¿El fin justifica los medios? - Blog de Hache-ijk

Aquí va una historia que intenté hacer tras una idea filosófica que no tenía muy clara dependiendo del ejemplo. A ver qué tal =3


Chapter 1


RUTZ

Viernes 12 de Octubre, 2082

Nuestro mundo está podrido. Ahora mismo seguro que alguien está siendo atracado, un asesino va a salir de la cárcel, un bebé acaba de ser abandonado en un basurero, un ciudadano asesinado, una chica será violada en breves… si no lo ha sido ya. Todas estas personas, en este momento, están sufriendo todo lo que acabo de escribir, y no sigo nombrando más acciones por miedo a que se forme una mirada de pavor en tu rostro, y en el mío.

Mis padres me dicen que hace no muchos años, había igualdad entre las personas. Tal vez clases sociales muy diferentes, pero no la situación que se está viviendo en el presente. Desde que los altos cargos del Gobierno decidieron que conseguirían todo el poder, esta ciudad y muchas más, de todas las naciones importantes, han sido aniquiladas.
Los políticos se volvieron ambiciosos, no de la opinión y la aceptación de su pueblo, sino de dinero y mandato. No podían conseguirlo por sí solos, claro que no, no les íbamos a dejar que nos doblegaran tan fácilmente. Por ello, se ayudaron de lo que podríamos llamar, mafias, gente peligrosa, demasiado. Hicieron un trato, los gobernantes no les pondrían límites si cooperaban con ellos, si conseguían poner al pueblo de rodillas y con un bozal para ahogar sus gritos de rabia y odio hacia el sistema. Y, en menos tiempo del que nos imaginábamos, lo consiguieron.

Ahora no puedes confiar en nadie más que en ti mismo y en tu familia, no de todos tus amigos, ya que no sabes a dónde pertenecen. Si estás en peligro que ni se te pase por la cabeza pedir auxilio a un agente de la ley, no te ayudará, ya que la ley que el impone no es la que tú deseas. Si eres una mujer seguramente te ayude para que le des las gracias, y así luego tenga un motivo por el que tengas que devolverle el favor, una manera que seguro que no te va a gustar. Si eres un varón, teme por tu vida.

Nos encontramos sin saber qué hacer, no nos atrevemos a llevarles la contraria por miedo a perder nuestra vida o de aquellos importantes para nosotros. Los agentes ahora son corruptos, puede que no todos, pero sí la muy mayoría. Los políticos no escuchan nuestras súplicas porque tienen todo lo que desean, y las mafias, al tener ya vía libre, son los dioses de este mundo. Ni siquiera a los más altos cargos de las naciones se les ocurre llevarles la contraria.

Mas, puede que haya algo que SÍ que podemos hacer. No estoy muy segura, ya que los medios de comunicación están sobornados, pero he oído hablar de grupos "terroristas", anarquistas de la sociedad actual. Aunque todos por dentro lo seamos, sólo ellos se atreven a dejarse oír.
Si todo esto es cierto, uno se encuentra en mi ciudad. Y sé que quiero unirme a ellos, pero no sé cómo localizarlos. No tienen nombres, no dejan huellas, no tienen identidad. El único dato que tengo es el nombre de OCuST.
Está decidido, tendré que hacerlo con prudencia, pero voy a busca…

-¿Qué estás escribiendo?... - Salté de la silla y cerré el diario lo más rápido que pude, esperando que no llevara mucho tiempo detrás de mí.
-¡Nada! Una historia. – Respondí deprisa, sin pensar.
-¿Una historia? Y… ¿de qué trata? – Ya sabía que le estaba mintiendo, se le notaba en la expresión, pero me siguió el juego.
-Pueees… de una chica, queee… su espíritu se transforma en un gato, y ese gato… le sigue… a todas partes. – Se me notaba el plumero demasiado, y Eric me dijo con la mirada que le contara la verdad. – Vale, estaba escribiendo sobre la política.
-Déjame verlo. – Entonces se le iluminaron los ojos e hizo un amago de alcanzar el diario rojo del escritorio. Yo me levanté corriendo y cogí el cuaderno, colocándolo a mi espalda.
-Creo que va a ser que no. – No quería que supiera lo que tenía pensado hacer, no le gustaría nada si averiguaba que quería unirme a una organización terrorista.
-Rutz, vamos. Sólo tengo curiosidad. – Intentó cogerlo de nuevo, pero yo fui más rápida, pero también más torpe. Y caí sobre la cama, dejando soltar el diario. Típico en mí… Él comenzó a reírse por la escenita tan ridícula que le había montado y recogió el cuaderno del suelo.
-Por favor, no lo leas todavía. Espera a que lo termine al menos. – Tenía que inventarme cualquier excusa. Eric se lo pensó durante unos segundos y acabó diciéndome que sí con la cabeza mientras me ayudaba a levantarme. Me devolvió el cuaderno, y yo lo tiré encima de las sábanas para poder darle un abrazo sin ninguna molestia en las manos.
-Venga, corre que ya es de noche. Falta sólo media hora para el toque de queda y aun tengo que llevarte a casa. – Aclaró. Comenzó a empujarme hacia la entrada para que me calzara y recogiera las cosas. Fui rápida  y en unos segundos traspasamos la puerta de su apartamento.
 
 
Chapter 2
 
 
ERIC

Regresé a casa poco después de que se hubiera dado el toque de queda. Me crucé con un grupo no muy numeroso de agentes por las calles. Pero no me costó gran esfuerzo esquivarles, no estaban muy atentos a su turno de guardia.
           Entré a la habitación y un cuaderno rojo abierto encima de la cama captó mi atención. Lo reconocí al instante. Me tumbé sobre la manta oscura y abrí el diario empezando por la primera página.
"Lunes 9 de Febrero, 2082"
Vaya, admito que esperaba encontrarme un título así como "¡No lo mires!" o, tal vez "¡Acaba de caer sobre ti una maldición!... ¡Ja!" Pero no, simplemente una fecha. Pasé las páginas hasta la última que había escrita, no iba a leerla. Mas, una palabra al final del todo me sorprendió demasiado… "OCuST". No pude evitarlo y comencé a leer el escrito desde el principio.
Estuve absorto un buen rato, tragándome las palabras que Rutz había escrito en aquellas hojas. No niego que estaba de acuerdo con su opinión, como muchas personas civiles. Pero… lo último que nombraba…
Tiré el cuaderno al suelo con fuerza y me oculté el rostro con las manos para poder pensar con tranquilidad. Pasaron los minutos y aun no creía lo que había podido leer momentos antes. OCuST… ¿De verdad quería unirse a esa banda? No niego que ya era bastante mayor para aprender a cuidarse sola, y que podía tomar sus propias decisiones. Pero… aun así…
Sé que era su deseo, ella realmente quería unirse a esa organización. Tenía miedo, pero, ella quería hacerlo.
Me erguí de nuevo y alcancé el teléfono móvil que había en la mesa. Pulsé el número 9 y me acerqué el móvil al oído. Sonaron dos tonos como mucho y alguien al otro lado de la línea descolgó.
-Ya tenemos seis. – Anunciaron mis labios, mientras me preguntaba por dentro una y mil veces si estaba actuando de la forma correcta.
 
 
Chapter 3


RUTZ


La mañana se despertó despejada y con un sol fuerte. Me levanté de la cama, activa recordando que era sábado y en seguida salí de mi dormitorio para bajar las escaleras y desayunar con calma. Me preparé mi típico bol de cereales y un par de tostadas, admirando con los ojos la comida que me esperaba.
-¡Adoro los sábados! – Pensé en voz alta con demasiada alegría. Entonces oí la puerta principal abrirse y pocos segundos después cerrarse. Me asomé con curiosidad desde la cocina, aunque ya supiera que era mi madre.
-¡Hola mamá! – Saludé mientras me sentaba en la mesa para empezar mi desayuno diario.
-Hola, Rutz. - Se acercó a donde me encontraba y me besó la frente. Parecía cansada, seguro que llevaba trabajando toda la noche.
-¿Qué tal te ha ido en el trabajo?
-Hija, estoy rendida. El hospital me agota cuando me seleccionan para el turno de noche. Creo que me acostaré un rato, pero me levantaré antes de comer para ayudarte.
Se dirigió escaleras arriba y entonces me acordé. Salí corriendo aun con comida en la boca para alcanzarla.
-¡Mamá! Se me había olvidado decírtelo. Esta tarde empiezo el curso de auxiliar de enfermería. – Hice una pausa para poder tragar y continué. – Así que me iré hoy pronto de casa. En cuanto terminemos de comer.
Mi madre asintió con la cabeza mientras me sonreía y terminó su recorrido hacia su cuarto.

