RAYUELA Cap 68, Cortazar

Hola hacia mucho que no subia nada, les traigo una ilustración basada en el relato del capitulo 68 de Rayuela un libro muy famoso de Julio Cortazar. En sí el fragmento es casi ilegible, porque usa un lenguaje que él mismo creó llamado gliglíco, pero  que si lo leen varias veces comenzaran a notar que si hay coherencia en el txto y que describe una situacion muy particular.

La tácnica usada es mixta, lapices acuarelables, tinta china, acrilico y un acabado final en photoshop.

Les dejo el relato animense a leerlo!

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias