mentalmente, "la chica sin nombre." Suspiró y se levantó al fin, iría a comer, y la maldecía mientras se decía a sí mismo que si tenía que buscarla, se vengaría.

—No ha venido —Morth sacó la cabeza por el marco de la puerta antes de que Darien entrase al salón principal—, he preguntado, nadie la ha visto desde ayer… me preocupa un poco.

—¿Y por qué me lo dices a mí? —gruño apoyando un brazo en el costado y enarcando una ceja molesto.

—A parte de ser tu compañero de habitación, eres el presidente… —pareció incómodo reprochándole algo.

—Comamos, le buscaremos cuando acabemos —terminó, apoyando una mano sobre su cabeza y caminando hacía su sitio.

Alexa estaba en el baño, mirando su reflejo. Le sorprendía su expresión, estaba llena de tristeza y no lograba eliminarla. Preocupaciones y temores se habían agarrado alrededor de su corazón, ejerciendo una horrible presión que pensaba la ahogaría. Los ojos estaban más hinchados de lo que pensaba y tan rojos como le se hubiera dado un golpe. Y seguía decaída, terriblemente deprimida… no encontraba una solución a sus problemas, y no podía acudir a nadie, porque supuestamente ella era humana, de lo contrario, también le habrían mandado la invitación.

—Se hace tarde… —caminó hasta la ventana, el sol comenzaba a desaparecer, en aquel lugar, la noche duraba mucho más que en cualquier otro, por lo tanto, llegaba antes—. Él vendrá pronto… —pensó en Darien entrando, mirando su cara y mofándose de su horrible situación, no, no tenía ganas de aquello.

Salió de la habitación y comenzó a caminar sin rumbo, pues no conocía el lugar al que se dirigía. Subió barios trechos de escaleras, llegando a una zona que estaba literalmente vacía a excepción de varias pilas de muebles viejos. Parecía alguna clase de desván. Dio unos pasos, escuchando el eco provocado por sus zapatos contra la madera.
No estaba oscuro, la luna ya brillaba, iluminando la estancia a través de un ventanal del techo, impregnando todo de un tono azulado, casi mágico. Alzó la cabeza, mirando fijamente la luna, tan hermosa, pura y libre.

—Hace que sienta angustia… —murmuró alargando la mano y sosteniendo durante unos segundos la puertecilla de la ventana, preguntándose si sería bueno subir al techo— Sí.

Tuvo que arrastrar una vieja cómoda para poder llegar y salir por el hueco, que aunque ancho, estaba muy alto. Fuera, la brisa era fuerte, refrescante y tenía un olor especial, no pudo evitar cerrar los ojos y disfrutar de aquel momento, era como si el fulgor que la iluminaba le devolviera todas sus fuerzas. Simplemente era genial sentir su corto cabello volar con el viento, aunque en cierto modo, le recordaba a cuando lo tenía largo, lo extrañaba mucho.

—¿Qué crees que estás haciendo? —su voz sonó más ronca que de costumbre, pero con el susto que se llevó, ni se percató— Llevamos horas buscándote.

Giró la cabeza tan rápido, que todo su cuerpo se tambaleó, se había sentado en mal lugar. Por suerte, recuperó el equilibrio antes de que Darien se abalanzase en su ayuda, parándose a medio camino, con el corazón casi en un puño. Suspiró y terminó de acercarse.

—¿Qué te ocurre? —observó sus ojos rojizos— Has llorado como un mocoso.

Alexa apretó los dientes con fuerza, aquello era precisamente lo que había intentado evitar subiendo allí, sin embargo, no escuchó ninguna mofa, solo sintió una cálida mano aboyándose sobre su cabeza, en alguna clase de intento por reconfortarla.

—Los primeros días son difíciles, pero llegará un momento en el que no quieras irte —sin apartar la mano, se sentó. Alexa le miró asombrada por su tono de voz pausado, dulce e irreconocible, se asombró al ver una suave sonrisa en su boca, hipnotizándola—. Tienes que ser fuerte.

Se quedó con los ojos fijos en aquella visión, como si quisiera retenerla en su cabeza eternamente. La brisa había aumentado, revolvía su cabello lacio y a su espalda, le iluminaba la enorme luna que parecía más cercana que nunca, arropándoles. Apartó la mirada y metió la cabeza entre sus rodillas antes de que fuese tarde, porque comenzaba a sentir un fuerte fulgor en las mejillas, pero su intento se vio frustrado cuando cayó a un lado por la fuerza ejercida gracias a la mano que seguía sobre ella, y acabó con la cara pegada en su hombro y con los ojos abiertos como platos.
Estaba confusa, ¿Acaso quería reconfortarla? ¿A qué se debía aquel cambio radical?

Lo sabía, era evidente por su cara que había pasado horas llorando, la anormal hinchazón de sus ojos la delataba, y no pudo evitar sentirse culpable por lo que había dicho, y aunque cabía la posibilidad de que él no tuviese nada que ver en cómo se sentía en aquel momento, tenía que admitirlo, no era capaz de ver sufrir a alguien, por mucho que intentase esconderlo tras una pared de plomo.

—Volvamos, comienza a hacer frío —no estaba seguro de cuánto tiempo había pasado, pero la luna ya estaba en lo más alto y el viento era casi helado, podía sentir como temblaba ella levemente.

—Gracias… —aló la cabeza, para verle ya de pies estirando una mano hacia ella.

Se había preparado durante unos minutos mentalmente para aquel contacto físico tan pequeño. Sintió un escalofrío cuando cogió su mano pequeña y suave para tirar de ella y ayudarla a levantarse y que no cayese. Cuando Alexa sonrió en agradecimiento, vibró su corazón, desde luego que era una mujer, en aquel momento, ninguna chica le habría parecido más femenina en su vida.
La ayudó a entrar por el ventanal y lo cerró tras él, después caminaron hacía la zona de las habitaciones sin decir nada, pero sin dejar de pensar en todo lo ocurrido, resultaba extraño. Tantas discusiones para llegar a aquel punto.
En el fondo, Darien sentía cierta debilidad por ella, por la situación en la que se encontraba, le había dado tantas vueltas que se estresaba con tantas preguntas sin respuesta, por el momento, tomó la determinación de guardar en secreto todo y observar cómo evolucionaba todo.
Alexa, por otro lado, parecía un poco más confiada pensando en que no la odiaba, bastantes problemas tenía ya como para sumarle un sentimiento tan negativo a su día, sobre todo si compartía habitación con esa persona. Sin embargo, estaba tan asombrada por lo ocurrido que era como un sueño, pero supo que no duraría eternamente, él tenía un carácter difícil, y aún quedaba mucho tiempo por delante antes de acostumbrarse por completo.

 

Capítulo 7 Acostumbrándose al día a día


A la mañana siguiente tenía los ojos pegados por el sueño, pues no había dormido más de cuatro horas y se sentía completamente agotada. Cuando se sentó en la cama para estirarse, vio que Darien ya se había levantado, ya que su cama estaba perfectamente arreglada. Realmente era madrugador.
Se acercó a su maleta y pensó que ya era hora de deshacerla por completo, pero tenía que empezar las clases aquella mañana, así que decidió que dejaría aquella tarea para la tarde, por lo que cogió el uniforme, que aún no se había probado y se dispuso a bañarse y vestirse.
Cuando abrió la puerta, se quedó un poco asombrada, estaba oscuro y había vapor por todo el cuarto, creyendo que Darien se había dejado el grifo abierto, terminó de entrar, la ropa y la toalla se le cayeron de las manos cuando fijó la vista en la bañera, estaba dentro, no se había ido aún. Miró fijamente, no parecía sorprendido, mucho menos incómodo por la situación, tenía una mano sobre la frente, apartándose el largo flequillo mojado a un lado.

—¿Querías bañarte, renacuajo? —como si no ocurriese nada, salió y Alexa se tapó la cara por instinto.

No le veía, pero supo que se reía, porque el sonido que escuchó no dejaba lugar a dudas.

"¿Qué haces? ¡Se supone que eres un hombre… no te actúes así!" su ser interior comenzaba a alterarse, sin saber qué hacer. Mirar era imposible, y taparse de aquella manera o apartar la vista resultaba sospechoso.

Cerca, lo sintió y no pudo evitar alzar la cabeza unos segundos después, agradeció que llevase la toalla puesta.

—No sabía que eras tan tímido —disfrutó, pues sabía perfectamente el motivo que la llevaba a actuar como lo hacía—, te dejo el baño libre, pero si quieres un consejo, será mejor que cierres cuando estés dentro, nunca llamo antes de entrar.

Alexa se deslizó hasta que su trasero se pegó al suelo, llevándose una mano al pecho, parecía que el corazón se le saldría. ¿Qué había ocurrido? Aquello era demasiado extraño, toda la situación en sí resultaba fuera de lugar. Las situaciones como la que acababa de ocurrir la desarmaban y confundían, pero prefería aquel cambio, aquel acercamiento o lo que fuese, era mejor que pasarse el día discutiendo, sin embargo, se decía a sí misma que aún debía conocerle, no sabía cuando hablaba en broma, cuando lo hacía en serio… era una persona de difícil carácter y desde luego, realmente complicado de entender.
Pero se había fijado en su expresión, era como si en lo más profundo de sus ojos hubiera soledad, una tan grande que se expresaba a la perfección. Y por eso, no podía dejar de mirarle, de querer saber más de él y de sentir la necesidad de ayudarle.

El baño fue una de sus mejores experiencias de los últimos días. Tenía el pecho terriblemente dolorido, cuando se quitó las vendas se fijó que tenía toda la zona enrojecida, y supo que aquello le daría problemas futuros.
Una vez que acabó de bañarse, se miró al espejo con el uniforme puesto, le quedaba realmente bien, incluso parecía darle un toque más masculino, aunque era evidente que le sobraban un par de tallas, no resultaría incómodo.

—Hoy tenemos clases conjuntas —estaba terminando de abotonarse la parte superior—, pero la mayoría las tendrás con los novatos y los pequeños.

—¿Con los niños? —se ofendió— Tengo dieciocho años…

—Pero aún no has desarrollado tu poder. Solo asistirás a las clases de seguridad. Están divididas en cinco grupos, juntando a todos los alumnos. No sé porqué, pero Anya te ha puesto en el grupo uno.

—¿Qué significa eso? —no le dio mucha importancia a la pregunta que hacía, se concentró en ponerse los zapatos.

—Que será peligroso.

Esbozó una sonrisa un tanto macabra, sabiendo el efecto que tendría ella, querer aterrorizarla resultaba delicioso, y una distracción realmente buena. Antes de que saliese alguna pregunta de su boca, salió por la puerta alegando que era la hora del desayuno.

Entró tras él. Aún no había mucha gente, pero la mesa del consejo estaba completa, excepto por ellos dos. Alexa no conocía al grupo, solo a tres de sus seis miembros, siete, ahora con ella a bordo.
Se sentó junto a Morth, que gritaba emocionado por el inicio de las clases, y se sintió pequeña, extraña y fuera de lugar. La diversidad de las personas que la rodeaban era tan increíble que sin razón alguna, sentía una especie de vergüenza.

—Espero, chico nuevo… —apartó los ojos de su tostada y miró al chico que había frente a ella, no se había fijado el primer día, pero tenía el pelo tan extenso y hermoso como ella lo tuvo una vez. Usaba gafas y sostenía un libro sin nada en la tapa del que no apartó la vista— que no vuelvas a faltar a tus obligaciones —levantó un segundo la mirada del libro y afiló los ojos, como si tuviese alguna clase de rencor hacia ella, le provocó un nudo en la garganta—. No me gusta que me hagan esperar.

—No le hagas caso —Morth se apoyó en Alexa y sonrió— ser tan inteligente tiene sus consecuencias. Es muy quisquilloso en todo, sea lo que sea. Incluso la cosa más banal. Por cierto, él es Estel.

—En… encantado. Lamento lo que ocurrió… —se sentía intimidada con sus ojos fijos en ella, era como si el tono negro que tenían la absolviese, hizo un gesto con la cabeza, como si la perdonase.

Estuvieron casi media hora allí sentados. Poco a poco comenzaba a conocer al variopinto grupo. Todos parecían aceptarla sin problemas, todos a excepción de Eri, la única chica que visiblemente pertenecía al consejo y que parecía odiar a Alexa profundamente, pues cada vez que se miraban, la chica entornaba la mirada disgustada, haciéndole saber su incomodidad con su presencia.
El grupo comenzó a disolverse, aún había tiempo hasta comenzar las clases, así que Alexa siguió allí sentada, acompañada de Morth, con quien compartiría la mayoría de las clases.

—¿Qué es entrenamiento práctico? —miró la hoja que acababa de darle Anya.