La tarde se hizo corta, y el curso fue un poco aburrido la verdad. El monitor nos dio una charla breve a los jóvenes que habíamos acudido. Después nos dejó hablar entre nosotros.
En ese rato me junté con los demás y conocí a bastante gente. A las siete ya había anochecido, y unos minutos más tarde salimos todos del Centro de Educación.
            Unas chicas del curso me invitaron a dar una vuelta con ellas y yo acepté encantada, con la condición de que antes de las diez de la noche volvería a mi casa, para que el toque de queda de las once no me cogiera yendo sola por la ciudad.
            No llevábamos andando más de cinco minutos cuando una de ellas, mayor que yo, de rasgos firmes y un cabello rubio y rizado, nos avisó en voz baja:
-Ey, chicas. No miréis hacia atrás, pero creo que unos hombres nos están siguiendo.
Aunque nos dijo que no girásemos para comprobarlo, un par de nosotras sí que lo hicieron.
Intenté calmarlas diciéndoles que eran imaginaciones suyas y continuamos unos metros más. Si nosotras girábamos una esquina, ellos la giraban. Si cruzábamos una calle, ellos nos imitaban. Admito que yo comencé a asustarme, al igual que las chicas. Y se me ocurrió una idea para ahuyentarles. Me coloqué en el grupo de forma que no pudieran verme aquellos desconocidos y les susurré un plan.
-Vayamos al portal nº23 y finjamos que yo vivo allí. Con buena suerte, ellos creerán que es mi casa, no tendrán valor como para entrar sin saber si hay adultos. – No recibí respuesta, bien por su parte. Si hubieran hecho algún movimiento se habría notado demasiado que era una acción falsa.
De ese modo, llegamos al portal y me acerqué a la puerta con paso desafiante. Atrapé el pomo de la puerta y tiré de ella por inercia, con gran asombro me quedé al ver como la puerta se abría. Una excepción en la seguridad de ese tiempo, pero que nos vino muy bien.  Y entramos lo más rápido que pudimos.
-Ya está, no ha pasado na… - Un hombre entró antes de que la puerta llegará a cerrarse. Y detrás de él aparecieron seis más,  cada uno inmovilizó a una de nosotras.
           Empezamos a gritar y a pedir auxilio, esperando que algún vecino saliera de su perfecto hogar para socorrernos, mas no fue así. Tal vez no había nadie, o no se atrevían a jugarse la vida por unas niñas. Nos sacaron a la fuerza del portal entre un mar de gritos y patadas por nuestra parte para liberarnos, no lo conseguimos. Oteé la calle, queriendo encontrar a alguien, pero no había nadie que pudiera ayudarnos. Una furgoneta gris apareció por la carretera, uno de los secuestradores abrió la puerta trasera y nos obligaron a entrar en ella por medio de empujones.
Las chicas comenzaron a llorar, yo no podía, estaba paralizada y demasiado asustada como para pensar o tan sólo llorar.
En cuestión de poco tiempo la furgoneta se detuvo, el conductor, alguien robusto y con el pelo largo bajó del vehículo y abrió la misma puerta por la que habíamos entrado. Nos arrastraron por la calle hasta la entrada de un edificio viejo que tenía la puerta abierta. Yo iba la antepenúltima en la fila y me negué a continuar. El hombre que me cargaba optó por recogerme para que no pudiera tocar el suelo y le fuera más fácil transportarme. Bajamos unas escaleras, traspasamos una puerta de acero y llegamos a una sala bastante grande, con comunicaciones en sus extremos con otras habitaciones, igual de inmensas imaginé.
-Llevaros a cada chica a su habitación. – Ordenó el conductor de la furgoneta. Las cinco chicas además de mí comenzaron a gritar histéricas, daban patadas al aire, lloraban, pegaban puñetazos. Les costó bastante conseguir separarlas, pero al final cada una desapareció por una de las comunicaciones. Mientras tanto, yo conseguí escaquearme del armario que me retenía con una patada en la entrepierna. Empecé a correr de vuelta a la salida y abrí la puerta por la que había entrado. Intenté subir las escaleras y noté el roce de una mano con mi pierna. Esa mano me tiró al suelo y me recogió, devolviéndome a la sala anterior.
-A esta aplicadle el suero, sino no conseguiréis que esté quieta. – Intenté girarme al reconocer la voz, pero el hombre que me agarraba me tiró al suelo, dejándome boca arriba mientras conseguía inmovilizarme. Otro de ellos se acercó con una aguja con algo en su interior. Sin saber lo que contenía ese chisme, comencé a gritar lo más fuerte que pude, dejando que las lágrimas que antes no había permitido salir, conocieran ahora la luz artificial que había encima de mi cabeza. Seguí gritando y revolviéndome con los ojos cerrados esperando el pinchazo, pero antes de eso, unas manos apretaron mi boca, prohibiéndome gritar, y la luz de repente desapareció. Abrí los ojos entornados en lágrimas por curiosidad, y en frente de mí, vi entre imágenes borrosas el rostro de Eric.
A mi cuerpo le dio una sacudida y empecé a cerrar los ojos y a abrirlos una, y otra, y otra, y otra vez. Esperando que el rostro del secuestrador no fuera ese. Pero fue en vano. Cada vez, Eric hacía más presión contra mi boca para impedir mejor que los aullidos resbalaran por su mano. Su expresión no recibía ningún cambio, se mantenía tensa.
Al fin, noté el fuerte ardor de la aguja en mi brazo. Las fuerzas comenzaron a abandonarme, hasta el punto de no poder controlar mi cuerpo. La presión externa que recibía en mis brazos y en mis labios desistió, permitiendo que entrara en un corto sueño, infligido contra de mi voluntad.
 
