Insano - Blog de LuisGarcia

Insano
 
Con el insomnio, nada es real.
Todo está muy lejos.
Todo es una copia de una copia de otra copia.
-       El club de la pelea
 
1
El autobús aun no pasaba, Enzo tenia varios minutos esperándolo, casi media hora sentado en la banca de metal donde muchos otros seguro ya se habían lanzado un gas o pegado un chicle en la parte de abajo uniéndose a la colección de huérfanos masticados sin sabor. Estaba nublado. Un amarillo opaco iluminaba la mañana entre espesas nubes grises que advertían una inminente tormenta. Frotó sus ojos espantando el sueño; había dormido muy pocas horas en la última semana, el insomnio había estado vigilante y unido a la cafeína mezclado con alcohol no dejaba otra cosa que unas oscuras bolsas bajo sus ojos. La barba le picaba un poco, había perdido su rasuradora, la única que tenia y un brote de pequeños granos se mostraban en un lado de la frente. Una mujer vestida con un vestido morado estampado con flores y cabello rubio paso frente a el y le dio los buenos días, respondió por deuda social, no porque le importara si el día estaba bien o estaba mal, últimamente todo le importaba muy poco. La vida se había vuelto en un ir y venir de tareas que tampoco tenían sentido, se había graduado hace poco y aun no conseguía empleo, el teatro ha muerto, pensó y se abrocho la chaqueta, tenia algo de frio, era una mañana algo invernal y ese estado lo hundía mas en su miserables pensamientos. La mujer del vestido morado estaba de pie hablando por su teléfono recostada al borde de un poste de un anuncio publicitario de un nuevo helado. La observó un poco y le pareció hermosa pero nada mas, no quería involucrar sus sentimientos que sentía que habían desaparecido al igual que la última cajetilla de cigarros que se había fumado. Ese día se vería con un grupo de amigo a ensayar una propuesta que quizá sería lo que lo sacara de su monotonía pero quizá solo era una cortina de humo para seguir haciendo lo mismo, la misma puesta en escena que no llevaba a nada solo a unos aplausos sin esencia y sin sentido, el teatro definitivamente había muerto. O era el quien comenzaba a sentirse como un cadáver, miro sus manos y las sintió resecas, mojo su labio inferior y sintió lo mismo. Un olor a gasolina le perforó la nariz y vio que el bus había llegado a la parada, se levantó pesadamente de su asiento y dejó que la mujer del vestido morado se subiera primero, sintió algo de desprecio por ella, su vestido era horrible, eso la convertía inmediatamente en una horrible persona.
La mayoría de los asientos estaban ocupados, salvo por unos tres al final. Se sentó observando por la ventana y esta estaba empañada y manchada por el pegamento de una calcomanía que había sido arrancada dejando solo la parte superior de unos ojos lacrimosos y una corona de espinas. La música comenzó a sonar estridente para los oídos de Enzo, ese día se encontraba sensible a todo, era uno de esos días donde su humor se había ido por la cloaca y evitaba mirar a las personas para que no se dieran cuenta de lo amargado y arrepentido de despertar con vida se sentía. Ese día sentía que había muerto.
Levantó la mirada por encima del vidrio de la ventana buscando referencias del lugar donde había de ir, se levanto y pidió la parada con un golpe en la parte de arriba de la puerta, la lata sonó estridente y el bus se detuvo sin antes el chofer lanzarle una mirada que pudo haber matado a todos los de la unidad, Enzo no le prestó atención, se bajó y caminó. 
 