—Es la clase de seguridad, estamos divididos en grupos de fuerza, por los peligros que conlleva, no se pueden mezclar alumnos —escuchaba y supo que se refería a lo que Darien le había comentado en el cuarto—, nos enseñan a usar nuestros poderes para defendernos.

—¿Estás de broma? ¿Peleas? —sintió un mareo, porque ella no tenía ni poderes, ni fuerza— ¿Por qué estoy en el grupo uno?

—Yo también me lo pregunto, no suelen meter a los novatos en nuestro grupo —todo el consejo estaba en el—, además de que tú, aún no has desarrollado el tuyo… es curioso, pero creo que te vendrá bien, será un entrenamiento intensivo.

Las cosas volvían a ponerse feas, porque ella era humana, ¿cómo diablos iba a sobrevivir? Intentó quitarse las preguntas de su cabeza y volvió a mirar el papel que tenía en las manos. Casi no había horas de clase, era extraño, solo cuatro horas diarias.

—Ahora tenemos… una hora de ¿…comportamiento?

—Nos enseñan a cómo comportarnos con los humanos. Hay gente que nunca ha visto uno.

—¿Lo dices en serio? —increíble, pensaba mientras abría los ojos de par en par. Había muchas cosas que no conocía— ¿Dónde vivís, bajo tierra?

—No ceo que estés preparado para eso. Bueno, vamos o llegaremos tarde.

Mientras seguía a su compañero, comenzaba a analizar todo y se preguntaba porqué necesitaría ella esas clases si aparte de humana, vivía entre humanos.

—En realidad, hay algunos como tú, a los que en comportamiento ayudan a habituarse mentalmente.

Aquello ya era otra cosa, y bastante necesaria según Alexa. Necesitaba habituarse, acostumbrarse y aceptar todo aquello cuanto antes para poder salir en busca de Axel y avisarle, porque estaría en peligro mientras tanto, no había tiempo que perder.
La clase no fue nada de otro mundo. La profesora, una mujer de mediana edad, se pasó la hora entera dándole una charla que le dejó bastantes dudas, pues no le aclaró gran cosa y no permitió que formulase ninguna pregunta. Tendrían un pequeño descanso y después tocaba el "entrenamiento práctico" durante dos horas.

Bajaba las anchas escaleras de piedra con confusión. Estaba oscuro, y la larga fila de gente que parloteaba creaba una atmosfera realmente extraña, al parecer, en el sótano estaba la zona en la que se llevaba a cabo la clase de entrenamiento.

—¡Te vas a sorprender!

Desde luego que se sorprendió, porque no esperaba encontrarse lo que se encontró. Atravesó la gigantesca puerta de metal y ante ella apareció todo un mundo, tan extenso que había una zona que parecía un pequeño bosque.

—¿Qué… qué es esto? —giró sobre su propio eje observando lo que parecía el cielo— ¿Cómo es posible? Estamos bajo tierra.

—Sólo es algo visual, no le des demasiadas vueltas —miró a su espalda y se encontró a Darien acompañado del resto del consejo—, de todas formas, quédate detrás.

Había siete profesores encargados de que no ocurriese nada fuera de lugar. Alexa hizo caso del consejo de Darien y se posicionó al final, observando con cierto temor.

—Tienes buen aspecto —un susurro tan cercano que el aliento expulsado con él, le causó un escalofrío.

Se giró y tardó un par de segundos en reconocerle, era él. El chico de la bruma, quién frustró su intento de huida. Ella le miró con desconfianza, pues podía ver en sus ojos y en su sonrisa algo que no terminaba de descifrar, su expresión burlona no le transmitía nada bueno. Frunció el ceño y no pudo evitar mirarle con reproche por lo que había hecho.

—¿No me conoces y ya me odias? –soltó una carcajada que atrajo las miradas de la gente cercana— Vaya, eres todo un hombretón, ¿verdad? —se acercó más, agallándola por el mentón.

—No te conozco, por lo que no te puedo odiar, pero lo que hiciste… —no encontraba las palabras adecuadas para expresarse, comenzaba a sentir unos fuertes nervios en el estómago.

De pronto sintió un empujón, perdió el equilibrio pero no cayó al suelo, sin embargo, cuando miró al frente, vio la espalda de una chica que tenía el pelo rubio, era curioso, porque la muchacha estaba con los brazos extendidos y él parecía divertido por la situación.

—¡No tienes permiso para tocar al consejo! —gritó con energía mientras que otras chicas se unían a ella.

Alexa se acercó para evitar que se montase un lío por su culpa, pero cuando poso una mano sobre el hombro de la chica, está hizo un extraño movimiento y acabó de rodillas en el suelo, con cara consternada y dejando a Alexa completamente perpleja, que preocupada, se arrodillo para ayudarla.

—¿Se… se ha desmayado?

—No te preocupes por Erika —Darien apareció, atraído por el barullo montado—, cada vez que alguien del consejo se acerca, se desmaya. Te acostumbrarás.

No estaba segura de si aquello era más extraño que ver un tercer ojo en alguien, pero jamás había conocía a alguien tan sumamente excéntrico. La muchacha debía de tener algún problema, pero de todas formas le agradecía su intervención en aquel momento tan incómodo, pues gracias a ella, ahora el muchacho rubio estaba lejos, aunque vigilante.

 

Capítulo 8 Poder

 
Uno de los profesores comenzó a realizar una explicación seguida de varias normas de seguridad que Alexa no entendió en absoluto. Usaba términos extraños refiriéndose al autocontrol y cosas similares, así que aquellos primeros veinte minutos se le hicieron agotadores.
 
—Vamos a soltar un nivel cuatro —escuchó un grito por parte del profesor que había dado la explicación—, ser cautos, no quiero que nadie se quiera hacer el héroe. Estáis aquí para aprender, aunque seáis del primer grupo, eso no significa que podáis con él ni que seáis invencibles.
 
Curiosa por saber a qué se referían, adelantó su posición hasta lo suficiente para poder observar. Se asomó entre dos personas, vio que todos los miembros del consejo miraban tranquilamente desde la primera fila, si estaban tan tranquilos, no podría ser nada malo. Después miró en dirección a los siete profesores, seis de ellos estaban de rodillas, entre ellos había un espacio de más de tres metros, en formación circular. y con las palmas de las manos sobre el suelo. El séptimo estaba de pie y con los brazos en jarras.
 
—¡Adelante! —ordenó.
 
Solamente dos segundos después, Alexa vio que en el suelo comenzaba a brillar una luz rojiza, muy luminosa y aunque no podía distinguirlo bien, parecía formar alguna clase de figura. Hipnotizada, sacó su cuerpo hasta adelantarse a los primeros lugares, era casi como si la luz la llamase.
El color rojo comenzó a difuminarse, cambiando a un tono negro y dejando ver cómo un bulto enorme salía de la piedra del suelo.
Saltó del susto y de la impresión cuando vio un enorme brazo blanco como la nieve salir de la nada, golpeando el suelo con la palma y haciendo saltar las pequeñas piedras que había alrededor.
No parecía humano, sino alguna clase de monstruo.
 
—¿Qué… es…? —susurró para sí.
 
Haciendo presión contra el suelo, comenzó a salir la cabeza del ser, tenía una enorme boca llena de sientes afilados, los ojos negros y alargados y algo que parecía pelo, pero era imposible que lo fuese por su extrañeza.
Se quedó literalmente con la boca abierta, todo el miedo que había sentido desde su llegada, quedaba en un segundo plano cuando la mitad del cuerpo de la bestia salió, debía de medir al menos cinco metros.
El profesor que se había mantenido de pies, hizo un movimiento y otra luz le rodeó a él, una de color blanco luminoso. Dijo algo que Alexa no entendió y de la luz del suelo salieron en dirección a la bestia dos enormes cadenas que se dirigieron a los desproporcionados brazos de aquella cosa, como si la atasen para impedirle moverse. El metal tintineaba, provocando un sonido extraño, y algunos estudiantes se pusieron nerviosos de tal manera, que dieron varios pasos hacia atrás.
De pronto, el profesor que había invocado las cadenas cayó al suelo, apoyándose con una rodilla, lo que alertó a la gente de que algo no iba bien.
 
—¡Se ha roto el sello! —gritó otro de los profesores cuando la luz que habían creado desapareció.
 
Cuando salió por completo, alzó la cabeza y profirió tal grito que Alexa se quedó helada. “No puede ser real…” pensó “Algo así no puede existir, de ninguna manera es posible…” un temblor recorrió su cuerpo en el momento en el que el ser giró la cabeza, la miraba fijamente, tan fijamente que se quedó completamente paralizada. Volvió a gritar y giró su cuerpo, quedándose frente a ella a unos trece metros de distancia. Dio un paso y los profesores comenzaron a reaccionar, pero nada de lo que intentaban parecía efectivo. Después de que caminara un par de metros, estiró los brazos y volvió a gritar, las cadenas que le apresaban se rompieron en mil pedazos y cuando se vio liberado, comenzó a correr con los enormes ojos negros fijos en Alexa.
Todo parecía ocurrir a tal lentitud, que casi parecía estar escena a escena. Quería moverse, pero algo no la dejaba, su mente parecía negarse, y su cuerpo aceptaba la orden. Los estudiantes que la habían rodeado segundos antes corrían despavoridos gritando toda clase de cosas, y los profesores perseguían al monstruo, ella habría jurado que estaban diciéndole algo, seguramente que corriese, pero solo podía escuchar los horribles sonidos que salían de aquella enorme boca.
Cinco metros, tres metros… el temblor de su cuerpo aumentaba, ¿iba a morir?
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, alargó el desproporcionado brazo hacia ella, pero hubo una pequeña explosión que desvió varios grados el ataque. Alexa tenía las manos en la cara y sus dedos temblaban, pero cuando no sintió nada sobre ella, los apartó para observar frente a cuatro imponentes figuras que reconocía, sin embargo, su aspecto era diferente.
 
—¡¿Estás bien?! —era Darien, con aquel extraño aspecto, pues volvía a tener el pelo blanco y los cuernos salían de su cabeza, en aquel momento no le temió.
 
—Es un nivel dos —observó Estel, a quien le habían aparecido una serie de marcas en el rostro, Alexa se fijó en que todos las tenían en diferentes partes y de diseño similar pero no igual.
 
Morth tenía lo que sin duda alguna eran orejas sobresaliendo de su pelo y una fina cola desde la parte baja de su espalda, Zamza, a su lado, tenía unos rasgos similares.
Podía haberse asustado de tal visión, tan extraño para ella, pero el único efecto que tuvieron en su cuerpo fue el contrario. Se sintió a salvo, completamente protegida. Justo en aquel momento en el que les observaba embobada se asustó, dando un paso atrás cuando un brazo se estiró frente a ella, al nivel de sus ojos, cuando se fijó mejor, vio que era Eri, la cuica que parecía odiarla tanto también parecía estar dispuesta a protegerla, pero su aspecto era normal, al otro lado estaba Ren, el último miembro del consejo con el que aún no había hablado pero sí observado, un muchacho intrépido y alocado de pelo azulado.
 
—¡Preparaos! —gritó Darien alzando el brazo y estirándolo. Una luz rojiza lo rodeo y las extrañas marcas de su cuerpo, del mismo color, parecieron moverse, llegando hasta la punta de sus dedos— Los profesores atacarán por la espalda, ¡hagamos que retroceda!
 
Los cuatro al frente cambiaron sus posiciones, preparándose para enfrentarse a la bestia que seguía gritando, visiblemente molesto porque se habían interpuesto en su camino. Al mismo tiempo, en los otros tres también aparecieron luces de diferentes colores, violeta, azul, blanca… Eran tan hermosas que relajaban el tembloroso corazón de Alexa.
 
Sin duda, le habría gustado salir corriendo de aquel lugar, pero no podía, casi creía que no quería dejarles allí, pero ella no podía hacer nada. Observó como los cuatros corrían hacia la bestia, Darien saltó tan alto que llegó a la altura de esta y, con el brazo totalmente estirado, le golpeó justo en el momento en el que la luz rojiza que le rodeaba se volvía más intensa. Un estrepitoso gruñido se alzó acallando los gritos de los profesores, que intentaban crear una formación circular para rodearle.
Estel se paró a dos metros de distancia, dejando que Morth y Zama realizaran un ataque conjunto soltando varios golpes. Su rapidez era algo inimaginable.
 
—¿Podrás hacerlo? —una profesora se posicionó junto a Estel.
 
—Por supuesto que sí, ¿quién se piensa que soy? —su tono arrogante no escondió la molestia por la duda de la profesora— ¡Que aten a la bestia, le mandaré a dónde pertenece! —se llevó una mano a la espalda y sacó el libro que Alexa vio, aquel sin portada.
 
—¡Noa! —llamó la profesora— ¡Preparaos, ahora es el momento!
 