 
Chapter 4


ERIC


Dejé de hacer presión en sus labios al notar que no oponía resistencia alguna a mi fuerza. Rutz mantenía los ojos cerrados, eso quería decir que el suero había hecho efecto. Mis compañeros se levantaron del suelo, pero yo me quedé a su lado, contemplándola con angustia, no veía bueno lo que estaba haciendo, pero no había otra manera.
Los tres chicos que había a mi lado me miraron de reojo. 9 se acercó a donde me encontraba en el suelo y me puso una mano en el hombro.
-Oye, 6. Me parece que no deberías… - Comenzó a decir, pero le corté quitando su mano de mi cuerpo. Recogí a Rutz, dormida, y me erguí con su peso en mis brazos.
-La llevaré a su habitación. Siguiendo el plan. – Expliqué a 9 y a los otros dos soldados. Pero el mensaje iba en dirección a 9.
Salí por una de las siete comunicaciones que tenía la sala y traspasé el pasillo hasta la habitación que designamos para Rutz. Su cabeza se apoyaba en mi sudadera y mientras caminaba la observaba detenidamente. No paraba de fruncir el ceño y le daban pequeñas convulsiones en los brazos. Tenía una pesadilla seguramente.
En la pared del pasillo capté un cristal. Lo pasé de largo y me paré delante de la puerta. Utilicé la llave y la abrí para entrar en la pequeña habitación deshabitada. Sólo la hacía menos fría una mesilla al lado de una cama pegada contra la pared. Diseñado para que la persona que estuviera allí siempre se colocara en la cama al ser el lugar más cómodo de la estancia, y así poder vigilarla desde el cristal. Me acerqué a ese punto y con mucho cuidado, apoyé a la Rutz soñadora de ese momento. Sabiendo que estaba contemplando en esas falsas imágenes de su mente la hora anterior. Me quedé sentado en la cama, a su lado, sin poder parar ni un momento de darle vueltas al asunto. Aun podía echarme atrás, borrarle la memoria de las últimas veinticuatro horas y hacer que despertara en mi apartamento, conmigo a su lado. Ambos felices, como antes. Realmente quería hacer eso, pero sería la forma fácil de hacerle daño. Igualmente saldría dañada, ya que acabaría separándome de ella llegada la fecha del atentado. Pero, si conseguía superar la prueba de esa noche, por lo menos sabría defenderse y yo estaría más tranquilo si llegásemos a fallar en nuestra misión. Sabía que lo iba a pasar mal pero… pero aun no había acabado de decidirme.
Un sonido proveniente de la puerta me devolvió a la realidad. Era 7, me había traído la cena de Rutz. Le eché una pequeña mirada, aun dormida. Y me levanté para recoger la bandeja y dejarla en la mesilla.
No le dije nada a 7, no estaba de humor. Él entendió lo que quería decir mi expresión y dio media vuelta para salir de la habitación. Pero se paró antes de cruzar la puerta.
-Oye, sé que no quieres hablar del tema. Pero entiéndelo 6, me preocupo por ti. – Creo que esperaba una respuesta por mi parte, pero me mantuve callado mirándole. - ¿Estás seguro de que de esta forma vas a protegerla?
Pensé la pregunta detenidamente, la misma pregunta que me llevaba cuestionando desde que leí su diario. – No lo sé 7. Pero, si ninguna de las personas a las que hemos entrenado en todo este tiempo ha salido herida, no tengo nada que perder. O llegará la mañana y se despertará en su casa, pensando que ha tenido una pesadilla de la que no recuerda nada. O llegará la mañana y tendrá unos conocimientos de supervivencia que le harán falta por si llegan a averiguar quiénes somos.
-Ya, estoy de acuerdo. Pero, ¿tú estarás satisfecho con lo que le estás haciendo? – Sus ojos demostraban que realmente se sentía preocupado por mí, se lo agradecía de verdad. Pero ni yo mismo quería saber la respuesta a esa pregunta.
Me acerqué a él y le di un pequeño golpe amistoso en el brazo, él me lo devolvió asintiendo con la cabeza y salió de la habitación, sin echar una mirada curiosa por el cristal. Eso es lo que me gustaba de 7, no se inmiscuía en asuntos ajenos. Oí un gemido a mi espalda y giré asustado. Respiré hondo y se me dibujó una sonrisa de risa en la cara, seguía soñando. Volví a sentarme a su lado y cuando notó mi presencia, giró sobre sí y me rodeó la cintura con sus brazos, manteniéndome a su lado aunque estuviera dormida. Yo le acaricié con suavidad su pelo escarlata.
Entonces miré mi reloj de muñeca, las 20:46. Aun faltaba una hora para que el suero terminara de hacer efecto, tan sólo me quedaba una hora para disfrutar de su compañía sin que ella me rehuyera.
 
 
Chapter 5


RUTZ


Estaba mareada, no podía abrir los ojos por mucho que lo intentara, los párpados se cerraban solos. Notaba peso sobre los brazos, palpé la superficie que me oprimía dándome cuenta de que era suave. Al fin hallé una esquina y con la poca fuerza que tenía lo aparté. Me di cuenta de que mi cabeza estaba apoyada sobre una almohada, y giré poco a poco para alcanzar el suelo. Cuando mis botas llegaron a tocarlo, intenté erguirme para sentarme sobre la cama. Y entonces empecé a abrir los ojos. Al principio sólo eran manchas difuminadas y sombras, después capté la forma de una mesilla y las paredes de una habitación.
Caí en que llevaba puestos los vaqueros rotos del día anterior, también la camiseta negra y la sudadera ceñida. Mantenía recuerdos vagos en mi mente: los deberes de por la mañana, el curso de enfermería, la vuelta con las chic… El pánico me inundó en ese momento. Apareció ante mí la visión de la aguja y las manos de Eric presionando mi boca. Dirigí la mano por inercia a mi bolsillo izquierdo, donde siempre llevaba el móvil, pero no lo encontré allí.
Estaba asustada, cerré los ojos y una lágrima cruzó mi mejilla, seguida de otra, y así hasta que perdí la cuenta. Me mantuve sentada en la cama, intentando averiguar la razón de todo esto, mas no la encontraba. Levanté mi peso de la cama y caminé hacia el centro de la habitación, el mareo aun no había desaparecido, pero lo ignoré. Lo ignoré, pero él a mí no, e hizo que cayera al suelo y todo a mi alrededor diera vueltas. Miré en dirección a la puerta, seguro que estaba cerrada. No iban a ser tan imbéciles aquellos hombres, así que para qué intentarlo. Cambié de perspectiva y repté unos centímetros hasta que noté la pared con mi mano, junté mi espalda con la fría superficie y descansé la cabeza, esperando que el mareo desapareciera pronto. Tenía que salir de allí.
El dolor y desconcierto comenzaron a disiparse, justo cuando el ruido de una puerta abriéndose hizo que me estremeciera. Un varón cruzó dentro de mi habitación personal, aquel varón era Eric. No se detuvo al verme con la mirada fijamente clavada en la suya, deseando que mis ojos aparentaran serenidad. Entró y cerró la puerta tras de sí, no paraba de vigilarme mientras cruzaba el espacio que le separaba de la cama y se acercó a la mesilla.
-¿No has comido nada? – No contesté. La verdad, no entendía a qué se refería. No me moví de donde estaba, y me mantuve callada, deseando que me diera alguna explicación sin yo tener que preguntar.
Se acercó a mí, sabía que esperaba a que hiciera algún gesto, pero yo ni le miré, tenía miedo. Seguí con la cabeza agachada hacia el suelo, él se inclinó y noté su voz cerca de mi cabeza.
-Aun tienes cinco minutos para poder comer algo. – Seguí sin dirigirle la mirada. No tenía apetito, lo único que quería era salir de allí. También obtener respuestas, pero me daba miedo averiguarlas. - ¡Ah! Casi se me olvida. – Sacó un teléfono móvil de su bolsillo y me lo lanzó, conseguí cogerlo antes de que cayera al suelo. – Llama a tu madre, dile que te quedarás a dormir en casa de alguna amiga. Ni intentes darle alguna pista de tu situación, te lo advierto.
Le obedecí sin pensármelo, marqué el número de mi madre y su voz volvió a interrumpir el silencio.
-Ponlo en modo altavoz. – Apreté el botón adecuado a su orden y esperé a que mi madre descolgara.
-¿Diga?
-Mamá, soy yo.
-¡Ah! Hola, Rutz. ¿Qué tal ha ido el curso? – Su tono era animado, debía estar con sus compañeros de trabajo manteniendo una alegre charla. Casi me eché a llorar al oírla, cogí fuerzas para mantenerme tranquila y que mi excusa pareciese convincente.
-Hola. Bien, bien, ha estado bien. Oy…
-¿Desde dónde me llamas? Este número no es el tuyo. – No me esperaba esa pregunta, pero no tardé mucho en contestar.
-Es el móvil de una chica del curso, resulta que es una compañera de clase, no sabía que iba a asistir. – Hice una pausa y miré a Eric, me indicó que continuase. – Oye, mamá. Ya es muy tarde para volver a casa sola, y me da un poco de miedo la verdad. Ana me ha dicho que puedo quedarme en su casa esta noche.
-¿Ana?
-La dueña del móvil. – Esperé a que mi madre dijera algo, si no me daba permiso no sabía lo que pasaría.
-Bueno, la verdad es que las diez no es una hora para ir por ahí tú sola… Está bien, pero mañana te quiero en casa temprano. ¿De acuerdo?
-Sí, gracias mamá. – No conseguí parecer feliz por la noticia, la voz comenzaba a rompérseme.
-Pásalo bien Rutz, un beso. – Oí que se cerraba la conexión y antes de poder hacer nada, Eric me arrancó el aparato de la mano.
No quería llorar, no quería, no debía… pero no pude evitarlo. Agaché la cabeza y la escondí entre mis brazos y las rodillas. Oí un ruido y me imaginé que Eric se había sentado en la cama. Levanté levemente la mirada para comprobarlo. Me asusté cuando vi que sus ojos iban en mi dirección, era una visión fría de él, no parecía el mismo que días atrás. Cuál de los dos Eric era el verdadero; mi novio, el chico que venía a buscarme a casa todas las mañanas. O este joven que se encontraba delante de mí y sus ojos me advertían que no intentara nada, o lo lamentaría de verdad.
 