2
La casa de su mejor amigo estaba a unas cuadras mas adelante y no iba a tomar otro transporte para llegar, prefería caminar. Cesar vivía en una casa de dos pisos situada en la entrada de un barrio, era grande más no lujosa y vivía solo en ella.  Sus padres se habían ido de la ciudad hacia unos meses y el se había quedado para terminar sus estudios, había estudiado con Enzo, pero congelo unas materias pues había enfermado a causa de una infección renal que había empeorado pues su adicción a los fármacos había contrarrestado los efectos del medicamento. Era un maldito adicto, le había dicho Enzo cuando lo fue a visitar en la clínica, y ahí se había quedado internado como por un mes pues tuvo que ser desintoxicado para poder seguir con su tratamiento, ahora seguía consumiendo pero en menor medida.
Toco el timbre y este no funcionaba, así que golpeo la rustica puerta de madera un par de veces y minutos después un joven delgado y alto se asomo por la puerta que había sido abierta unos dos centímetros.
-       ¿Aun durmiendo? – pregunto Enzo indiferente
-       ¿Que hora es? – pregunto Cesar limpiándose la saliva seca de su boca.
-       Hora de levantarse vago. – Enzo empujo la puerta y entró. Observo a Cesar desaprobando su vida y siguió por el estrecho pasillo que estaba sucio y maloliente.
Aun no he hecho nada de desayunar, debe haber algo en la nevera –la voz de Cesar  era pegajosa y lenta, se abrocho el pantalón de licra que llevaba algo caído mostrando su escaso vello púbico y camino tras Enzo. – hay algo en la nevera, prepárate algo.
-       Aquí solo hay restos – Enzo lo miro levantando un cartón de leche que a la distancia se veía vencido, lo rego en el suelo y grumos de leche cuajada cayeron en la cerámica.
-       Eso es lo que hay – murmuró Cesar sin darle importancia al reguero y al olor acido que este desprendía.
-       No te das vergüenza Cesar – dijo Enzo lanzándole el cartón del leche medio vacío a su cuerpo el cual quedo lleno de el vencido liquido amarillento.
-       ¡Coño marico! – grito Cesar rompiendo su estado de somnolencia catatónica. – ahora tengo que bañarme y no pensaba hacerlo hasta mas tarde que llegaran los demás.
-       ¿A que hora llegan? – preguntó Enzo con medio cuerpo metido en la nevera, rebuscando entre el pan y la mayonesa.
-       En un rato creo.
-       Anda arréglate – dijo Enzo y se sentó en la mesa de la cocina con un trozo de pan de piña y jugo de cartón que al parecer aun no había caducado.
Cesar subió las escaleras que quedaban en el pasillo fuera de la cocina, la casa estaba a oscuras aunque el bombillo de la cocina alumbraba algo perezoso sobre el techo enmohecido de lo que antes debió haber sido una hermosa casa. El agua se filtraba por las paredes abombando la pintura y las puertas de madera se habían desconchado por causa de la misma humedad. La casa olía a suciedad y humo de cigarros, Enzo masticó el trozo de pan indiferente a lo que veía, a lo deteriorado que estaba su amigo y como su casa había sido invadida por el mismo estilo de vida, parecía que la casa lo hubiera vomitado a el y era solo uno mas en aquella miserable pero hermosa pocilga. Me siento cómodo aquí, pensó Enzo mientras masticaba el pan, escupió un pedazo de plástico y siguió comiendo. En el fondo Enzo quería a su amigo, es mas podía arriesgarse a decir que lo amaba pues era lo más cercano que tenia. Su decadencia era la de el y así sucesivamente, ambos eran parte del mismo montón de estiércol.
 
 
 