Con gestos, el profesor que ya había usado aquel poder de invocar las cadenas alertó a los otros profesores para después correr hasta Darien y decirle algo.
En un segundo ya estaban preparados. Zamza y Morth seguían distrayendo a la bestia mientras soltaban golpes, los profesores se habían posicionado en un nuevo círculo y comenzaban a hacer aparecer de nuevo la luz roja. Mientras tanto, Darien y el profesor llamado Noa estaban a cada extremo, igual de concentrados que el resto.
 
—¿Qué hacen? —no puedo evitar la pregunta, pues todo aquello resultaba incomprensible para ella.
 
—Mandar al monstruo a donde debe estar —habló Erin con ella, por primera vez—, pero esto va a crear barullo.
 
—Desde luego —Ren alargó el brazo poniéndolo sobre los hombros de Alexa, en signo amistoso—, no es muy normal lo que ha pasado hoy.
 
No preguntó nada más, pero era evidente que aquella situación era nueva para todos, se alegró de que aquella clase no fuera siempre de aquella manera. Sería insoportable para su corazón.
 
Había tantas luces rojas y negras que hipnotizaban. Las cadenas aparecieron una vez más, apresando sus brazos, por lo que comenzó a revolverse enfurecido. Darien parecía hablar, movía los labios y tenía los ojos cerrados pero no decía nada, cuando acabó, otras dos gruesas cadenas salieron disparadas, rodeando en enorme cuello del monstruo e impidiéndose moverse con la libertad de la que había gozado. Justo en aquel momento, los profesores que formaban el círculo volvieron a hacer que la luz negra apareciese, rodeándole y provocando que volviera a hundirse en la tierra bajo sus pies. Poco a poco desapareció entre gritos de disgusto.
 
—¡¿Estás bien?! —Morth corrió hacia Alexa justo cuando la cabeza de la bestia desapareció y todos quedaron libres— ¿Te ha hecho algo?
 
En cierto modo bloqueada, ella movió la cabeza de forma negativa. Había demasiada información en su cerebro que debía procesar y seguramente tardaría horas.
 
—¿Qué diablos ha pasado? —el grupo miró al profesor, tenía cara de cansancio y preocupación— En mi vida había visto algo así, ¡cielo santo! Tengo que ir a ver a Anya.
 
—Sí, desde luego debemos investigar —respondió Darien, caminando junto a él y volviendo a su aspecto humano—, yo tampoco había visto algo así. Un nivel dos… es demasiado raro.
 
Nivel dos, nivel cuatro… Alexa quería preguntar qué significaba aquello, de dónde provenía el monstruo y si lo que habían hecho era alguna clase de “magia”. Pero desistió por el momento, al menos hasta que hubiese puesto en orden lo que actualmente tenía en la cabeza.
 
—Creo… que necesito descansar —se llevó una mano a la cabeza, le dolía terriblemente.
 
—Sí, demasiadas experiencias para ser tu primera vez.
 

Capítulo 9 Profundo

 
Habían pasado unos días desde el incidente, y las dudas seguían sin resolverse. Por una parte, Alexa había intentado por todos los medios que alguien que explicara algo, pero era tan complicado, que Morth, por ejemplo, ponía cara de consternación y sonreía nervioso, alegando que no encontraba las palabras adecuadas para decírselo. También lo intentó con Darien, pero había vuelto a estar distante desde aquel día y se limitaba a gruñir, casi siempre que Alexa le miraba, parecía pensativo. Hasta que llegó un momento que lo dio por imposible y se dedico a seguir su día a día, habituándose cada vez y sintiéndose más a gusto en aquel extraño entorno.
 
—Tengo que hacer un trabajo sobre algo llamado “Einhar” —puso una mueca mientras miraba a Zamza—. ¿Qué diablos se supone que es eso?
 
—No te preocupes —sintió un empujón por parte de Morth—, a todos los novatos como tú les mandan el mismo trabajo. No podemos ayudarte, tienes que buscar la información solo.
 
—¿Cómo se supone que voy a encontrar algo de lo que ni me suena el nombre?
 
—Te parecerá raro —se colocó el pelo violeta y sonrió—, pero este lugar dispone de una amplia y vacía biblioteca que seguramente saciará casi todas tus dudas.
 
Sin decir una sola palabra, Alexa corrió hasta el final del pasillo, cuando se alejó varios metros, se dio la vuelta con la cara un poco roja por el repentino esfuerzo y grito.
 
—¿Nadie pensaba decirme nada?
 
—Vete por la derecha y sube todas las escaleras que veas —contestó Morth riendo.
 
Volvió a salir corriendo, era como si tuviese que llegar cuanto antes, como si su vida dependiera de ello.
Simplemente unió las cosas. Una biblioteca en un lugar como aquel no guardaría los típicos libros de historia, tal vez leer todo lo que allí encontrase sería de ayuda en sus planes, ¿podría comprender un poco mejor aquel nuevo mundo abierto a sus ojos?
 
—Cielos… me quedo… sin aire… —intentó articular mientras luchaba por respirar— ¿Pero por qué corro tanto?
 
Su impulso la sorprendía, no salía ser así, una chica que se dejase llevar por sus emociones, pero aquella vez la venció el ansia, desde luego ya no solo era el hecho de querer salir y ayudar a su hermano, quería saber, conocer lo que escondía aquel oscuro mundo.
 
La puerta chirrió, desde luego no la solían abrir a menudo. En un primer vistazo no parecía muy grande, pero el olor a libro viejo resultaba reconfortante.
Dio unos pasos y caminó observando las altas y antiguas estanterías estaban repletas de tomos sin nombre, y la luz era escasa.
 
—¿Cómo se supone que voy a encontrar lo que busco si no tienen nombre? —siguiendo en línea recta  acarició los lomos con un dedo— “Einhar”
 
—Junto a la ventana —brincó del susto—, a la derecha, cuarta fila, color negro.
 
Su corazón podría haber salido disparado en aquel momento. Se dio la vuelta y no encontró unos ojos fijos en ella, parecía más entretenido el libro que sostenía en las manos, ¿cuántas veces lo había leído?
 
—Estel… —se acercó a la mesa en la que estaba sentado, no la miró en ningún momento— No sabía que estabas aquí. Pensaba que no había nadie…
 
—Nunca suele haber nadie, por eso me gusta —cerró el libro y alzó los ojos al fin— ahora parece que ya sois dos.
 
—¿Dos?
 
—Darien suele pasar muchas horas aquí —alargó una sonrisa—, me da la sensación de que busca algo, pero no consigo sacarle nada.
 
Sorprendida de que hablase tanto, no pudo evitar poner una mueca. Aquel chico no destacaba por hablar, siempre estaba inmerso en su lectura, y sin embargo, se enteraba de absolutamente todo lo que ocurría a su alrededor, pues hacía comentarios en casi todas las conversaciones, de todas formas, era la primera vez que le escuchaba tantas palabras seguidas.
Agarró  el lazo con el que tenía la extensa melena atada y lo soltó de un pequeño tirón, acto seguido se levantó y volvió a mirar a Alexa.
 
—Ven por aquí.
 
La guió. El lugar le había parecido pequeño en un primer momento, pero las estanterías estaban dispuestas de tal manera que parecía un laberinto. Dieron varias vueltas, girando de un lado para otro y unos minutos después, llegaron a la ventana a la que se había referido momentos Estel. Cogió el libro de color negro y lo apoyó contra sus labios, dándose la vuelta para mirar a Alexa.
 
—¿Te han puesto el trabajo sobre Einhar? —asintió— No debería ayudarte… es algo que debéis hacer completamente solos.
 
La preocupación comenzaba a invadirla. ¿No le daría el libro? Estel era un estudiante modelo, el primero de todo Hollow, los rumores sobre él eran muchos, y desde luego se solía ceñir siempre a las reglas.
 
—Haré una excepción por esta vez —al escucharle se relajó—. Parece que al fin vino un novato interesante.
 
Alexa no pudo evitar alzar una ceja confusa, ¿acaso se había convertido en una clase de “persona a la que observar”, o tal vez tenía algo extraño de lo que ella misma nos e daba cuenta? De todas formas no le parecía algo importante, quería hacer aquel trabajo y aprender un poco más.
 
—Que sea una excepción no te exime de tener que pagar —alargó el brazo, pero cuando Alexa intentó coger el libro, no lo soltó—, los favores se devuelven, y en este caso… digamos que estoy rompiendo las reglas. Entonces, ¿aceptas?
 
—Vale —dijo sin darle importancia, pues le parecía lógico.
 
—Entonces empecemos.
 
Aquello no se lo esperaba, creía que su ayuda se limitaría en darle el libro, pero no era así. Parecía dispuesto a ayudarla con todo el trabajo. ¿Aquello subiría el precio de la deuda?
 
Se sentó en una mesa junto a la ventana y abrió el libro, se quedó con la boca abierta, tuvo que pasar varias páginas incrédula, la mayoría de las páginas estaban escritas en algún idioma que nunca había visto. Otras sí las entendía, pero eran tan pocas que desilusionada, pensó que no servirían de mucho.
Solo habían pasado unos minutos y ya sentía la espalda agarrotada, seguramente debido a los nervios, en aquel momento había dado cualquier cosa por que aquel banco tuviera algo donde apoyarse. Y de pronto lo tuvo, sintió un repentino calor y unos mechones oscuros que caían por su hombro, resbalándose hasta caer sobre la mesa.
Giró un poco la cabeza asombrada por lo que estaba ocurriendo.
 
—Te ayudaré a leer —sonrió por segunda vez, resultaba tan raro que alguien tan serió como él utilizase aquel gesto, que en cierto modo llegaba a ser siniestro.
 
Notaba como se le creaba un nudo en la garganta cuando se pegó a su espalda, alzó las manos y las colocó a ambos lados de su cabeza, rozando las mejillas y las orejas. No era incómodo, pero no estaba acostumbrada a tal cercanía por parte de nadie que no fuera Axel.
 
—Mira el libro —un susurró cercano la sacó de sus pensamientos. Haciendo caso, guió sus ojos a la página que estaba abierta.
 
Las letras brillaron durante unos segundos, comenzaron a cambiar, a transformarse. Era una visión tan hermosa que no puedo evitar dibujar una sonrisa ante aquello. Poco a poco comenzaba a comprender cada palabra y cada frase, y una vez toda la página hubo cambiado, era capaz de leer.
 
—¡¿Cómo lo has hecho?! —quiso mirarle, pero la presión de sus manos se lo impidió.
 
—Digamos que es un truco de magia —se acercó, apoyando la barbilla casi sobre ella y mirando el libro—, he de admitir, que siempre me sorprendo a mí mismo.
 
—¡No es para menos! —Alexa era incapaz en aquel momento de disimular la repentina emoción que sentía, jamás habría imaginado tal cosa, pero después de todo lo que había visto desde que llegó, podría parecer una minucia.
 
El sol comenzaba a dejar entrar por la ventana un color anaranjado. Alexa no había descubierto mucho, pues aquel libro hablaba de una historia sobre dos amantes en un mundo oscuro. Sin embargo, le había parecido tan hermosa y extraña, que no se disgustó. Era una pena que aquel libro permaneciese escondido en aquel lugar. Y le molestaba no poder continuar leyendo, pero se hacía tarde y su estómago comenzaba a quejarse por el hambre.
Con lo que había podido leer, ya era capaz de comenzar el trabajo, pero necesitaría acabarlo, ya no solo por sus obligaciones, sentía demasiada curiosidad sobre el final del relato.
 
Estel la acompañó parte del camino y la despidió antes de entrar al comedor diciendo que tenía algo que hacer antes de cenar. Contenta, Alexa se dio la vuelta y comenzó a caminar a paso rápido bajo su atenta mirada.
 
—Extraño que no pueda leer el libro… —dijo sin dejar de observarla— Al menos, podría disimular su olor… es tan evidente que da risa.

Capítulo 10 Confusión

 
De vez en cuando, se creaban grupos con alumnos de diferentes niveles para practicar algún deporte. Parecían darle mucha importancia al cuidado físico, pero no era de extrañar si debían enfrentarse a monstruos como el que Alexa tuvo que ver días atrás. También se enteró de que una vez al año había un festival de una semana de duración en el que había pruebas físicas entre otras cosas.
 
Miró el ancho campo con cierto miedo, era diferente, más luminoso y sin ningún tipo de vegetación. Sí, no tenía duda, había bajado por las mismas escaleras, estaba en el lugar donde habían invocado al monstruo. Suspiró e intentó relajarse mientras diferentes grupos de alumnos formaban grupos ante la atenta vigilancia de los profesores. Ella buscó con la mirada alguna cara conocida, pero había mucha gente.
De pronto, tuvo una extraña sensación, algo siniestro a su espalda. Cuando se giró para ver lo que había, no lo pudo creer, leyó varias veces el cartel ancho que sostenían aquellas chicas que no conocía, no a todas, pero sí a una, Erika, la muchacha excéntrica que se había desmayado estaba comandándolas.
 