 
Chapter 6


ERIC


No aguantaba más, tener a Rutz mirándome asustada entre lágrimas a apenas un par de metros de mí me destrozaba por dentro. Quería levantarme de mi puesto y abrazarla, disculparme por el dolor que podía ver que le estaba creando. Pero no, no podía ser así, por lo que le mantuve la mirada y disipé esos anhelados pensamientos de mi mente. Ella volvió a hundir el rostro entre las piernas y emitió pequeños sollozos de angustia, dejé de observarla a la fuerza para dirigir mi atención al reloj de mi muñeca. 22:02
Con gran decisión, me acerqué hasta ella y me detuve de pie, delante suyo, esperando a que levantara la cabeza, pero no lo hizo, siguió llorando. Respiré fuerte y le llamé la atención.
-Venga, levántate. Es hora de irnos. – Mi tono era frío con ella, pero debía de seguir mi papel, tenía que conseguir que me odiara.
-¿A dónde?... – Sus palabras me llegaron con dificultad por su tono ahogado. Fui a contestarle, pero al final no fue así. En vez de ello, la recogí de un brazo y la levanté ágilmente. Su reflejo fue separarse lo más rápido de mí y vigilar mis movimientos por si acaso. Su mirada me dolió más de lo que ella pensaba realmente, pero hice amagos de separarme de ella e ir hasta la puerta para abrirla. Volví a girarme y le di órdenes de acompañarme. Tuve que repetírselo hasta que, con duda se acercó hasta mí y cruzó el pasillo antes que yo. Cerré la puerta y le indiqué el camino.
Iba caminando a mi lado pero con distancia de por medio, ella intentaba quedarse atrás, pero yo le negaba ese privilegio sin llegar a tocarla. Con mucha tardanza, acabamos llegando a la sala principal del escondite. Miré a Rutz de reojo, sabiendo que estaba reproduciendo lo sucedido allí durante la tarde. Intentaba que no me diera cuenta de sus intenciones, seguro estaba de que había memorizado el camino desde el cuarto hasta esta sala para aprovecharse llegado el momento.
-Es por aquí. – Le indiqué. Y traspasamos hasta una sala continua a través de una de las siete comunicaciones. Allí estaban seis de mis compañeros y las cinco chicas. Bien, si no se habían escabullido, 7 y 8 estarían en el piso superior haciendo guardia.
Rutz se detuvo cuando vio a sus compañeras sentadas en el suelo y atadas por las muñecas, aterradas, y mudas por una cinta adhesiva que les impedía emitir sonidos.
Una de ellas, una joven muy parecida en rasgos a Rutz, pero con el pelo muy negro y rizado, a diferencia de su cabello liso y con un tono rojo brillante, emitió un sonido ahogado, delatando nuestra posición. 9, que estaba hablando con los cinco restantes, se giró de improvisto y se quedó observándonos, a mí y a Rutz.
-6 ya apareció. – Avisó a 8 por un micro que llevaba incrustado en el cuello de su camisa.
-¿6? – La voz de Rutz apenas fue escuchada, no entendía la situación todavía. Me giré y comprobé que estaba paralizada, nos separaban unos metros. Me dirigió una mirada interrogativa, por un momento vi la ausencia de miedo en ella, pero volvió cuando me acerqué hasta ella con andar desafiante. Intentó que no consiguiera agarrarla, pero falló. Y la conduje hasta el resto de las adolescentes. La obligué a sentarse, fijándome siempre en su forma de mirar las instalaciones, aunque olvidó pronto estos detalles y dedicó toda su atención a comprobar el estado de sus amigas, que no paraban de llorar, acosadas por el miedo.
Yo me quedé con los chicos, a 1 y 3 no les vi muy emocionados cuando yo me uní.
-Vigilad a las chicas un momento. 6, tú ven. – La llamada de 9 nos dispersó, y él me condujo hasta una distancia prudente del grupo.
-¿Por qué no la has amordazado? – Se le veía nervioso, aunque tenía motivos.
-No quería hacerlo, y no lo veía necesario. Apenas ha dicho dos palabras estando yo presente.
-Aun así, cíñete al plan. Ya ha comenzado dándonos muchos problemas. Accedimos todos a que ella podía ser entrenada, pero porque tú lo querías así. Nos la jugamos demasiado sabiendo que tenéis una relación emocional. – Hizo una pausa y continuó. – Vigílala.
Hizo intento de volver con el resto, pero le detuve segundos antes.
-Va a superar la prueba, sino no estaría haciendo esto.
-Ya lo sé, pero aun así debo avisarte. Lo que estás haciendo es arriesgado. – Y continuó.

Eran las 22:10, momento de comenzar. 5 comenzó, y cuando sus palabras empezaron a hacer eco por las paredes, las seis chicas le prestaron atención.
-Os vamos a soltar ahora, no intentéis escapar, somos siete y vosotras seis. Os ganamos en condición física por más que de sobra, estáis avisadas. – Su tono era de amenaza, y la verdad es que era un hombre robusto, era el que más imponía de todos nosotros. Después de esto, cada uno se acercó hasta la chica de la que se encargaba, les quitaron las cuerdas y la cinta adhesiva. Alguna intentó levantarse y escapar, pero como seguramente no habían comido nada de las frutas que se les entregó, estaban muy débiles y no les sirvió de mucho.
9, mientras se vendaba los nudillos, dio unos pasos hacia atrás. Después llamó la atención de las secuestradas.
-Tú, Nikky. Ven aquí. – La chica que respondía a este nombre se quedó inmóvil, estaba atónita y no se atrevía a hacer ningún movimiento. 5, su encargado, la levantó a la fuerza y la empujó hacia 9. Nikky se colocó delante suyo y de espaldas a sus amigas.
-Colócate en posición. – Dicho esto, 9 siguió su propia orden y obtuvo una postura de defensa. La chica no entendía nada, y con gestos dudosos e intermitentes, le imitó. Aun no había conseguido la postura para protegerse cuando 9 le disparó una patada hacia el costado. Un aullido de dolor escapó de la garganta de Nikky mientras se inclinaba, sujetándose con fuerza el abdomen. Sus rodillas llegaron a tocar el suelo en poco tiempo.
Mi compañero le ordenó que se levantara, ella no paraba de llorar y gritar de dolor. Se lo volvió a repetir con un tono más alto, y cuando la chica hizo amagos de levantarse, 9 se agachó, rápidamente giró sobre sí mismo con una pierna extendida para que chocara con la de Nikky, haciendo que volviera al nivel del suelo, pero de una forma más brusca que la anterior.
Aun no me había acostumbrando a esta primera fase. 5 reaccionó al ver que su secuestrada no conseguía levantarse del suelo, rodeó a las demás y recogió a Nikky en brazos. Ambos desaparecieron de la sala.
-Ahora Rutz. – Cuando oí su nombre se me heló la sangre, acordamos este orden, pero aun así no pude evitar que un escalofrío recorriera mi médula espinal. Rutz comenzó a gritar y a retroceder. 3 y 4, que estaban detrás de las chicas, le interrumpieron la huida y la empujaron hacia delante de una patada. Fui a reaccionar al ver su trato, pero 2 me dijo con la mirada que me quedara en mi sitio.
           Rutz gateó hasta colocarse en frente de 9. Se irguió, cobrando compostura.
-Ya sabes lo que tienes que hacer. – 9 adoptó la postura de defensa. Rutz desvió el rostro hacia mí, luego hacia 9 y negó con la cabeza.
-Colócate en formación. – Repitió 9 de forma amenazante. Pero ella volvió a negar de forma nerviosa, se le veía que intentaba retener las lágrimas.
9 descansó su cuerpo y dio un paso hacia ella, yo me adelanté y me coloqué en la espalda de ella. Entonces 9 se detuvo, me miró y regresó a su posición anterior, pero Rutz no se giró, mantuvo los ojos cerrados y postura rígida. Yo le di un pequeño toque de atención en su pie derecho, indicándole dónde debía colocarlo, después le recogí los brazos, poniendo resistencia por su parte, pero no demasiada. Cuando al fin conseguí que se mantuviera quieta me aparté, y dejé que continuaran. Ella volvió de nuevo el rostro para alcanzar mi movimiento, justo en ese momento su contrincante atacó, acertando con el puño izquierdo en su vientre. Rutz chilló y se retorció de dolor, las lágrimas ya aparecían en sus ojos, apretados por la tensión. Tardó un tiempo en recolocarse, pero no demasiado.
-Defiéndete. – Mas, ella volvió a negar asustada. Esta vez 9 no se contuvo y volvió a golpearle en el mismo punto. Rutz cayó al suelo, tumbada.
-Venga, levántate. – Elevó su pierna derecha por atrás para incitarla a levantarse, al ver que no resultó efectivo, le dio velocidad pero se detuvo en el último momento. Dejando que Rutz soltara un grito arrollador por la impresión y la tensión de la falsa patada.
9 se apartó de ella, quien se mantuvo tumbada en el suelo.
-Ya te la puedes llevar, 6. – Me deslicé hasta su lado, y esta vez no pude evitar sujetarla con delicadeza. No intentó apartarme, calló y me agarró del cuello para que me fuera más fácil moverme con su peso.
Di media vuelta y nos separamos del grupo, traspasamos la sala y tomé la comunicación que nos llevaba hasta su habitación. Ella no se atrevía a soltar mi cuello, hacía presión y escondía los ojos llorosos debajo de mi barbilla.
Sabía que ahora me tenía miedo, le aterraba no saber quién era yo, estaba muy seguro, pero creo que la confianza le pudo en ese momento. Aun así no solté palabra hasta que llegamos al destino. Abrí la puerta con la llave aun manteniéndola en brazos y me acerqué hasta la cama. Me incliné un poco para llegar a posarla sobre esta, pero Rutz no me soltaba.
-Por favor… - Susurró débilmente. Quería, ¡quería de verdad! Pero no podía permitírselo, tenía que odiarme con toda su alma.
La separé de mí haciendo fuerza en sus muñecas hasta que por auto reflejo las apartara de mí. Volví a la entrada y sin girarme le avisé.
-En media hora volveré a por ti. – Agarré el pomo y cerré la puerta. Me detuve en el cristal y la observé, había girado y colocado de cara a la pared, encogida. Le temblaban las piernas y los hombros, se sujetaba el abdomen con fuerza. Estaba llorando.
-Sé que eres lista, acércate a la puerta e inténtalo. – Susurré esas palabras para mí, confiado de sus actos, la conocía demasiado bien.
 