 
3
 
Cesar aun se bañaba, Enzo había dejado de comer su pan de piña. Había dejado mas de la mitad de su jugo de cartón pues comenzó a saberle amargo y no quería pescar una amibiasis o algo peor. Camino hasta la salida de la puerta y se asomo para ver si Cesar había bajado, nada. Subió las escaleras pasando las manos por la pared donde podían verse unas fotografías de Cesar y su familia, el pasillo que comunicaba a todas las habitaciones estaba igual de sucio que la planta baja de la casa, camino y llegó a la habitación de Cesar que estaba abierta, un poster de Charles Chaplin colgaba en ella lo miro un rato y se avergonzó de ser actor. Entro en su cuarto y una cama desordenada estaba en medio, el televisor estaba encendido y un video de Los Speakers se veía en la pantalla. <<La casa del sol naciente>> La puerta del baño también estaba abierta y Cesar estaba dentro secándose el cabello. Cesar lo observó de manera divertida y le hizo una señal con la cabeza para que lo esperara afuera.
-       Deja de meterte tantas cosas pana – le dijo Enzo desapareciendo de la puerta. Cesar no respondió.
Enzo estaba sentado en la cama sobre un edredón con el rostro de Maddona dibujado sobre el. Cesar salió del baño en boxers, la elástica de los mismos bailaba en torno a su delgada cintura, le dio la espalda a Enzo y comenzó a registrar en su closet.
-       ¿Azul o Rojo? – preguntó mientras sacaba dos franelas con estampados, tenia un aire a una diva en rehabilitación.
-       Lo que sea marico – dijo Enzo sin siquiera mirar la ropa.
-       ¿Que tienes? – le pregunto cambiando su tono de voz a uno mas áspero. – deja esa cara de culo vale.
-       No es nada solo que ando aburrido. – respondió Enzo observándolo
-       Entonces… ¿Azul o Rojo? – ambos rieron.
Cesar era Homosexual, no hacia falta preguntarlo para saberlo, la mayoría de los estudiantes de la facultad de humanidades lo eran, pensaba Enzo, el no, el era un macho asexual, no le importaba nada ni le gusta nada, ni el pescado ni la carne ni nada que este en medio. Ese día Cesar llevaba el cabello algo mas corto y lo tenia tenido de rojo, se colocó la franela azul y luego busco un pantalón negro de tela casual y metió sus delgadas y largas piernas en el. Se sentó frente a su espejo y encendió unas bombillas que el había improvisado como los espejos de los camerinos.
-       Algún día seré un grande de las tablas – coloco sus manos sobre su frente y estiro sus cejas hacia arriba. – tu también, mírate… eres apuesto y talentoso.
-       Que coño dices – Enzo volvió a reírse, Cesar siempre lo divertida, se sentía a gusto con el, era mas que un amigo un hermano aunque sabia que Cesar estaba enamorado de el.
-       Cesar se levanto y camino hacia donde estaba Enzo, se sentó a su lado, lo abrazo y le dio un beso en la frente.
-       Estamos listos – dijo y se levanto.
 