—Oh, cielos… —incrédula ante la visión, no pudo evitar poner un gesto de susto.
 
El grupo de ocho se había tomado un tiempo para crear carteles de apoyo, en ellos podían leerse frases como: “Estamos contigo Axel”, “El club de fans del consejo con Axel”… y cosas similares. No le molestaba, pero resultaba embarazoso, tal vez no estaba acostumbrada a estar en la mira de la gente.
 
—Te has vuelto muy popular pequeño —apoyó todo su peso sobre ella, Ren cambió su expresión mirando al grupo—. ¿No me animáis a mí? Me siento desolado…
 
Tras hacer un gesto teatral, en el que se llevó una mano a la cara fingiendo que estaba abatido, las chicas comenzaron a revolotear y a sacar cosas de las bolsas que llevaban, al parecer, habían venido preparadas porque no tardaron más de un minuto en sacar otros carteles con el nombre de Ren. Alexa dio unos pasos al frente, acercándose a ellas.
 
—N…no es necesario que hagáis esto… —en el fondo se sentía mal, porque aquellas chicas no conocían la verdad de su situación— De verdad que os lo agradezco pero… son demasiadas molestias.
 
—¡Haremos el mejor cartel para el festival! —gritó en respuesta Erika, alzando una mano y animando a sus compañeras— ¡Todas con Axel! ¡Repetid: Te queremos Axel!
 
Alexa empalideció ante aquellas muestras entusiastas de amor, pero era tan extraño tener un club de fans tan eufórico, que la vergüenza pronto se llevó el tono pálido de su piel para enrojecer toda su cara.
 
—Será mejor que no les hables así… —Ren se acercó a su oído para susurrar y que nadie escuchase— Si eres amable con ellas, te perseguirán por todos sitios. Créeme son capaces de cualquier cosa, te aseguro que mañana habrá fotos tuyas.
 
—¿Fo…fotos?
 
—Tienen una especie de revista.
 
Aquello no le gustó, tendría que estar alerta para mantener su secreto oculto de aquellas chicas. Desde luego estaban totalmente locas, ella jamás habría actuado así por nadie, le parecía excesivo. ¿Qué clase de persona hacía aquellas cosas tan bochornosas? Aunque también era cierto que Erika era capaz de desmayarse por un simple roce… De todas formas hacía tiempo que había llegado a una conclusión, la gente de aquel lugar en su mayoría, era muy diferente a la de fuera.
 
—No soy muy buen… —se atragantó, pues estuvo a punto de decir la palabra en femenino— bueno…
 
—Tranquilo —rió alto mientras la zarandeaba con suavidad sin dejar de sonreír—, solo es por movernos un poco, no es necesario ganar. Con suerte estaremos en el mismo equipo.
 
Ren se marchó corriendo cuando un grupo de chicos que ya calentaban le llamaron, corrió hasta ellos eufórico, aquel chico siempre estaba lleno de energía. Alexa sentía una pequeña punzada en envidia por su continua felicidad, siempre alegre y positivo, era un imán para la gente.
Se quedó allí mirando a su alrededor un rato, tenían casi media hora libre hasta comenzar los ejercicios, pero decidió ir tras Ren cuando sintió la presencia del club de fans del consejo a su espalda, sentirse tan observada resultaba un poco incómodo. El grupo de chicos se alegró de su llegada, y le ofrecieron unirse a ellos para jugar un rato, ella lo rechazó, pues prefirió sentarse a verles y guardar sus energías para cuando fuera necesario, nunca había tenido fuerza física ni aguante para el ejercicio, aunque tampoco era algo que le apasionase.
 
Al final acabaron en el mismo equipo, en el grupo que jugaría a futbol. Alexa pensó que por fin tenía un poco de suerte, no sabía jugar, pero había visto tantas veces a su hermano practicar aquel deporte, que lo conocía muy bien, pues casi todos los sábados jugaba con su equipo y ella observaba desde el público.
 
—¡Con Ren en el equipo, ganamos seguro! —entusiasmado se abalanzo sobre el susodicho.
 
—Por supuesto, ¿quién crees que soy? —empujó al chico sin dejar de sonreír y se acercó a Alexa— Oye pequeñín, tú tranquilo, yo ganaré por los dos. Tenemos que dejar a los miembros del consejo en buen lugar —ella afirmó con un gesto.
 
Estaba casi segura de que sin su ayuda podrían con el partido, aunque por supuesto, si el balón se acercaba a su posición intentaría hacer todo lo posible por impedir que acabase en la portería que ella debía defender. Todo parecía claro en su cabeza, pero cuando miró a ambos lados y vio todos aquellos ojos observando el campo, se sintió pequeña y en cierto modo, torpe.
 
“Tranquila, es un juego. Disfruta”. Su mente quería animarla, pero no podía evitar ponerse nerviosa, ya que sabía que no era buena en los deportes.
 
El silbato sonó dando comienzo al juego. Todo iba bien, Ren era realmente rápido, así que no parecía que el balón fuese a estar demasiado cerca de ella, por lo que se quedó allí disfrutando del juego que estaban llevando a cabo sus compañeros.
 
—¡Es hora de ponerse serios! —gritó a su equipo un chico rubio con cara de pocos amigos mientras corría a toda velocidad hacia el balón.
 
Chutó de tal manera que la bola cruzó el campo entero sin que nadie fuese capaz de alcanzarlo, Alexa lo observó, casi a cámara lenta. El efecto que tenía parecía darle vida y voluntad para moverse a su antojo. En su cabeza sólo se preguntaba por qué diablos no podía ser normal, un simple partido.
Antes de que fuera capaz de moverse, el balón pasó a su lado, rozando su mejilla lo suficientemente cerca como para que sintiera un dolor, iba tan rápido que cayó al suelo un par de metros hacia atrás, porque al fin y al cabo, ella era diferente, era humana, y la fuerza que desprendía aquel objeto la dejó fuera de juego.
Abrió los ojos, era como si un yunque le hubiese caído encima. Veía pies moviéndose con rapidez hacia ella, y voces que sonaban muy lejos de allí. Un zarandeo, un movimiento brusco y acabó bocarriba, vio a Ren, estaba borroso, pero le reconocía. Durante unos minutos, no sabía lo que había ocurrido por el aturdimiento.
 
—¡Axel! —llamó Ren, agarrando con ambas manos su cara— ¡Despierta tío! ¿Estás bien?
 
Uno de los profesores se acercó para ver qué ocurría. Examinó los ojos de Alexa y ordenó a Ren que la llevase ante el doctor, no parecía grave, pero era mejor prevenir.
 
Un pequeño sentimiento, un brinco en su corazón. Cuando Ren cogió a Alexa en brazos se quedó estático, mirándola fijamente. Se sentía extraño, nunca le había ocurrido nada similar. Pesaba tan poco y tenía una cara tan angelical, que algo se revolvió en su interior.
Si no hubiera sido porque el profesor le apremió, se podría haber quedado allí horas.
Ya en la enfermería, Ren dejó a Alexa sobre la mullida cama blanca y se sentó en la silla de al lado. No podía quitar los ojos de ella, se inclinó, apoyando los codos sobre las rodillas mientras fruncía el ceño confuso.
 
—¿Qué me pasa? —preguntó en alto acercándose un poco más.
 
Apoyó el dedo índice en la mejilla de Alexa, hundiendo un poco la piel, casi como si fuese un ser de otro mundo al que temía tocar, y aquella electrizante sensación le recorrió por todo el cuerpo. Sin quererlo, no pudo evitar pegar la mirada en sus labios, tragó saliva con dificultad mientras todas aquellas cosas pasaban fugazmente por su cabeza, sentía un fuerte impulso por besarla, por besarle…
 
—No puede estar pasando esto… es un tío.
 
Volvió a tragar con dificultad, la boca se le secaba por los nervios.
Intentando quitarse aquello de la cabeza, se levantó decidido, apoyando una rodilla sobre la cama y hundiendo levemente el colchón. Pasó la mano al otro lado de la cabeza de Alexa, quedando casi sobre ella.
 
—Solo un experimento… solo es un experimento…
 
Junto cuando descendió un poco sin dejar de mirar su boca, la puerta se abrió con un fuerte y sonoro golpe que atrajo su mirada.
 
—¿Qué diablos haces? —cerró tras él y se dirigió rápidamente hacia su compañero.
 
—Es… estaba comprobando que respira… ¡nada más! —se apartó de golpe— ¡Bueno, ya que estás aquí, me voy!
 
Darien se quedó allí de pies, mirando como Ren salía despavorido de la habitación sin tan siquiera cerrar la puerta a su salida y, pensando en que las cosas comenzaban a complicarse demasiado.

Cuando llegó a su habitación respiraba a tal velocidad que se llevó una mano al pecho. Se preguntaba tantas cosas que no era capaz de ordenarlas en su mente. El impulso por besar a su compañero le estaba matando, y todavía no se quitaba la imagen de aquellos labios de su cabeza.
 
—¿Soy… gay? —la soledad de la habitación parecía más profunda de lo que ya era.
 
Se tiró sobre la cama agotado y comenzando a pensar en qué hacer. Debía comprobar si había sido algo puntual o es que realmente tenía un repentino sentimiento romántico por otro hombre.
 

Capítulo 11 El vuelo de la mariposa


Alexa se pasó dos días pensando en lo ocurrido en el partido. Aún tenía la mejilla dañada, pero no era algo demasiado grave, el problema fue la fuerza ejercida por la esfera, contra la que su fuerza no pudo hacer nada, se sentía como un muñeco cada vez que pensaba en todo lo ocurrido desde su llegada, desde luego, debía de tener mucho más cuidado o su condición saldría a la luz.
Lo demás iba bien, su relación con los miembros del consejo se hacía fuerte y parecía que Darien suavizaba poco a poco su carácter, aunque en ocasiones no tenía buena cara, lo mejor de él era precisamente aquello, no sabía esconder su humor, que se reflejaba en su rostro tan perfectamente, que no cabía lugar a dudas de cuándo era mejor no hablarle, y aquel era uno de esos días.
Decidió salir del cuarto nada más levantarse, pues Darien estaba sentado leyendo algo, con el ceño fruncido y ella casi habría jurado que profirió alguna clase de gruñido. Todos los elementos necesarios para saber que era mejor alejarse y dejarle su espacio, evitando así discusiones innecesarias.
Salió al exterior del edificio, decidida a dar un buen paseo aquella mañana de domingo. Hacía mucho frío, el invierno llegaría en poco tiempo y ya se dejaba notar, así que se enfundó bien el abrigo y llenó los pulmones de fresco y renovado oxígeno mientras comenzaba a caminar. Alexa intentaba salir a menudo para poder pensar, sentía que ya casi estaba habituada al lugar, aunque siguiera teniendo tantas preguntas y ninguna respuesta, no se sentía tan incómoda rodeada de aquellas personas extrañas, al fin y al cabo, si pensaba detenidamente, su hermano era como ellos, y nunca podría odiarle o sentir repulsa por él.
Junto a ella pasó una mariposa que revoloteó unos segundos junto a su cara, tenía un precioso color turquesa en las alas con unos hermosos y curiosos bordes negros, Alexa no pudo evitar el impulso de ir tras ella cuando pareció cansarse de volar allí. Varios metros más adelante, giró la esquina del edificio y se quedó paralizada, había un mar de mariposas que no dejaban ver casi nada, una visión indescriptible e inolvidable, tuvo que fijarse mucho y enfocar su propia mirada para poder diferenciar una figura en medio de las miles de mariposas.

—¿Zamza? —pregunto al no estar segura, pero le pareció ver que aquella persona tenía el cabello violeta.

Alzó una mano y las mariposas dejaron un estrecho pasillo, Alexa se sorprendió al ver que le obedecían sin ningún problema, de nuevo, se vio sorprendida por las cosas raras que ocurrían. Zamza la miró con su típica sonrisa invitándola a acercarse, no lo dudó, y no tardó en caminar por el hueco hasta donde estaba él.

—¿Qué es esto?

—Cuando el verano llega a su fin, se juntan para decir adiós.

—¿Emigran? —él asintió mientras alargaba un dedo para que uno de aquellos hermosos seres se apoyase delicadamente— Es muy hermoso…

—Sí, realmente lo es.

Cualquier persona se habría quedado maravillada ante tal visión, hombre o mujer, no importaba, Alexa no podía ni pensar en aquel momento, solamente miraba como rodeaban todo su cuerpo, acariciando la piel de su rostro con el suave batir de las alas. No supo cuanto tiempo estuvo allí, segundos, minutos, horas… su percepción se había visto afectada, aquellas mariposas debían de tener algún poder hipnotizador, pero al fin, comenzaron a irse poco a poco, hasta dejarles allí solos.

—¿Dónde van?

—Lejos, pero tras el invierno volverán aquí —se despidió de la última, que se quedó rezagada sobre su mano—, cuando festejen su vuelta, te avisaré.