 
Chapter 7


RUTZ

No podía parar de llorar, tanto por el dolor físico como psicológico. No entendía nada, ¿quiénes eran esos hombres?, ¿quién era Eric?, ¿qué querían de nosotras? No encontraba respuestas.
Seguí desechando lágrimas hasta que me quedé sin ellas, rodé sobre mí y me quedé mirando al pasillo a través del cristal fijamente. ¿Seguía allí Eric? Despacio, me separé de la cama y anduve como pude hasta la pared. Me apoyé en el cristal y eché un rápido vistazo al pasillo. Nada.
Ya estaba harta. No podía más. Observé cada rincón de la habitación, intentando hallar alguna cámara. Me extrañó que no me tuvieran vigilada, pero así era. Eché cuentas, supuse que aun no había pasado la media hora desde que Eric se había ido. Quería que estuviera cerca, necesitaba llamar su atención, necesitaba que me explicara lo que ocurría. Y por ese pequeño instante, no tuve miedo.
Decidida, me acerqué a la puerta y grité, grité muy fuerte, cuanto pude.
-¡Sacadme de aquí!, ¡no sois nadie!, ¡cabrones! – No paraba de repetirlo una vez tras otra.
-¡Sois unos cabrones! ¡¿Me habéis oído?! ¡Unos cabrones! – A la vez que gritaba le di una fuerte patada a la puerta. Noté el eco del metal rozando con la cerradura y un sutil sonido. Entonces callé, me acerqué a la puerta y giré el pomo. La puerta estaba abierta.
Mis ojos se abrieron muchísimo, no lo podía creer. Cómo era posible que estuviera abierta, ya que estaba segura de que no tenía tanta fuerza como para romper el cerrojo de una sola patada… Eric, … ¿Podía ser que él la hubiera dejado abierta adrede?... No, era imposible. Él ya no era el Eric que yo conocía, me había secuestrado junto a aquellos tipos y aquí me tení… Pero… ¿Yo era imbécil o qué? Tenía la puerta abierta, podía escapar y recurrir a alguien, no podía estarme haciendo preguntas en ese momento. Así que asomé la cabeza por la puerta, el pasillo estaba deshabitado. Giré a la izquierda y recorrí el mismo pasillo de antes hasta llegar a la primera sala. Tampoco había nadie, mas no me fiaba. Intenté no hacer ruido hasta que aguardé al lado de la puerta por la que había entrado a este sitio aquella misma noche. Intenté abrirla, pero al contrario que la de mi habitación, esta sí que estaba cerrada.
Tuve que buscar otro camino, recordé que la otra sala no tenía más comunicaciones, así que opté por volver sobre mis pasos y tomar la otra dirección del pasillo. Y así lo hice, lo recorrí lo más rápido y sigilosa que podía en mi estado. Y justo al cruzar una esquina, me detuve de un susto y me mantuve en silencio, deseando que mi corazón no se oyera tan fuerte como yo lo sentía. Uno de los secuestradores estaba en el pasillo, delante de una puerta. Y nada más verle, otro salió de esa habitación.
-¿No ha querido comer? – Preguntó el primer hombre.
-No, pero es normal. Piensan que están secuestradas. Venga, vámonos con los demás. – Y desaparecieron por la dirección que yo tenía pensado utilizar.
No entendí esa conversación, ¿"piensan que están secuestradas"? Eso no tenía sentido. Estábamos secuestradas. Bueno, es igual, seguí a aquellos tipos hasta que les vi traspasar unas escaleras hasta un nivel superior. No estaba muy segura, pero las subí  después de ellos, sin hacer ruido. Cuando llegué arriba vi que detrás de mí entraron en otra sala, y antes de que cerraran la puerta pude captar la silueta de más personas allí dentro. Allí se reunían entonces. Desconfiaba, pero me acerqué a gatas hasta la puerta, quería escuchar lo que decían, ver si podía averiguar algo. Uní la cabeza con la puerta y escuché con gran atención.
-… nos la estamos jugand… es demasiad… - Mierda, no se podía oír muy bien. Pero lo seguí intentando.
- Cierto, tien… es arriesgado. – Fui captando mejor las palabras conforme transcurría la conversación. Había por lo menos ocho personas ahí dentro.
-…ebemos tom… decisión. – Esa era la voz del chico que había luchado contra mí. Le tenía miedo, me estremecí nada más recordar su puño arañándome.
Y la voz de Eric me distrajo.
-Ya es tard… llevarla. Tiene que… bar la prueba. - ¿Prueba?
-Nos vas a… líos. Muchos líos.
-Cállate, 1. – Eric parecía enfadado.
-No, call… tú, 6. 1 tiene raz…
Lo siguiente que pude apreciar fueron gritos y riñas, no lo entendía muy bien. Hasta que la voz del chico que había dado el discurso antes en la supuesta "prueba" rompió la disputa.
-¡Está bien!... demos intentarlo. … le una oportunidad. Sino… aun borr… su memoria. – Se mantuvo un silencio incómodo, no entendía mucho, pero en pocos segundos oí palabras de acuerdo por parte de muchas voces.
-Ya… eis iros. – La voz del luchador apareció de nuevo. Y al oír esas palabras corrí en dirección a las escaleras, ascendiendo otro nivel. Recibí el sonido de la puerta abrirse y unos pasos, me mantuve quieta, sin moverme, sin hacer ruido, sin respirar, con los ojos cerrados. Hasta que oí de nuevo la voz del chico del discurso.
-¿Habéis oído eso? – Entonces los pasos por las escaleras se detuvieron.
-¿El qué?
-Un ruido, no sé. – Silencio.
-Seguid caminando, yo ahora os alcanzaré. – Eric… ¡mierda! Algunos pasos siguieron su camino, otros solitarios regresaron hasta el principio de la escalera.
¡¡Mierda!! Entonces salí corriendo como nunca. Terminé de subir las escaleras y giré a la derecha sin saber por dónde estaba yendo. Corrí por un montón de pasillos a ciegas, recordaba el camino que estaba tomando: derecha, izquierda, derecha, primera puerta de la derecha, siguiente puerta, izquierda. Giré la siguiente esquina y traspasé una puerta. La cerré sin hacer ruido, esperando que no me hubiera oído. No veía nada, la habitación estaba a oscuras, pero no podía encender la luz, así que me mantuve callada tocando la puerta.
No noté ningún movimiento ni un solo sonido. Le había dado esquinazo. Di unos cuantos pasos siguiendo la línea de la pared, hasta que algo me empujó y caí al suelo. Después noté un peso encima de mí y unas manos que presionaron mis labios, impidiéndome gritar.
-Buen intento. – Era Eric. No podía verle, pero era él. Continué dándole patadas y golpeando, intentando en vano que se apartara de mí. - ¿Vas a parar? – Pero no lo hice, al menos no durante un rato. Él no se movió de donde estaba, esperó a que yo me rindiera. Y, al final me detuve. Eric se levantó y me cogió de la sudadera, levantándome como si fuera una simple manta. No me soltó y encendió la luz.
Mis ojos tardaron en acostumbrarse a la luz, pero mientras me dirigía a la puerta por la que yo había entrado, comprobé que había otras dos puertas en la habitación, y si no había oído nada al entrar, Eric debió de esperarme allí. Por lo que sólo había un camino, ahora me faltaba averiguar a dónde llevaba. Tenía que conseguir volver a escaparme y tomar ese atajo. Si me daba otra oportunidad para ello claro.
No me resistí en el  camino de regreso, pero él no se atrevía a soltarme, me agarraba de la muñeca y hacía fuerza. Me dolía mucho, pero no me atrevía a quejarme. Llegamos al nivel de la escalera, y bajándola nos cruzamos con otro hombre. Era al que llamaban 9. Se detuvo cuando nos vio bajar, nos prohibió el paso y miró a Eric.
-¿Qué ha ocurrido?
-Se había escapado. – Admitió Eric. 9 me dedicó una mirada de sorpresa, luego se convirtió en ira. Se acercó a mí y me cogió por el cuello, haciéndome aun más daño que Eric, quien me soltó la muñeca y se apartó.
"No deberías de haberlo hecho." Esto es lo que me decían los ojos de 9.
 