4
 
A las 10 de la mañana sonaron unos golpes en la puerta, unos minutos antes Enzo había buscado una escoba con la que barrio la sala, busco un coleto e intento lavarlo lo cual fue inútil pero aun así lo paso sobre el piso que quedo algo mas limpio. En la puerta estaban dos chicas, Sara y Salma eran gemelas. Y tras ella Noé, un chico bajo pero con un cuerpo robusto y bien formado. Cesar abrió la puerta y los saludó, pasaron y se sentaron en los muebles de la sala, Noé saco un cigarro y comenzó a fumarlo mientras las gemelas solo esperaban a que Cesar buscara unos libros que estaban en la estantería cerca a la ventana que daba al frente de la casa. El ventilador del techo sonaba sordo y una araña tejía su tela en la base pegada al techo.
-       Wilkommen meinen geschätzten Sachauspieler – dijo Cesar en un mediocre alemán mal pronunciado. – Bienvenidos mis actores amados. El teatro nos reúne aquí para hacer Magia.
-       Magia – se burlo Noé. – llega al grano Cesar.
-       Si, Magia. – Recalco Cesar acostumbrado a las burlas de sus amigos. – tenemos que practicar, los guiones están listos.
-       Los guiones están listos, cada uno tiene sus partes marcadas – Dijo Enzo pasando los libretos a sus compañeros.
-       ¿La Divina Comedia? – Preguntaron Sara y Salma al unísono.
-       Perded toda esperanza mis amores. – les respondió Cesar citando parte del famoso poema de Dante.
Desde hace unos meses Cesar había querido montar una pequeña muestra teatral, era el siempre quien nos animaba, creaba los textos y colocaba la casa para ensayar. La Divina Comedia era uno de esos textos que siempre había querido representar, ahora lo teníamos a mano y el había escrito la mayoría de las escena obviando ciertas partes del poemario para hacerlo mas accesible a nuestra realidad, la realidad de unos pobres actores de teatro buscando ser reconocidos. La muestra consistía en llevar a la cotidianidad el infierno de Dante, ya Cesar se había autoproclamado el Virgilio de la historia y algo le decía a Enzo que el seria el desdichado que caería en sus brazos cada vez que llegaban a un nuevo circulo del infierno.
-       Entonces… ¿les gusta? – pregunto animado Cesar mientras posaba como un Virgilio moderno frente a nosotros.
-       A nosotras nos gusta – dijo Sara – le cambiaria algunas cositas pero del resto esta bien a mi parecer.
-       Igual a mí. Me gusta la idea. – Noé apoyó la propuesta de Sara insistiendo también en posibles modificaciones.
-       Se cambiará lo que se te tenga que cambiar. – Cesar se mostro complacido. – ¿y tu, Enzo?
-       Por mi esta bien. – respondió evitando caer en discusiones.
-       Entonces cerramos la cesión del día de hoy. – cesar aplaudió y hizo un ademan para que nos levantáramos todos.
Cesar tenía la costumbre de abrazarnos a todos en una especie de ritual agradeciendo por haber asistido, nos levantamos y hicimos un abrazo grupal. Sara y Salma se sentaron nuevamente; aun no tenían intenciones de irse, Noé se quedo sentado también pero fumando otro cigarrillo mientras Cesar cocinaba algo en la cocina.
-       ¿Crees que sea una buena muestra? – pregunto Noé al que le respondiera primero.
-       Si, why not? – respondió Salma releyendo el libreto que Cesar había dejado en el mueble que funcionaba como mesa.
-       ¿Si estamos al nivel de esta obra? – pregunto Sara a su hermana quien solo la miro y asintió de manera conforme y relajada.
-       Creo que podemos hacer algo bien, yo me gradué y tengo conocimiento suficiente al igual que ustedes, solo debemos  prepararnos es todo. – Enzo los miro y sintió inconformidad en los ojos de Noé. - ¿Qué sugieres?
-       Nada, solo no me siento cómodo, siempre terminamos haciendo lo mismo.
-       Esta vez será diferente. – Cesar estaba de pie junto a la puerta de la cocina con un cuchillo en su mano. – no hay pretextos para hacerlo, solo hagámoslo bien y ya, el teatro nos dará las pautas para hacerlo. 
-       Siempre hablas como si el teatro fuera una persona. – le dijo Noé con ese mismo aire de burla irónica.
-       Para mi lo es.
 