—¡Gracias! —sonrió sin poder evitar emocionarse e ilusionarse— Ya siento un hormigueo con solo imaginarlo.

—Creo que es tu estómago —rió al escuchar cómo se quejaba este—, será mejor que vayas a desayunar.

—¿No vienes?

—Más tarde.

Alexa se despidió y comenzó a marcharse camino al edificio, sí que estaba hambrienta, la tripa le gruñía como una bestia.

—Supongo que resulta difícil de esconder en ciertas situaciones… —susurró pensativo sin darle demasiada importancia— Ninguna mujer es capaz de resistirse a ellas —alzó los ojos y vio en el cielo una enorme mancha creada por el numeroso grupo de mariposas—. Desde luego, este año está resultando muy divertido.

El comedor ya estaba casi lleno, automáticamente caminó hacia la mesa del consejo, ya era un acto reflejo, su cuerpo conocía el camino demasiado bien. En la mesa solo había dos sitios vacios, el suyo y el de Zamza.

—Es raro que Zamza llegue tarde —Eri alzó una ceja.

—Es porque hoy se van las mariposas —contestó Morth con una amplia sonrisa mientras los ojos de Eri rodaban.

—Sigo pensando que es rarito, siempre con sus bichos, me da repelús.

Alexa estuvo a punto de comentar que ella también había estado allí, mirando con Zamza el espectáculo, pero en el último momento decidió guardarse aquel recuerdo para ella.
Cuando acabaron, cada uno se fue hacia un lado, los domingos se aprovechaban para descansar o terminar cosas pendientes que les había sido imposible realizar entre semana. Junto cuando Aexa salió al pasillo, vio a Ren hablando con un compañero de clase, así que decidió acercarse a él ya que desde el accidente del partido, había tenido la sensación de que la evitaba.

—Ren —le llamó poniéndose tras él, pudo ver como su espalda se tensaba un poco y se extrañó—, ¿Podemos hablar un segundo?

Se giró lentamente, hasta que se quedó de frente, mirándola sin decir nada. De pronto, levantó las manos y las colocó sobre las mejillas de Alexa, haciendo un poco de presión, aplastándolas y dejándola con una cara bastante graciosa con los labios en forma de pez.

—¿Qué pasa? —pregunto ella con dificultad.

Continuó sin decir nada, pero sus ojos se abrieron de par en par, la soltó y salió corriendo por el pasillo lleno de gente, Alexa le miró allí de pies y completamente sorprendida.
Cuando Ren llegó a su habitación cerró la puerta, apoyó una mano sobre la rodilla y se llevó la otra al pecho, su corazón estaba a punto de salirse.

—Me… me he enamorado…

—Interesante dato —levantó la cabeza más asustado aún, en la cama sentado estaba Zamza observándole con una sonrisa.

—¡¿Qué haces aquí?! —se irguió a tal velocidad que su espalda chocó con fuerza contra la puerta— ¿Eres alguna clase de acosador?

—Te he traído el libro que me pediste, como no estabas decidí esperarte dentro.

Se dio por vencido, sabía que era imposible razonar con él, así que se acercó y cogió el libro con enfado, no porque hubiera entrado en su habitación sin permiso, sino por lo que había escuchado, Zamza era reservado, pero tan inteligente como Estel, así que Ren supo que se daría cuenta de a quién se refería. Sin embargo, con el carácter que tenía, también estaba seguro de que no diría nada.

Capítulo 12 La flor rota

 
Un día más, el sol aparecía para iluminar todos los alrededores. Alexa estaba sentada junto a la ventada de su habitación, observando detenidamente el amanecer mientras apoyaba la cabeza sobre una mano. En aquel momento pensaba detenidamente en algo que parecía banal, el exterior, en su antigua vida, y ahora le resultaba algo lejano, tanto como un sueño pasado. Aunque le resultaba extraño, se había adaptado y en realidad, no cabía en su cabeza estar en otro lugar que no fuera aquel, había tantos recuerdos divertidos y tantas amistades fuertes, que le dolía el corazón con el sólo pensamiento de que pronto debería irse en busca de su hermano para salvarle.
Se frotó los ojos un poco cansada y salió dispuesta a llegar la primera para desayunar.
Por el camino, daba gracias de que se hubieran cancelado las clases especiales a decisión de la directora, hasta que no se descubriese el motivo de la llegada de aquel monstruo de nivel dos que tantos problemas había causado, y es que no querían arriesgarse a que algo así volviera a suceder. Alexa se había acostumbrado al entorno y la gente, incluso a sus formas, pero lo que vio aquel día, quedó grabado en su retina de tal manera que le provocó pesadillas durante varios días, no quería volver a ver algo como aquello de nuevo.
También había aprendido mucho sobre ellos, aunque no suficiente, sus clases eran aburridas, estaba con los más jóvenes y lo poco que decían no tenía ningún sentido, por lo que continuaba in saber qué eran o de dónde venían.
Mientras caminaba absorta en sus pensamientos por uno de los pasillos superiores, un ruido llamó su atención, aceleró el paso extrañada, pues por allí no solía haber nadie aparte de los miembros del consejo, pues en aquel lugar era donde tenían su sala de reunión. Giró hacia la derecha y se encontró un numeroso grupo de chicas, unas cinco, estaban frente a Erin, que apoyada contra el cristal de una ventana, tenía una expresión vacía, seria y fija en el suelo.
 
—¿Crees que eres especial por estar en el consejo? —la muchacha que estaba un paso por delante de sus compañeras la empujó— Ya te dijimos que no te acercaras a Darien.
 
Alexa se paró en seco sin poder creerse lo que estaba viendo. Vale que Erin era una chica excéntrica y su manera de mirar a la gente, tan poco pacífica le causaría problemas algún día, pero era injusto que fueran cinco contra una.
 
—Además —otra chica de pelo corto y rojo se adelantó—, ¿qué es eso de que mires mal a Axel? ¡Te he visto hacerlo, no lo niegues!
 
Ella seguía con la mirada fija en el suelo, sin contestar ni actuar, incluso cuando la chica que le acababa de increpar sobre su comportamiento con Alexa agarró un mechón de su pelo, siguió sin hacer nada.
Fue entonces cuando alguna clase de mecanismo interno de Alexa se puso en marcha, casi corriendo llegó hasta el grupo y sin pensar en sus actos, agarró a la muchacha de la muñeca, mirándola con el ceño fruncido.
 
—¡¿Qué os creéis que estáis haciendo?! —casi gritó sin contener sus sentimientos, las chicas, sorprendidas, dieron un paso atrás— ¿Os habéis vuelto locas?
 
—¡Oh, cielos. Corred!
 
Antes de que pudiera gritarles todo lo que pasaba por su cabeza, el grupo salió despavorido, corriendo en todas direcciones y claramente avergonzadas. Se giró para mirar a Erin, su cara no mostraba nada más que indiferencia.
 
—¿Te encuentras bien? —Alexa levantó una mano con la intención de tocarla, pero esta se la apartó de un golpe y comenzó a caminar rápidamente alejándose de allí.
 
Durante un par de segundos se quedó estática, viendo como desaparecía por la misma esquina por la que ella llegó, pero entonces, decidió ir tras ella, no podía dejar las cosas así, comenzó a correr decidida, mientras gritaba que esperase. Al escucharla, Erin giró la cabeza y miró fijamente a Alexa, sus ojos oscuros brillaban, como si estuviera reteniendo las lágrimas, y todo el enfado que se había guardado comenzaba a aparecer reflejado en su rostro.
Era rápida, extrañamente le perdió de vista casi sin darse cuenta.
Alexa dejó caer sus hombros, se sentía vencida, pero la preocupación no hacía más que rondar su cabeza. Por muy malos modos que hubiera tenido con ella, no la culpaba, era evidente que tras aquel difícil carácter se escondía algo, así que no la culpaba, realmente quería ser su amiga, por lo que no dejaría de buscarla, aunque se pasase el día entero con aquello.
 
Ya había pasado más de una hora y se había saltado la clase, su conciencia no estaría tranquila si pasaba de todo aquello y lo dejaba a un lado mientras se sentaba tranquilamente en su pupitre a escuchar un sinfín de cosas que no comprendería.
Después de correr por casi todo el edificio, decidió buscar en el exterior, estaba lloviendo, pero aquello no hizo flojear su determinación. Algo en su interior le decía que Erin necesitaba ayuda.
 
—El agua está helada —murmuró refugiándose bajo un árbol y mirando en todas direcciones—, así no voy a encontrarla nunca…
 
Comenzó a correr en una dirección cualquiera. Estaba por una zona boscosa y desconocida, y se daba cuenta de que la zona exterior era inmensa, mucho más grande de lo que ella había pensado.
Después de un rato, vio a través de los árboles una edificación de piedra, y cuando estuvo lo suficientemente cerca se fijó que la puerta estaba entre abierta, lo cual le indicaba que seguramente estaría allí dentro. Así que aminoró el paso para recuperar la respiración y entró. Estaba oscuro y era un sitio pequeño. La entrada era una habitación vacía, pero pudo distinguir una puerta al frente por la que parecía salir un poco de luz así que sin pensárselo fue y la abrió, al fin la encontró, Erin estaba allí sentada de manera despreocupada y con la cara seria, mostrando su molestia por la presencia de Alexa.
 
—Erin… —comenzó, pero ella se levantó y caminó a paso lento hacia ella, callándola.
 
—¿Por qué me sigues? —preguntó cuando estuvo a un escaso metro de distancia— ¿Eres idiota?
 
—¿Estás bien? —no le dio importancia a los insultos— Lo que ha ocurrido…
 
—¡No me importa! —gritó frunciendo el ceño— ¡Es lo que debe pasar! Es lo que debe pasar…
 
Su voz tembló con suavizad volviéndose un poco ronca. Alexa caminó hacia atrás, chocano contra la pared mientras Erin volvía a dirigirse hacia ella, acortando las distancias al límite y quedando pegada a ella, casi nariz contra nariz.
 
—No lo entiendes… tú no lo entiendes… yo no pude elegir nunca, sin embargo… tú…
 
—¿Erin? —la llamó cuando sintió el peso de una cabeza apoyándose en su hombro— No entiendo muy bien de lo que hablas.
 
Levantó la cabeza y clavó los ojos en Alexa.
 
—Es mi madre la que me obliga a esto desde que nací…
 
Alexa estaba perpleja por sus palabras, no lograba entender nada de lo que Erin decía. No conseguía descifrar absolutamente nada y por consiguiente, era incapaz de decir algo que ayudase a aquella muchacha.
Pero todos los pensamientos desaparecieron de un plumazo cuando Erin se llevó una mano a la cabeza, agarrando con fuerza la mitad de su melena tirando de ella y haciendo que todo el pelo resbalase cayendo al suelo.
 
—Eres… —se había quedado tan pasmada que ni las palabras salían de su boca.
 
—Esto hace que me aborrezcas, como todo el mundo.
 
—¡Claro que no! —reaccionó de pronto abriendo los ojos de par en par— ¿Por qué te voy a aborrecer? Es que no me esperaba que fueras… un hombre.
 
Erin frunció levemente el ceño extrañado, pues no se esperaba aquello.
 
—¿Por esto decías lo de tu madre? —asintió— Pero ella no puede obligarte a ser lo que no eres… —su tono bajó, pensando en su propia situación— Debes luchar por ti si nadie más lo hace, Erin. ¿Qué es lo que tú quieres?
 
—Solo quiero ser yo.
 
—¡Pues selo! —justo cuando levantó las manos para dar más fuerza a sus palabras, Erin se abalanzó sobre ella.
 
Solo escuchaba la lluvia caer fuera y el fuerte latido de su corazón. Sentía el martilleo y el tenue calor que se pegaba a sus labios. No podía estar pasando, Erin la estaba besando.
No llegó a ser ni 1 minuto, pero le parecieron horas, y se amontonaban tantos porqués en su cabeza que no asimilaba nada. Se apartó y la miró, parecía otra persona completamente diferente, ya no por el sólo hecho de ser un hombre, su expresión fría había desaparecido, la miraba con ternura, con cierta tristeza, pero sobre todo, son sinceridad.
 
—Gracias, eres la primera persona que me dice eso —sonrió, como si fuera la primera vez en su vida—. Los chicos —se refirió al consejo— simplemente respetaban mi condición… pero tú me has dicho lo que tanto necesitaba escuchar.
 
Alexa gesticuló con la cabeza, aún no tenía aliento por lo que había ocurrido, y seguía sin comprender la razón de aquel beso, su primer beso. Se suponía que ella era un hombre, entonces, ¿qué significaba? Además, siempre había pensado que Erin la odiaba, y desde luego, no se besa a quien odias. Después pasó por su cabeza la idea de que tal vez fuera un beso de agradecimiento, pero aún siendo así, era su primer beso.
 
—Espera aquí —dijo de pronto, marchándose a otra habitación.
 
Cuando salió un par de minutos después. Resulto una visión extraña, pues se había puesto el traje masculino, pareciendo ahora una persona completamente diferente.
 
—Ya no vas a…
 
—No, ahora quiero ser yo. Tú lo has dicho, si yo no lucho, ¿quién lo hará?
 
La cogió de la mano y salió del edificio, fuera ya había dejado de llover, y el olor del bosque y su frescura resultaban renovadores después de tantas situaciones sin sentido.
 
—Siento haber sido desagradable contigo —comentó de pronto, mientras tiraba de ella—, al principio no entendía muy bien por qué lo hacías… pero después de meditar caí en la cuenta de que tendrías tus motivos. Por eso respetaré tu decisión.
 
Alexa quiso decir algo, pero estaba perpleja por aquellas palabras. ¿Qué se suponía que había hecho ella? Desde luego no tenía ningún sentido, pero tampoco le dio importancia, tenía la cabeza demasiado saturada como para agregar más cosas, era mejor dejarlo pasar.
 
—Es hora de que todos me conozcan —cuando llegó a la puerta sintió una oleada de valor, se puso serio y abrió sin soltar la mano de Alexa, que pensó que resultaría raro verles de aquella manera.
 
Las primeras personas con las que se encontraron les miraron extrañados, no solo por ver a los chicos de la mano tan repentinamente, sino porque a uno de ellos no le conocían.
No pararon a escuchar lo que estaban comentando, Alexa se dio cuenta de que la dirigía hacia el salón principal, en aquel momento, estaría abarrotado de gente por ser la hora de la comida.
Alargó la mano y abrió la puerta con fuerza, entrando y caminando hacia su mesa, donde el resto del consejo ya se encontraba allí, mientras, el resto del salón se quedó en un silencio completo, tanto que habría sido posible escuchar el vuelo de una mosca.
 
—Esto sí que es una sorpresa —dijo Morth sonriendo—, no sé que habrá pasado, pero intuyo que Axel ha tenido algo que ver.
 
—Me alegro de que al fin hayas tomado tu decisión —Darien puso una mano sobre su hombro—, seguro que ha sido difícil para ti, pero sabes que nosotros te apoyaremos hagas lo que hagas.
 
Erin sonrió y afirmó con la cabeza agradeciéndoles todo. Ellos habían respetado su situación sin forzarle a nada, pero también había deseado que le dieran un empujón, pero a ellos simplemente les daba igual cómo era, y él lo sabía.
Alexa por fin era dueña de su mano, así que decidió sentarse para comer, estaba agotada y hambrienta. Mientras comía, escuchaba las preguntas que le hacían a Erin sobre qué había pasado, pero su respuesta se limitaba a “es un secreto”. Lo cual avivaba más la curiosidad del grupo. Cuando ella cambió el punto de su visión al frente, donde estaba Darien sentado, este hizo un gesto con la cabeza en agradecimiento a su ayuda.
 
Parecía que las cosas iban por buen camino, y que las relaciones se estrechaban cada día más.
 

Capítulo 13 A Medianoche

 
La verdadera naturaleza de Erin ya era conocida por absolutamente toda la academia, en un solo día el rumor se había extendido como la pólvora, y los que la tarde anterior se perdieron su aparición en el salón principal, habían madrugado para poder ver con sus propios ojos que la gente no mentía.
Entro junto a todo el grupo del consejo, caminando junto a Alexa, con quien conversaba alegremente, su expresión había cambiado, algo se había soltado en su interior, y es que las cadenas que apresaron su corazón durante años, ahora reposaban a la espera de que el polvo las cubriese. En el grupo nadie volvió a sacar el tema, tampoco nadie preguntó sobre lo ocurrido entre ellos dos, pero desde luego, fuera lo que fuese, había sido efectivo.
 
Después de un aburrido día de clases, Alexa se preparó para continuar su trabajo sobre la leyenda, con tantos sucesos lo había dejado a un lado y se le acababa el tiempo, pues la fecha de entrega se acercaba peligrosamente. Así que con cierta pena, aquella tarde de tiempo libre debería invertirla en acabar todo lo que tenía pendiente.
Se puso en marcha hacia la escondida biblioteca, mirando las enormes ventanas siempre que pasaba junto a alguna, fuera hacía un tiempo fantástico, y aunque el frío se dejaba notar, brillaba un potente sol que invitaba a todos los alumnos a realizar tareas al aire libre, pero luchó contra la pereza, suspiró y continuó su camino.
Tal y como esperaba, estaba vacía, aquella tarde no estaba Estel, lo que la apenó, pues tal vez necesitaría su ayuda para leer el libro. No estaba segura de que lo que ocurrió la vez anterior siguiese teniendo efecto.
 
—Vale… junto a la ventana… el libro negro… —recitó caminando entre las estantería y recordando el camino.
 
Cuando giró por la última esquina, se encontró frente a la gran ventana, se paró en seco al ver frente a ella una figura que le costó diferenciar por culpa de los fuertes rayos de sol que entraban dificultando su visión.
 
—¿Darien? —preguntó entrecerrando los ojos.
 
Desde luego era él, tenía un libro en la mano y estaba serio.
 
—¿Qué haces aquí? —apartó la mirada del libro solo un segundo.
 
—Tengo que acabar un trabajo… —bajó la vista y miró el libro que tenía entre las manos, era de color negro, así que pensó que tal vez era el que ella necesitaba, aquello complicaba un poco la situación— ¿Ese es el libro de Einhar?
 
—Sí —cerró el libro con una mano y de golpe—, ¿ya has empezado?
 
—Me ayudó Estel a empezar, está escrito en un idioma raro…
 
Alargó la mano hacia ella, dándole el libro. Lo abrió y para su desgracia, fue lo mismo que la vez anterior, aquel extraño idioma volvía a estar y ella era incapaz de leerlo, para colmo, Darien la observaba detenidamente fijándose en la cara de frustración que estaba poniendo.
 
—No te compliques con el trabajo —suspiró frunciendo los labios—, te haré un borrador, lo pasarás a limpio y agregarás lo que sepas de la vez que leíste.
 
Accedió con un movimiento de cabeza mientras cerraba el libro y lo dejaba en su sitio. Le daba pena no poder terminar de leer aquella historia, pero tenía la esperanza de que Darien fuera detallista.
Sin decir nada más, comenzó a caminar dirección a la salida, pero antes de desaparecer entre las estanterías, se giró y miró de reojo a Alexa, que estaba toqueteando varios libros entretenida.
Su preocupación acababa de duplicarse, aquella mujer era incapaz de leer el libro, y por lo que él sabía, los únicos que no podían leerlos eran los humanos… pero no le cuadraba, un humano no habría atravesado las verjas, pues estas se abrían a propia voluntad dejando pasar solo a aquellos a los que debía. Además, llevaba muchos días dándole vueltas a los sucesos ocurridos con el nivel dos, no era muy difícil de darse cuenta, aquel ser había ido directo a por ella, y no era algo común, ahora comenzaba a pensar que el hechizo de los profesores había sido interferido por alguien, y aquella persona era la que había mandado al Moldur. No sabía quién era en realidad, pero desde luego, alguien iba tras ella.
 
Alexa había encontrado una manera de descubrir algunas cosas sobre aquel oscuro mundo en el que estaba metida. Después de irse Darien, había abierto algunos libros y al hacerlo, descubrió que eran iguales que el de Einhar, estaban escritos en aquel extraño idioma, pero algunas páginas las entendía, así que acabó pasándose allí horas leyendo trozos de cada libro. Además, algunos tenían imágenes, lo cual facilitaba mucho y ayudaba a entender, en especial cuando en un libro de tapas rojas, vio una imagen muy parecida a la de la bestia que intentó atacarla, al pie de ella ponía Moldur. Al pasar las hojas, vio otras ilustraciones de seres parecidos, en todos ponía la misma palabra, por lo que dedujo que aquel era el nombre de la especie.
También descubrió que había otra clase de mundo o dimensión, no estaba segura del todo, pero ellos, los alumnos, parecían proceder de allí, sin embargo, en uno de los libros pudo leer algo sobre una terrible guerra que azotó aquel lugar hace siglos, obligándoles a ir allí, lo que en los libros llamaban Laer, y de pronto, se acordó de su primer día allí, cuando la directora la presentó ante los alumnos refiriéndose a que procedía de un lugar llamado Laer… las cosas comenzaban a cuadrar al fin, aunque seguía habiendo muchas preguntas.
 
El sol había desaparecido por completo y la biblioteca estaba ya con las luces encendidas, se había hecho mucho más tarde de lo que ella habría esperado, y estaba segura de que a la mañana siguiente le costaría levantarse así que decidió que por el momento era suficiente.
Caminaba hacia su habitación, los corredores ya estaban vacíos y pasaban más de las once de la noche. Alexa se frotaba los ojos cansados y bostezaba hasta que paró en seco, a unos diez metros de la puerta de su habitación. Miró el suelo, a medio camino había aparecido una luz no muy grande, lo curioso era que le resultaba terroríficamente familiar.
Atontada por la visión, se acercó unos pasos hasta que sus pies se negaron a continuar y sus ojos se abrieron de par en par al ver salir algo. Al igual que aquel día, un brazo tan blanco como la nieve salió, golpeando con fuerza el suelo y dejando salir una figura, mucho más rápido de lo que ya ocurrió anteriormente.
Su cuerpo no se movía, quería gritar y correr, pero estaba congelada, observando como aquella bestia, o más bien Moldur, salía por completo. Su tamaño era pequeño en comparación con el que vio la otra vez, medía alrededor de dos metros y medio, y su físico era mucho más parecido al de un humano, sin embargo, la boca volvía a ser completamente desproporcionada, y cuando sacó la extensa lengua, su cuerpo tembló. Alexa logró dar un paso atrás, pero fue como tener que levantar un pie que pesaba una tonelada.
No veía sus ojos, si es que los tenía, había una franja negra, y pudo distinguir que había profundidad, como si llevase una máscara.
Gritar era una buena opción, estaba junto a todas las habitaciones del resto de estudiantes, pero pensó fríamente, si atraía a los demás, alguien podría resultar herido por su culpa y eso no se lo perdonaría jamás. Tenía que correr, pero nada, seguía sin ser dueña de su cuerpo.
Con tanto pensamiento no se había dado cuenta de que el Moldur estaba frente a ella, babeando abundantemente y moviendo la lengua hacia su cara, sintió una repulsión tremenda cuando sintió el roce húmedo sobre su mentón y las piernas dejaron de sostener su cuerpo, haciéndola caer al suelo.
Cuando al fin quiso gritar, un estruendo acalló el sonido de su voz, una fuerte luz roja la cegó y algo la empujó con una fuerza brutal hacia atrás, cayendo de espaldas a más de un metro de distancia del lugar en el que estaba hacía un segundo arrodillada.
Había polvo por todos lados, cuando se disipó dejándola ver lo que había ocurrido, vio una figura posicionada frente a ella, con los brazos medio extendidos, una larga cabellera blanca que brillaba como las gemas y dos largos cuernos estirados hacia atrás.
 
—¿Darien? —tartamudeó.
 
Él giró un poco la cabeza, lo suficiente como para observar que ella estaba de una pieza.
 
—¿Te duele algo?
 
—No… no —quiso levantarse, pero no fue capaz— vete, te hará daño…
 
Alargó una sonrisa, mostrando una expresión llena de confianza, después movió el pie izquierdo unos centímetros, buscando una posición que le diera impulso y sin decir una sola palabra más, saltó lanzándose contra la ventana que estaba a su derecha, haciéndola añicos y llevándose al moldur tras él.
Antes de que nadie saliera de su habitación tras el escándalo causado, Alexa se armó de valor y salió corriendo escaleras abajo, dirección a la puerta de salida. Darien podría estar en peligro por salvarla, y ahora se encontraba solo frente a la bestia en la soledad de los bosques que rodeaban Hollow.
El sonido de fuertes estruendos resonaba por toda la zona, pero le resultaba difícil lograr encontrar el punto del que provenían, incapaz de controlar su respiración, cada minuto que pasaba se ponía más nerviosa. Se paró de pronto intentando escuchar más atentamente mientras giraba sobre su propio eje buscando con la mirada alguna señal, algún resplandor rojo proveniente de Darien. No pasó mucho tiempo hasta que al fin, la suerte apareció, un fogonazo enorme llegó hasta ella, lo cual indicaba que él seguía vivo, comenzó a caminar a paso acelerado hacia allí, prudentemente, pues su aparición no sería de gran ayuda y ella lo sabía.
Se agazapó junto a unos arbustos de buen tamaño y, buscando un buen sitio, sacó la cabeza, a unos metros estaba Darien frente al moldur, quién profería fuertes y estridentes gruñidos. Unos segundos después, ambos arremetieron al mismo tiempo, lanzándose al frente para golpear con fuerza.
 