 
Chapter 8


ERIC


9 no la soltaba. Ella se retorcía ante su agarre para intentar zafarse, pero él respondía haciendo más fuerza en su cuello. Rutz intentaba no llorar, aunque no lo conseguía del todo. Nos dirigimos hacia la sala de los combates. 9 tiró a Rutz al suelo de forma muy brusca, sin ella levantarse.
-Traed a vuestras chicas a la sala principal. – Les comunicó 9 a mis cinco compañeros y recibimos sus respuestas por los micros. En pocos minutos aparecieron todos acompañados de las adolescentes, esta vez no llevaban nada que les impidiera vocalizar, ni tampoco se encontraban atadas.
5 las mandó sentarse donde se encontraba Rutz, y cuando comprobaron que estaba llorando, corrieron para ver si le habíamos hecho algo malo. Pero la áspera voz de 9 cortó sus palabras.
-Bien, vais a recibir un pequeño castigo, chicas. Gracias a Rutz. – Esperó a ver si ellas le habían comprendido pero no fue así. - ¡Mónica! ¡Ven aquí!
Una chica de unos dieciocho años, pálida y con una melena corta y oscura se acercó a 9 con miedo. Ya sabía lo que le iba a ocurrir. Y recibió un puñetazo en la cara sin apenas darse cuenta. Su expresión era de dolor, pero volvió a levantarse, y otro puñetazo cruzó su rostro. Así hasta que acabó rendida en el suelo y 2 la hizo ponerse de pie para acompañarla a su habitación.
-¡Nikky! – Cuando la llamó 9, Nikky comenzó a llorar desconsoladamente, no podía parar. La chica estaba aterrorizada, pero 9 la obligó a apartarse de las demás. La cogió a la fuerza de la muñeca y comenzó la misma escena de antes.
Tanto 4, como los demás, miraban sin comprender a nuestro compañero. Estaba demasiado enfadado, y no sabían por qué, no debían de haberse enterado del intento de huir de Rutz.
Este castigo acabó pronto, y le siguieron otros tres, dejando a Rutz ver como sus amigas sufrían violentamente por su culpa. Seguía llorando, hasta que 9 le hizo señas de acercarse a él cuando se habían ido todos, dejándonos a ella, 9 y a mí solos en la sala.
Ella titubeó, pero adoptó rápidamente la posición de defensa y fue acercándose a mi compañero paso por paso. 9 no dudó y dirigió una patada a su cara; sorprendentemente ella la paró. Pero tras ese golpe sin apenas un respiro le siguió otro, y otro, y otro y así sucesivamente hasta que Rutz no pudo desprenderse de todos y le acabó alcanzando una lluvia de puñetazos y patadas.
Al final, ella estaba en el suelo intentando respirar. Había durado poco, pero había durado, que es lo que pretendía 9.
-Llévatela ya, 6. – Lo dijo con una sonrisa, me di cuenta de que empezaba a creer que podría conseguirlo.
Me acerqué a Rutz y esta vez no la recogí en brazos, sólo la ayudé a levantarse. No podía mantenerse en pie, se mareaba. Nos dirigimos con paso lento a su habitación, y por mitad camino aparecieron 7 y 8. Me saludaron y acompañaron hasta la habitación de Rutz.
Cuando llegamos me ayudaron a abrir la puerta para que no tuviera que soltarla y entré con ella en la estancia, esperándome 7 y 8 en el pasillo, observándonos desde el cristal. La acompañé hasta la cama y la dejé con delicadeza sobre ella. Di media vuelta y fui a la puerta, pero sus palabras me detuvieron a pocos metros.
-¿Por qué? – Su voz era débil, no me giré. No quería ver como apenas podía mantenerse en pie.
-Eric contéstame, ¿por qué me estás haciendo esto? – Seguí quieto en mi sitio sin responder, tan sólo giré para mirarla, era lo menos que se merecía por su esfuerzo.
-¡¿Qué cojones quieres  de mí?! ¡¿Por qué?! – Gritaba enfurecida y asustada, no pensé que tardaría tanto en hacerme estas preguntas.
-Yo te quiero, Eric. Entonces… - Sus ojos temblaban, también sus labios. Estaba a punto de desmayarse.
-Pero yo a ti no.
Después de mis palabras hubo silencio, ya había caído dormida. Me acerqué hasta su lado. Sí, se había desmayado. La recogí y recoloqué mejor en la cama. Su camiseta se levantó un poco, dejando al descubierto su vientre. La piel de la zona tenía magulladuras y pequeños moratones, también estaba enrojecida. Los oculté con la tela de la ropa, después la miré.
-Lo siento…
Me separé de su lado y salí de la habitación, dejando a Rutz sola en el silencio. 7 se acercó a mí.
-Tío, ¿estás bien? – Estaba muy preocupado, al igual que 8, quien me miraba detrás de 7.
-Sí, no te preocupes. – Mis palabras fueron secas y pronunciadas mientras cruzaba a su lado con la cabeza gacha.
Sí, le había dicho que estaba bien, pero una lágrima imperceptible estaba cruzando mi rostro en aquel momento. Una lágrima de culpa y empatía
 