 
5
Cesar había cocinado su platillo favorito, lo que siempre comíamos cuando estábamos en su casa, arroz con verduras, papas fritas y huevos revueltos. En la mesa una salsa de tomate casi sin salsa adornaba la escena de lo que parecía un cuadro bohemio con pobres diablos comiendo algún bocado de comida. El arroz estaba pasado en sal pero los huevos estaban insípidos así que los compensamos con la sal del otro contorno. Comieron en silencio cruzando a veces las miradas o comentando sobre quien se había acostado con quien. Nada le sorprendía a estas alturas, pertenecía a una cultura decadente y promiscua donde al parecer el sexo era lo que quedaba para los olvidados por el amor. Salma había dejado casi todo el arroz, era comprensible tanta sal podía cortarle la lengua a cualquiera, Noé devoraba su plato y luego comió lo que quedo del de Salma, su boca no tenia mucha sensación que se diga, fumaba como una puta presa, una puta vieja y sin clientes. Sus ojos estaban amarillos por la nicótica. Salma y Sara vestían casi igual, ambas llevaban un vestido negro escotado, parecía ropa comprada en los callejones donde venden prendas de segunda mano, ropa que antes fue amada por otras personas. Sara decía que su vestido perteneció a una dama de honor y que ahora era de ella y que si escuchaba con cuidado podía oír los lamentos de la novia. Cada unos estaba mas demente que el otro… ¿y que se iba a hacer? Así éramos los olvidados de la vida. Toda la tarde la pasamos leyendo poesía francesa, un tal Paul Verlaine, Cesar lo pronunciaba Veglaini. Siempre ha sido un chico muy extravagante, yo por mi parte evitaba serlo aunque cuando me pasaba de algunas copas siempre terminaba haciendo alguna estupidez. El alcohol no tardo en llegar, Cesar colocó una botella de Casillero del diablo sobre la mesa, estaba nueva y sellada. Comenzamos a beber.
Cesar subió a su habitación dando tumbos, eran las 3 de la tarde, Salma y Sara reían leyendo poesía erótica y Noé sacaba un nuevo cigarrillo de su cajetilla. Morirá pronto, pensó Enzo y se asomó por la ventana. Fuera no había mas que una calle larga y solitaria, pasaban personas pero solo el solo fijaba en la calle y en lo sola que podía sentirse ahí pisada por tantos indiferentes. Un niño pasó en una bicicleta y se quedo observándolo, le sonrió y el solo se quedó ahí como quien no ve a nadie.
Cesar bajo vestido de mujer, llevaba los labios pintados de un rojo brillante, un vestido ajustado color marfil apretado a su cuerpo mostraba un figura larga y serpenteante. Unos tacones de punta corrida calzaban sus pies. Siempre se hacia la diva, la reina, una Drama Queen, Enzo pensaba mucho en su muerte, y seguro el moriría así, como una diva abandonada en un cuarto de hotel barato con una aguja clavada a su brazo. Todos reían a carcajadas observando s Cesar hacer un monologo sobre la virginidad y sus virtudes. Noé tocia y sus ojos cada vez parecían más rojos. Sara había vomitado sobre la alfombra y Salma tenia sus piernas abiertas sin importar que se le viera su entrepierna. El teatro a muerto, pensé nuevamente y los imagine a todos ardiendo en las llamas del infierno de Dante, cada uno pagando su castigo a causa de sus excesos y lujurias. Yo por mi parte me sentía indiferente a todo aunque en el exterior participaba, tenia un vaso de plástico en mi mano lleno de licor, estábamos ebrios y aun no eran ni las 4 de la tarde.
La tarde llego, todos dormían en los muebles, en la noche Sara y Noé tenían otro ensayo en otro grupo, Salma debía ir a casa, su madre padecía de cáncer  de estomago y era quien debía suministrarle los medicamentos pues a veces ella, su madre, lo olvidaba. El sol comenzó a ocultarse tras los esqueletos de las torres de electricidad y algunas casas que se veían en el horizonte. Los tres salieron, Salma a su casa y Sara y Noé al ensayo.
-       Noé se coge a Sara. – Cesar se paró al lado con el maquillaje corrido. Llevaba un cigarro en su mano derecha la cual se sostenía sobre su brazo izquierdo que se cruzaba bajo sus pechos falsos.
Eso es peo de ellos. – dijo Enzo tumbando su cigarro, estaba cansado de tanto humo por hoy.
-       Perdóname. – dijo Cesar sin sorprenderse. - ¿te vas a quedar?
-       Quizá. – respondió el con tranquilidad.
-       Arriba hay un colchón de más. Pero puedes dormir con esta bella dama.
-       Prefiero dormir con el perro. – le dijo Enzo y ambos rieron.
Cesar cerró la puerta de su casa y entraron, fuera el sonido de la noche comenzaba a consumir el cielo oscureciéndolo y dibujando pequeños agujeros en un cielo contaminado por el humo de los autos. Esa noche Cesar durmió con Enzo, ambos en la misma cama pero no paso nada ni tampoco sucedería nada en un futuro, Cesar lo respetaba  y sabía que el era su único amigo en el mundo que lo había soportado a pesar de sus imprudencias, lo abrazo y se quedó dormido. Mientras intentaba conciliar sueño la mente de Enzo divago en las esquinas de ese cuarto, una fotografía de Princes colgaba frente a la cama, sus ojos expresivos y delineados los observaban esperando a lo que fuera que nunca sucedería. Enzo cerró los ojos y esa noche soñó como todo el mundo ardía en fuego. 
 
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