—Tengo que hacer algo… —susurró intentando pensar— Es por mi culpa…
 
Pero sabía que era imposible para alguien como ella meterse en medio de aquello. Los golpes eran tan fuertes que provocaban sonoros estruendos a su alrededor, los movimientos resultaban tan rápidos que en ocasiones le costaba seguirles con la mirada, y la fuerza que empleaban era de tal magnitud, que partían los gigantes troncos por la mitad.
 
—¡Empiezas a cansarme! —gritó Darien dando un salto hacia atrás y levantando el puño derecho, del que salía una fuerte luz roja— ¡Es hora de terminar!
 
Las marcas de cuerpo parecían tener un tono luminoso, aunque tal vez era su vista la que le jugaba una mala pasada. Su corazón latía con fuerza, y tenía la esperanza de que acabase con el monstruo cuanto antes, sin embargo, sintió que se ahogaba cuando el moldur giró la cabeza para mirarla de frente, no la podía ver, pero por sus gestos, podía olerla. En un segundo comenzó a correr hacia los arbustos, Alexa quiso correr, pero de nuevo, las piernas no le respondían, tenía las rodillas hincadas en el suelo y era incapaz de alzarse. Veía casi a cámara lenta como se aproximaba hasta ella, y de repente, el mundo pareció girar mareándola, en una milésima de segundo, se vio sobre la gruesa rama de un árbol, y a sus pies, una caída de más de diez metros, instintivamente se intentó agarrar a algo, y lo único que había era Darien, que la sostenía con el semblante serio y claramente enfurecido.
 
—¿Te has vuelto loco? —afiló la mirada sin esconder su estado de ánimo— ¿Quieres que te mate?
 
—Yo… es que…
 
—Está bien —suspiró y frunció los labios, parecía incómodo—, hay que pensar en qué hacemos…
 
—¿Te encuentras bien? —preguntó al ver que respiraba aceleradamente— ¿Te ha herido?
 
—No es nada que te incumba. Quédate aquí, agárrate fuerte al tronco —la empujó con suavidad apartándola de su propio cuerpo, que comenzaba a sentir los efectos de su cercanía.
 
—¿Y tú? —se asustó pensando en lo que iba a ocurrir.
 
—Tranquilo, llegan los refuerzos —sin mirarla, saltó del árbol dejándola impresionada, pues cayó como si no fueran más que unos centímetros de distancia.
 
Quería asomarse y ver qué ocurría bajo sus pies, pero le daba pánico soltarse del tronco y caerse. Sin embargo, era capaz de escuchar los estruendos, golpes y en un momento, las voces de otras personas acercándose.
 
—¿Lo tenéis? —el grito de una voz que le resultaba familiar, estaba segura de que era Ren— ¡Mandémosle a su casa de una patada en el culo!
 
—No rompáis el círculo —la seriedad de Estel no menguaba en situaciones difíciles como aquella—, de lo contrario tendremos que volver a rodearle.
 
—¡Vale, todo listo! —Erin ya no usaba un tono suave, sino su verdadera voz.
 
Una enorme columna de luces negras y rojas salió disparada cerca de donde estaba ella y continuaba hacia arriba, tan alto que no veía su fin. Supuso que estaban haciendo lo mismo que ya vio hacer a los profesores, mandar al moldur al lugar del que había venido. Gritó fuerte, un grito que daba pavor, haciéndoles saber a todos que no estaba de acuerdo con lo que estaban haciéndole, pero estaba atrapado por las gruesas cadenas y le resultaba totalmente imposible huir.
Cuando al fin desapareció, todos suspiraron con cansancio, no era corriente tener esas situaciones a medianoche, y aunque nadie dijo nada al respecto, todos eran conscientes de que algo estaba ocurriendo, la rueda del destino comenzaba a girar en su contra.
 
—Ya nos hemos desecho de él —Darien apareció de pronto en el árbol, asustando a Alexa que estuvo a punto de caer—, te bajaré.
 
Su aspecto volvía a ser normal, cuando posó los pies en el suelo, vio a todos los miembros del consejo allí. Comenzaban a fascinarle todos, era increíble las cosas de las que eran capaces, pero en aquel momento solo podía hacer una cosa.
 
—Gracias a todos… siento mucho lo que ha ocurrido… —en cierto modo avergonzada, agachó la cabeza.
 
—No ha sido tu culpa —Morth asomó la cabeza para que le viese—, dudo que tú sepas invocar a un moldur.
 
—No… yo no fui. Apareció de repente en el pasillo…
 
Darien cortó la conversación, era tarde y habían ocurrido demasiadas cosas. Debían descansar y él tenía que ir a hablar con Anya, aquello se estaba escapando a su control y nada le cuadraba, debía meditar aquella noche sobre qué le contaría a la directora, pues no estaba seguro de que fuera un acierto decirle que su compañero de habitación no era un hombre, sino una mujer.
Sin embargo, ya había obtenido la prueba, sus sospechas habían sido ciertas, alguien había mandado al moldur a por Alexa.
 
Capítulo 14 Vínculos
 
Alexa se encontraba tumbada en su cama mirando el calendario y contando el tiempo que llevaba allí, habían pasado casi tres meses y sin embargo, tenía la sensación de llevar años. Estaba a gusto, no lo negaba, había formado unos vínculos que le resultaban muy especiales con el resto de miembros del consejo, algo que hasta aquel momento, solo había compartido con su hermano, pues siempre le había resultado un poco complicado relacionarse con la gente por estar siempre pegada a Axel. Y aquellos nuevos vínculos provocaban la aparición de un sentimiento en su interior, un escozor de culpabilidad porque les estaba mintiendo a ellos, que le habían salvado la vida ya en dos ocasiones. Intentaba imaginar la situación, en cómo reaccionarían si se enterasen de la verdad y una nube de temores se adueñó de su cerebro, seguramente se sentirían decepcionados, engañados y dejarían de hablar con ella.
 
—Me lo tendría merecido —se contestó a sí misma.
 
—¿El qué? —Darien salió del baño mientras se frotaba el pelo con una toalla.
 
—Nada —se apresuró a decir mientras se incorporaba, después le miró con el ceño fruncido—. Estamos en invierno… vístete.
 
Cerró la puerta del baño con pestillo, asegurándose dos veces de haberlo hecho bien. Mientras se desvestía suspiraba, él tenía la costumbre de salir de su baño diario sólo con un pantalón, como si fuera incapaz de sentir frío. El problema era que aquellas situaciones la incomodaban, como si la debilitase de alguna extraña manera.
 
Darien había dejado la bañera llena para ella y a una temperatura excelente tal como siempre hacia, provocaba que el corazón se le encogiese, siempre parecía tan distante y frío… y sin embargo, aparecía cuando le necesitaba, y en ocasiones especiales, siempre tenía las palabras adecuadas para levantar el ánimo a cualquier persona. Su forma de ser la confundía mucho, quería aparentar lo contrario, pero se preocupaba por todo el mundo.
Siempre que estaba en la bañera, disfrutando de la libertad de no llevar el pecho tan apretado, acababa pensando en irse, lo cual provocaba en ella un sinfín de sentimientos negativos, alejarse de todo lo que se había construido allí, a su alrededor, le daba pánico y se reía de la ironía de su propia situación. Tanto miedo había pasado, tantas ganas de irse había tenido para ahora estar en aquella situación.
 
—¿Por qué tiene que ser todo tan complicado? —cogió aire y se sumergió bajo el agua.
 
Se quedó allí hasta que el agua se enfrió. Para cuando salió del baño, ya era plena noche y algunos insectos se dejaban escuchar en el exterior, Darien estaba en la cama leyendo, en aquel momento Alexa pensó que nunca le había visto dormir, resultaba algo curioso después de tres meses allí.
 
—Mañana hay reunión del consejo —comentó cuando ella se tapó con la manta—, tenemos que decidir algunas actividades propuestas por los alumnos.
 
—Vale.
 
Se estiró todo cuanto su cuerpo le permitió y rodó los ojos lo suficiente como para observarle bajo la tenue luz de la lámpara, se había propuesto aguantar despierta por simple curiosidad, se preguntaba qué clase de sueño tendría, qué postura usaría… y aunque estaba muy intrigada, su cuerpo no aguantó más de media hora, quedándose al final dormida y provocando que Darien sonriera ante su victoria, pues había sido evidente lo que ella intentaba.
 
Unas profundas ojeras se habían apostado bajo sus ojos. La noche había sido terrible, aunque había descansado lo suficiente, había tenido una horrible pesadilla en la que se encontraba en medio de un bosque y rodeada por decenas de diferentes moldurs. Lo acontecido comenzaba a afectarle incluso en el mundo de sus sueños, aún tenía fresca la visión, y era capaz de sentir la tensión de su cuerpo ante la situación, que aunque irreal, le había provocado pánico y terror. Daban miedo, daban auténtico miedo, no podía negar lo evidente, la extraña apariencia, los afilados dientes y el color tan blanco de sus cuerpos…. Recordarlo provocaba que un escalofrío recorriese su cuerpo.
 
Darien estaba con la mirada fija, cómodamente sentado y esperando a escuchar la opinión de la directora con respecto a los sucesos ocurridos, no había sido demasiado explícito, guardándose el hecho de que su compañero de habitación era en realidad una mujer.
 
—La situación es preocupante —dijo al fin, tras varios minutos en silencio—, es evidente que alguien está logrando burlar las barreras de protección, y eso es algo que no me gusta…
 
—Interfirieron en el ejercicio práctico mandando al de nivel dos, en esa zona es más fácil interferir en la invocación, dado su poca protección, pero que logren hacer que un moldur de nivel tres aparezca en medio en un pasillo en medio de la academia, comienza a ser peligroso —se acomodó en la silla y apoyó el mentón sobre el puño.
 
—Y parece que nuestro nuevo alumno siempre está cerca de los problemas —frunció los labios y se levantó para acercarse a Darien y apoyar una mano sobre su hombro—. O bien es un imán para los problemas, o los problemas le buscan deliberadamente. En mi opinión personal y analizando lo que me cuentas, creo que la correcta es la segunda.
 
—Yo también lo creo.
 
—Sin embargo, hay algo que me preocupa. Los informes de los profesores indican que de momento Axel no ha desarrollado ninguna habilidad, aunque atípico, algunos tardan años en sacar lo que llevan dentro, pero en la situación actual aumenta los riesgos, así que no puedo más que pedirte que tengas un ojo siempre sobre él, tú y el resto del consejo tendréis que hacer un esfuerzo para vigilarle. Lo siento.
 
—No te disculpes, no nos causará problemas, el consejo no solo está para controlar a los alumnos, también para protegerlos. Si ya está todo decidido, esta noche, mientras Axel duerme hablaré con los demás.
 
Anya asintió con la cabeza de acuerdo con las palabras de su alumno y le dejó salir del despacho, sin embargo, aunque más tranquila sabiendo que el consejo tendría siempre un ojo vigilante, había demasiadas cosas que la preocupaban y alarmaban, pero de momento no podía hacer mucho.
 
Cuando Darien llegó a la apartada sala del consejo se encontró con el resto de los miembros hablando alegremente alrededor de Alexa, no pudo evitar gesticular con la cara, resultaba tan evidente que querían llamar su atención que comenzaba a pensar que no era el único en conocer el secreto. Suspiró y cerró la puerta tras él, camino hacía su silla para comenzar con la reunión.
 
—Secretario —llamó a Axel fríamente mientras enarcaba ambas cejas—, ¿has traido las propuestas?
 
—¡S-sí! —se levantó para ir a cogerlas— Las tengo todas aquí… —meneó las hojas un poco nerviosa.
 
—Entonces haz gala de tu puesto y comunícanos lo que los alumnos han pedido.
 
Carraspeó un poco, temerosa de que su voz sonase demasiado suave y afeminada antes de comenzar a hablar. Ordenó torpemente los papeles y dejó la vista quieta sobre ellos, pues le causaba cierta vergüenza que todos la observasen mientras esperaban que comenzase a hablar, pero por suerte, había repasado los escritos para no estar demasiado perdida.
 
—El club de fans….
 
—Rechazado —alzó la voz repentinamente— ¿Apoyos? —todos levantaron la mano ante la pregunta de Darien.
 
—¿No debería al menos leerlo? Por el derecho a ser escuchados…. —su tono de voz fue bajando ante la inquietante y retadora mirada de su compañero de cuarto.
 
—Ya sabemos lo que quieren, todos los años piden la misma tontería.
 
Alexa rió con nerviosismo y pasó a la siguiente propuesta. La mayoría de ellas tenían que ver con el festival de primavera, pero debían preparar algo para invierno, pues aunque había descubierto que no celebraban apenas la navidad -era un acontecimiento sin demasiada importancia para ellos-, pensó que sería bonito hacer algo especial.
 