 
Chapter 9


RUTZ


Me desperté de golpe, con una fuerte sensación de ahogo en mi garganta. Abrí los ojos a duras penas y vi como un hombre con una máscara blanca hacía presión, sumergiéndome entre el colchón de la cama. Su negro siniestro de la sudadera se entrelazaba con la piel de mi cuello conforme siguió apretando. No podía respirar.
Hice el amago de intentar apartarlo de mí, en vano. Comenzaba a marearme, ya casi no quedaba aire en mis pulmones. No podía moverme, las sábanas no me dejaban espacio, me colapsaban dentro de ellas; detalle que aquel extraño aprovechaba para acabar su trabajo.
Volví a intentarlo, conseguí liberar un poco el espacio que nos separaba, pero sus manos no conseguí separarlas de mi cuello. De repente algo cambio en él, la máscara comenzó a desaparecer inexplicablemente, pude captar rostro tras ella. Apareció una boca, también una nariz. Y una descarga de dolor me obligó a cerrar los ojos y a intentar controlar esa sensación extranjera. Ahora sí que estaba desesperada, ya no podía respirar, me moví histérica intentando conseguir el aire necesario para no morir, necesitaba una bocanada de oxígeno. Ya no aguantaba más, ya no aguantaba más y… por supervivencia abrí la boca cuanto pude, llenando mis vacíos pulmones cuanto pude. Respiré de forma escandalosa mientras comprobaba con exclamación como mi asesino se había apartado de mí. Me arrodillé en la cama intentando así coger mejor el aire, pero no le quitaba el ojo de encima, y él a mí tampoco. Volvía a llevar puesta la máscara, intacta. Se fue separando de mí paso a paso, andando hacia atrás. Hasta que a mitad de sala, flexionó las rodillas y descansó su cuerpo en una silla. Se acomodó y siguió fijando su atención en mí.
No entendí nada, pero por alguna extraña razón no le presté mucha atención, me encogí y escondí la cabeza entra los brazos, boca abajo, concentrándome sólo en mi respiración entrecortada.

Entonces volví a abrir los ojos, pestañeé hasta que la niebla desapareció, dejando paso a la luz artificial del techo. Estaba tumbada en la cama, de cara a la pared. Giré para colocarme boca arriba, extrañada. Había tenido una pesadilla.
-¿Ya despertaste?
Giré la cabeza, y me sorprendió encontrarme a Eric sentando en una silla, justo en mitad de la habitación, justo donde se había colocado el asesino de mi sueño.
          Me levanté dolorida, tenía todo el cuerpo entumecido, pero no me importó. El odio me corroía por dentro como nunca. Corrí con demasiada velocidad los apenas tres metros que nos separaban y me abalancé sobre él. Me rodeó la cintura a la vez que mis manos alcanzaron su cuello, la silla volcó y acabamos en el suelo. Yo encima suyo, con lágrimas de odio entornando mi vista, y él evaluando mi expresión sin ninguna emoción en su mirada, eran unos ojos vacíos. No me apartó, me dejó seguir apretando su cuello.
-¿Por qué no haces presión? – Su pregunta me cogió desprevenida, y sin querer, mis dedos siguieron su orden, haciendo toda la fuerza que podían sobre su carne. Eric no respiraba, se mantuvo rígido un minuto, o puede que más, dejando que mis lágrimas resbalaran por sus mejillas.
-Ya está bien. – Anunció con falta de voz. Separó los brazos de mi cadera y me agarró a la altura de los codos. Hizo un corto movimiento, obligándome por el dolor a soltarle enseguida, pero no me apartó de su pecho, me dejó ahí.
-Te odio…
-Lo sé. – Dijo con frialdad. – Y espero que siga siendo así.
No abrí la boca ante aquella respuesta, no la esperaba. Me temblaba el cuerpo de nuevo, de una forma incontrolable. Eric se incorporó, me levantó igual que a una pluma y me volvió a dejar en el suelo. Él abrió la puerta y desapareció, tomando el pasillo de mi huida.
Me quedé ahí, quieta como un árbol, viendo como le perdía de vista. Tenía miedo, no le encontraba sentido a esta situación. Eric me había engañado, había estado conmigo todo este tiempo para vigilarme, seguramente había hecho lo mismo que los demás secuestradores con las chicas: salir con ellas, ganarse su confianza para luego secuestrarlas y romperles el alma. ¿Para qué? No lo sé, puede que sea puro entretenimiento, al fin y al cabo, estábamos separadas del resto del mundo y nos hacían pelear para que ellos pudieran golpearnos. Pero, seguía sin tener sentido, era ridículo.
Tenía que volver a intentarlo, salir de allí, sabía dónde estaba la salida, tan sólo ser más rápida era lo que me hacía falta. Me sería difícil en mi estado, pero había que intentarlo.
Me acerqué a la puerta y apoyé la mano en su superficie. Acerqué la otra al manillar y tiré. Abierta… me reí… ¿era una broma de mal gusto o qué?
Daba igual, si había trampa me cogerían, sino, tal vez no. Me deslicé por el pasillo, escuchando por si alguien se encontraba por la zona, no corría, iba caminando. Llegué hasta las escaleras y las subí ayudándome por los brazos. No llegué hasta arriba, me paré a mitad altura para oír alguna señal de actividad. Pero no era así… ¿dónde estaban? Acabé llegando a la planta superior, fui a subir el resto de escaleras, pero una puerta me llamó la atención, deteniendo mi huida. Era la sala donde se habían reunido la vez anterior. Dudé… No pude evitarlo, me acerqué hasta ella y me mantuve en silencio. No había nadie dentro, abrí la puerta, tampoco estaba cerrada… era una trampa seguro, no podían haberme dejado dos puertas abiertas porque sí. Yo lo sabía, pero aun así entré y cerré sin hacer ruido, con el pestillo puesto.
La habitación era pequeña, ocupada por una mesa con tres ordenadores y un montón de informes sobre los teclados. Miré las tres pantallas, y me sorprendí al averiguar que se trataba de cámaras del exterior. En ellas se distinguía una calle con coches y un edificio alto, era de noche. Miré la hora, 02:53 ; 14-10-2082.
No podía creerlo… era domingo… Habían transcurrido apenas unas horas desde el secuestro en la calle… Increíble. Volví a fijarme en el paisaje dejando de lado la fecha, las cámaras conducían al mismo lugar desde diferentes ángulos, vigilando así la calle en su totalidad. No circulaba nadie por ella, aunque era normal a aquellas horas. No conseguí reconocer donde me encontraba, pero aun así, qué más daba. Sabía que estaba en la misma ciudad donde yo vivía, con eso me bastaba.
No podía entretenerme, bajé la mirada a los folios que allí había. Encontré los nombres de las seis chicas que estábamos secuestradas, con informes de cada acto nuestro. En el mío aparecían mi intento de huida, además de los segundos aguantados en las peleas y si había digerido alimentos o no. ¿Qué? Pero… ¿esto qué era? ¿Acaso un experimento? Seguí removiendo el poco orden que había hasta que una tapa de cuaderno apareció ante mí, mi cuaderno… Era mi diario, lo cogí rápidamente comprobando su estado. Habían escrito en estas páginas, las pasé hasta las últimas y me encontré palabras subrayadas en la parte de política. Con la palabra OCuST redondeada con bolígrafo rojo numerosas veces… ¿OCuST? …¿OC… ¡¡OCuST!!
¿Ellos eran OCuST acaso? … No podía ser, si lo eran no podía huir. Ellos eran los buenos… Estaba afirmando opciones que no sabía si tenían verdad o no, me estaba precipitando. Hasta ahora sólo había visto mi diario subrayado, nada más…
Un ruido en la puerta me devolvió al interior de la sala, alguien había intentado abrirla.  El movimiento se repitió un par de veces más.
-¿Quién eres? ¡Abre! – Era la voz de Eric… - ¡¡Rutz!!
El miedo me corrompió en ese instante… tenía que salir de allí…
 
 
Chapter 10


RUTZ


Sí, tenía que salir de allí. Recogí una de las sillas que había esparcidas por el reducido espacio y la empotré contra la puerta. Eric seguía intentando abrir la puerta a la fuerza, yo me di la vuelta, pensando con rapidez. No sabía lo que estaba haciendo, pero cogí otra silla con ambas manos y me coloqué detrás de la puerta. No hice ruido, esperé.
A la puerta no le quedaba mucho aguante, hasta que al final rompió. El cuerpo de Eric entró y en ese momento le golpeé con la silla en la espalda, haciendo así que cayera al suelo. Solté mi arma improvisada y corrí cuanto pude, escaleras arriba. Aparecí en los pasillos superiores y repetí el mismo recorrido que horas atrás había tomado; derecha, izquierda, derecha, primera puerta de la derecha, siguiente puerta, … derecha… esta vez tomé la derecha, esperando que ese fuera el atajo de Eric.
No sabía si me seguía, seguro que sí, pero no paré a comprobarlo. Traspasé una   puerta y salté de alegría al reconocer la habitación que servía de almacén donde me atrapó antes, había entrado por la puerta que él utilizó. Volví a retomar la carrera con unos brincos, abriendo la tercera puerta de la sala, atravesando de nuevo un pasillo recto. Corrí, corrí y corrí hasta que se acabó el espacio para la velocidad y tuve que derrapar tomando un giro hacia la izquierda. Una puerta apreció ante mí, la abrí y caí al suelo por culpa de un escalón, que me hizo estremecer por el frío asfalto… ¡¡La calle!! Oí un ruido detrás de mí, tuve que dejar mi admiración para otro momento si quería desaparecer de su vista. Me levanté del terreno mojado a causa de la lluvia y seguí mi carrera pasando del callejón a la calle principal. Me dirigí hacia la derecha, por tomar alguna dirección, pude descubrir la entrada en la que la furgoneta había aparcado esa tarde, obligando a mi cabeza a rememorar lo sucedido. El choque de una puerta pesada en el callejón me sorprendió, ya estaba afuera. Tomé la esquina de la derecha, rodeando el edificio de mis secuestradores, yendo a ciegas por un laberinto de calles desconocidas. De repente paré, si seguía tomando decisiones al azar no llegaría a ningún sitio, sabiendo que Eric se conocía la zona al contrario de mí. Observé lo que me rodeaba, asustada y con la adrenalina rebosando en mi cuerpo.
Era una zona industrial, no sabía cómo esconderme. Vi la pared de un edificio, me di cuenta de que su superficie no era lisa, tenía grietas por las que podía trepar hasta cierta altura. Decidido, comencé a escalar aquella idea vertical, esperando y deseando que él lo pasara por alto. Volví a oír pisadas, debía de haberse equivocado de camino, pero se estaba acercando. A duras penas conseguí alcanzar una ventana que estaba a bastante altura, unos cuatro metros y medio. No sé cómo lo conseguí sin caerme, ya que había llovido y resbalaba… verdaderamente viene bien la adrenalina para la supervivencia.
Entonces vi aparecer  a Eric corriendo, pasó por debajo de mí sin ni siquiera mirar por encima de su cabeza, desconociendo mi paradero. Dobló la esquina sin detenerse, consiguiendo así apartarlo de mí. Me quedé en silencio hasta que dejé de oírle desplazarse. Ahora podía bajar, más bien… intentarlo.
Giré y deslicé una pierna hasta encontrar una de las grietas, me temblaban las extremidades. Apoyé el peso en el pie derecho, rezando por no resbalar ahora. De pronto descubrí que no sabía bajar… y si saltaba iba a lesionarme una pierna, entonces no podría correr. Seguí intentándolo, pero iba demasiado lenta. Su voz detuvo el silencio del momento.
-Deja que te ayude. – Ya está… me había atrapado. Ya, ¿para qué rebelarme? Mejor estarse callada.
Escaló un tramo de pared y me recogió por la cintura para dejarme apoyar todo el peso en su pierna. Al fin alcancé tierra firme. Él terminó su acción y me miró.
-La verdad, hiciste muy bien en aprenderte el atajo, te felicito. – Falsas palabras para subirme la moral. – Y por tener la sangre fría de darme el golpe también, aunque dolió bastante… - Silencio incómodo, aun no me había agarrado para evitarse otro susto. – Rutz, sé que sabes a dónde pertenezco. – Lo sabía, pero no nombré aquella palabra, ahora no estaba segura de nada. – Dilo.
-Pero me equivoqué.
-No te equivocaste, Rutz. OCuST no es un grupo terrorista, ni somos psicópatas. – Parecía convencido de sus palabras.
-¡Nos habéis secuestrado! – Comencé a llorar, estaba nerviosa.
-Para protegeros. Fue decisión mía el hacerte pasar por todo esto. Pero era lo que querías, conocer a OCuST, ahora ya nos conoces.
-¡No tenías derecho! – Fui alejándome de él.
-No, no lo tenía. Pero era necesario.
-¿Necesario? ¡¿Necesario para qué?! – Gritaba, no podía contenerme.
-Para evitar que sufrieras. No quería hacerlo, pero no había otra manera. – No hablé. – Hacía falta que aprendieras. Ahora sé que tendrás recursos si llegara a pasar algo.
Dudé.
-Si llegara a pasar algo… ¿Qué puede pasar?... – Ahora quien calló fue él, pero respondió a mi pregunta.
-Mira, aunque no te lo creas no has sido de las primeras a las que hemos hecho estas pruebas. Llevamos así meses, entrenando a gente común para saber defenderse ante la ley. Si te hubiera dicho que era una prueba y que no estaba tu vida en juego no habrías hecho todo lo que has hecho, no te habrías atrevido a pegarme porque pensarías que era un juego. – Hizo una pausa. – Quiero saber que estás segura cuando hagamos el golpe de estado.
-¡¿Qué?!
-Vamos a hacernos oír en el centro de la política, somos más miembros que los nueve que has visto. Llegamos a medio centenar por lo menos. No sé cómo nos va a salir este movimiento, pero por si acaso descubren nuestra identidad, he tomado medidas. Te he entrenado por si hace falta que huyas.
Callé… esto era demasiada información de golpe. Él se acercó e intentó darme un beso en la mejilla, yo me aparté. No podía ser verdad todo esto. Al ver mi reacción él habló.
-Has superado la prueba, has conseguido escapar de mí. Ahora ya puedes irte, estamos a las afueras de la ciudad, toma tu móvil. – Y se sacó del bolsillo aquel aparato tan conocido para mí. Yo lo cogí, después le miré. Eric me devolvió el acto y me mantuvo la mirada. – Aléjate de mí, no quiero que me sigas.
Dio media vuelta y comenzó a caminar de vuelta al edificio.
-Te odio… - Susurré mirando al suelo.
-Y por tu bien, que ese sentimiento no cambie nunca. – No se giró, yo levanté la vista, sin saber cómo me había oído.

En ese momento todo cambió, algo en mí cambió. Ocurrió en  un segundo. Tiré el móvil al suelo y su interior se convirtió en su exterior, al igual que yo.
 
 
Chapter 11


ERIC


Una sonrisa se me dibujó en aquel instante… debí de haberme imaginado que acabaría siguiéndome.
          Parece mentira que haya pasado un año desde aquella noche, cuando tuve que entrenar a una niña asustada de la realidad para protegerla.
Ahora en cambio, todo es distinto. La tengo ante mí y su cabello escarlata se ha transformado, un color azabache lo sustituye, también su longitud es distinta. Su expresión se ha vuelto más dura y sus ojos se han tornado metálicos en vez de delicados, incluso se diría que su constitución ha pasado de ser la de una adolescente a la de una mujer adulta. Ha aprendido a utilizar armas también, en este mismo momento se encarga de comprobar la seguridad de su pistola.
La llamamos 10, incluso ella ha olvidado su antiguo nombre.
Me está mirando con frialdad, yo me río. Todavía no me ha perdonado, o al menos eso intenta demostrarme, pero no la culpo.
9 truca a la puerta, es la hora. Ella reacciona, se acerca hasta mí.
-¿Estás preparada? – Le pregunto. Ella me sonríe.
-¿Y tú?
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