—Podríamos preparar algunas actividades —se animó ella repentinamente—, algún baile para la víspera de navidad tal vez. Y algunos juegos para el día siguiente estarían bien.
 
—¡Sería divertido! —el entusiasmo de Alexa comenzó a afectar a Morth— Nunca hacemos nada importante por estas fechas, pero los humanos lo celebran, y tenemos que tener en cuenta, que un gran número de alumnos han vivido durante muchos años entre ellos.
 
—¿A favor? —todos alzaron la mano y él suspiró con cansancio— Decidido. Entonces dejaremos el festival de primavera para más adelante. Axel, como es idea tuya, estarás al frente de las preparaciones —sonrió ante su repentina idea y la cara de sorpresa que provocó en ella.
 
Aunque la reunión de disolvió Alexa se quedó acompañada de casi todo el consejo a excepción de Darien y Estel, que decidieron que era suficiente por aquel día y no tenían ganas de ponerse a preparar el festival, aun sabiendo que no tenían más que unas semanas para preparar todo.
Las ideas comenzaban a fluir, harían un baile en el gran salón por Nochebuena, y los dos días siguientes habría diferentes actividades para los alumnos, aunque por el momento no habían pensado en cuáles.
 
—Puede que me matéis —comenzó Alexa mirando la hoja de papel que tenía frente a ella—, pero no nos va a dar tiempo a preparar el salón para el baile sin ayuda.
 
—¿Qué propones? —Erin se acercó para ver el informe que habían redactado— Esto que has apuntado aquí… puede ser buena idea.
 
—Eso había pensado… pero perderíamos el factor sorpresa.
 
—En realidad —habló Zamza con su habitual tono de tranquilidad—, creo que nos arriesgamos si avisamos el mismo día del baile. No pongáis esa cara —añadió al ver la confusión del grupo—, si yo fuese una mujer, me gustaría tener tiempo para prepararme.
 
Alexa abrió la boca, pero se quedó sin palabras. Zamza tenía razón, ¿cómo no se había percatado ella de algo tan importante? Aunque tampoco había sido nunca la clase de chica que se preocupada de aquella clase de cosas, era un punto de mucha importancia, las chicas necesitarían tiempo, pues seguramente para ellas, aquel evento sería algo muy especial y emocionante. Dio gracias por la perspicaz y tranquila mente de Zamza, quien siempre acababa dándose cuenta de cosas que otros pasaban por alto.
 
—Muy bien, Ren —le llamó—, ¿te ocupas tú de informar a los alumnos?
 
—¡Por supuesto! —sonrió emocionado— ¡Déjamelo a mí!
 
El muchacho salió de la sala para correr la voz cuanto antes mientras el resto le esperaba allí preparando y, pensando en la decoración además de en la manera en la que pondrían todo. Había mucho trabajo para tan poco tiempo, pero lo lograrían.
 
Mientras daban ideas alegremente sentados alrededor de la mesa, la sonrisa de Alexa se agrandaba por momentos. Estar con ellos era tan divertido que lograban quitarle todas y cada una de las preocupaciones que rondaban por su cabeza. Y comenzaba a atesorar los recuerdos compartidos con ellos como auténticos tesoros.
 
 
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bueno no tuve tiempo de leer el capitulo 13 cuando lo subistes,así que me he leído ahora los dos últimos.

un poco de acción que ya tocaba, pero el diseño de los moldur me ha parecido, bastante sacado de bleach.

en el 14 pone que no están acostumbrados a celebrar la navidad, me pareció raro, ya que es un tipo de celebración pagana que se ha hecho durante toda la vida antes del cristianismo y que tiene que ver bastante con el mas allá.

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en el siguiente capi se explicará un poco más porque no lo celebran.
El diseño de los moldur lo tengo que cambiar, ya que es muy básico.
Tampoco creo que porque sean blancos se paredcan a los hollows xD
pero sí que puede dar a entender eso si has visto la serie >w<
gracias!
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se parecen a los hollows no solo por que sean blancos, todo lo que describes, grandes fauces, sin ojos pero como si llevasen una mascara, el que sean blancos es lo de menos, es mas me gusta eso, pero eso de la mascara = hollow

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Capítulo 14 añadido! :D
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como cada semana, os traigo un nuevo capi para disfrutar!
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Jajajaja, esa no la vi venir 
Buena sorpresa para el capitulo, me gustó como manipulaste la situación para crear algo tan interesante




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xD esa es la gracia, no os lo esperábais jeje *u*
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pues no, para nada me lo esperaba.

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Capítulo 12 agregado!
esperaba con mucha ansia escribir este capi, espero que os sorprenda n.n
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Jijiji, los subí al DA pero se me olvidó hacerlo aquí , ya están algunos de los dibujos en este ENLACE




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añadido el capítulo 11, un poco soso, perdón!
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A mi me gustó, Ren está cada vez mas confundido, que gracioso.
Y la escena de las mariposas, ya hasta hice el boceto 




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pues si, aunque la escena de las mariposas me pareció bonita.

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bastante bien no le he visto fallo alguno, ¿pero tenia que ser fútbol? con la de deportes académicos que hay.

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en principio había pensado en basket, pero no quedaba nada bien, así que me decanté por este último :)
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y que tal judo? una escena con mucho agarre daría de si jejeje.

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sería complicado el tema del grupo, pero es una buena idea
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capítulo 10 añadido n_n
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jaaaa jaaaaa la han pillado.

cuando dice "—¿Te han puesto el trabajo sobre Einhar? —asintió—" si asiente no debería preguntar ¿no?

y me pareció raro que dijese que no se dejaba llevar por los impulsos cuando lo ha estado haciendo todo el rato, cuando quiso irse, cuando encuentra a su compañero en el baño y en el entrenamiento del capitulo anterior etc... si acaso podrías decir que se da cuenta de todo eso en aquel momento, como si pensase que el lugar la está cambiando.

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Me lo apunto para revisar >w<
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Es interesante, tampoco a este le noto mucho para cambiar, me interesa saber que clase de ser es Estel, ya que no cambió tanto en el anterior, sus "habilidades" me dan una idea pero prefiero esperar a leer mas.
Me gusta como este capitulo es mas calmo contrastando con el anterior.




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Capítulo 9 posteado!
Aviso: Los siguientes capítulos serán historias "medio independientes"
de Alexa y los personajes del consejo :
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pues si el capitulo 8 hay una forma mejor de explicarlo no sabría como, supongo que no has leído muchas escenas de acción y por eso te cuestan, pero queda bien entendido lo que ocurre, aparte de alguna que otra falta de ortografía, pero eso es revisarlo y listos.

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de lectura he visto pocas, pero mangas me gustan de ese tipo, porsupuesto no es lo mismo en comic que en letra. Pero lo acabaé logrando revisando una y otra vez si es necesario
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El capitulo 8 es interesante, ahora entiendo que no fueron Morth y Zamza los de la novatada, no se si tenga algo que decir sobre el en lo que tengas que cambiar.
¡PEROOO! si hay algo que me ha estado rondando la cabeza sobre el capitulo 1, es el hecho de que los padres de los gemelos se fueran de viaje el mismo día en que su hijo se va a un instituto privado, no me parece muy lógico ya que en la carta debe decir la fecha y hora en la que llegarían por el.




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sí, eso me lo apunté para cambiarlo, osea, agregarle la razón de porqué se van a prisas :)
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<<<<cpaítulo 8 posteado>>>>
Se me ha trabado un poco, resultaba complicado
describir y explicar ciertas escenas >w<
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al principio del capitulo 7 hay algo que no me cuadra, alexa se da cuenta de que la cama de darien está hecha y por eso piensa de que es un chico pulcro, pero luego cree que se ha dejado el grifo de la ducha abierto, eso es difícil de esperar de alguien que cree que es pulcro.

si me permites una sugerencia, podrías poner que estando medio dormida no se da cuenta del grifo de la ducha, el día anterior fue agotador para ella, así que seria mas explicable la situación.

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uhm es un muy buen punto de vista Tetsubo, me gusta lo que me comentas, lo cambiaré.
Eres una persona realmente observadora! Me sorprendes!
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hehe si, gracias

y ni te imaginas lo que puedo llegar a observar 

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Muy bueno el capitulo siete, ya quiero saber como le va en el entrenamiento, ya que al ser gemelos... bueno, mejor me callo.

Este también me dio ideas, a ver cuando puedo trabajar en ellas.




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Capítulo 7 agregado!
No me gusta mucho el resultado, sobre todo desde la mitad del capi,
así que si podéis darme opinión, estaría muy agradecida.
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Ale leído todo, (lo expuesto claro), me está gustando la historieja, al principio antes de leerlo pensé que seria una versión inversa de Rosario + vampire pero veo que no ^^.

Un par de detallitos, revisa las faltas de ortografía, cuanto antes lo hagas menos te costará.

En el capitulo 6 que pone "No ha venido —Morth sacó la cabeza por el marco de la puerta antes de que Darien entrase al salón principal—, he preguntado, nadie la ha visto desde ayer… me preocupa un poco." eso habría que ponerlo antes de que

Darien aparezca, vale que lo dices, pero queda un poco raro, a mi me descolocó un poco. 

Y luego de que Darien sea medio íncubo medio vampiro, no se no me convence, espero que mas adelante aya una buena explicación para eso, por que los incubos, vale, podrían tener descendencia con otros seres, pero su descendencia siempre es puramente demoniaca matando a la madre, según su mitología claro, aquí ya, tu historia como los quieras poner. Pero los vampiros son seres muertos, sus células ni mueren ni se regeneran, en todo caso su cuerpo se auto-regenera mediante su mitad demoniaca que habita en su sangre, te agradecería que pensases en esto, bastantes cagadas vampiricas hemos tenido ya con crepúsculo.

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Me lo apunto todo Tetsubo!
Sí, lo de vampiro pensaba quitarlo en la revisión, tampoco me gusta, la verdad,
no sé ni porqué lo puse... xD
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Como prometí ya lo leí todo (lo hice el mismo día jeje)
Es interesante, coincido con Tetsubo con lo del nombre, sería mas lógico que pensara eso al leer al carta.
Otro detalle es el de los compañeros y su "novatada", al no ser algo importante para la historia considero que dejar ese lazo abierto no es necesario, a mi me parece que Morth y Zamza lo hicieron, aunque no se, la reacción lógica me parece que a directora o el presidente obliguen a los culpables a disculparse, ta y como en muchas escuelas normales.
Se que no debería meterme en la historia así, ya que tu eres la autora, pero me gustó mucho y quiero seguir leyendo mas incluso se me ocurrieron ideas para un par de dibujos que luego te mostraré, un abrazo 




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Gracias Buho!
El problema es que no es una escuela normal, de todas formas,
agregaré algo para que quede más detallado o más realista n.n
No te metes, me interesa mucho que me lo digáis, porque así
me ayudáis!
Oh me muero por verlos, seguro que lo haces genial!
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de momento he leído el capitulo uno y leyendo veía un manga, pero vi un par de fallos el de los tres ojos no es un cíclope si no un triclope, y si vio cartas de la escuela ¿por que se extraña del nombre cuando llega y le dicen el nombre de esta? en las cartas debería poner el nombre de la escuela.

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Bueno, es un borrador >w< aún no la he revisado.
Pero me apunto lo que me comentas! Así lo tendré más fácil
cuando haga la corrección general. Muchas gracias
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claro siempre va bien que bayas exponiendo los borradores, muchas veces cuando escribimos algo no vemos los fallos narrativos por que como lo tenemos en mente allí no hay fallos, pero luego al escribirlo quedan cosas un poco raras, muchas amistades que han escrito algo lo han pasado para que se lo corrijan y vean si hay fallos o formas mejores de escribirlo.

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Todo es mente, el universo es mental.

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de lo que se aprende es de las críticas constructivas, no de los halagos (todo sea dicho) :D
Siempre queda algo, eso sin duda. Lo bueno sería contratar un corrector, pero cuestan muy caros... u_u
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claro que se aprende de las criticas constructivas incluso de las negativas, pero los halagos también son necesarios, por que nos ayudan a continuar.

cierto que un corrector seria muy apropiado pero se trabaja con lo que se tiene y lo que ese puede conseguir, yo me estoy currando un tetsubo con solo un cincel y papel de lija, me hirió de maravilla una lija eléctrica y un torno, pero es lo que hay.

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Por lo que veo te conseguiste un buen editor , en cuanto lea todo lo que tienes aquí comento algo mejor




!Pasate por mi galeria! Saludos del Buho, desde el bosque de la noche eterna.Y mi DA aquí
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Gracias Buho! espero tu opinión!
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pues viendo la sinopsis si que parece un otome, pero la historia parece interesante, cuando pueda me la leo.

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Gracias, espero que dejes opinión cuando lo hagas :)